Análisis

Análisis | Vampire: The Masquerade - Coteries of New York

Mientras esperamos Bloodlines 2 la franquicia Vampire: The Masquerade nos tienta con esta Novela Visual y, la verdad, quizá lo mejor sea seguir esperando

Dicen las malas lenguas que las Novelas Visuales son el género más “barato” a desarrollar: algunos gráficos de fondo, algunos pocos personajes, una historia escrita a los apurones y listo; plata fácil. Esto es mentira: una buena Novela Visual consigue atrapar al jugador con una narrativa poderosa que lo adentra a su propio universo, colmado de protagonistas interesantes y situaciones en las que nuestra decisión puede cambiar el curso de los eventos para alcanzar otra solución. Lamentablemente, Vampire: The Masquerade – Coteries of New York parece ser un ejemplo del primer caso, y se siente como una mancha negra en un género que ya había ofrecido grandes producciones en su historial.

La narrativa del juego nos centra en uno de tres posibles protagonistas que, durante sus respectivas escenas introductorias, terminan convertidos en vampiros a la fuerza. Inmediatamente seremos juzgados por la Camarilla—una de las principales Órdenes de vampiros de Nueva York—y rescatados de un final definitivo por Sophie, una vampira que nos acepta bajo su protección. Es un adiós a nuestra antigua vida, pero también una puerta que se abre a un universo nocturno colmado de posibilidades. Será un viaje de descubrimiento por las oscuras calles de la ciudad, aprendiendo más de nuestras nuevas habilidades vampíricas e interactuando con coloridos personajes.

Parte del objetivo de nuestro protagonista está en ganarse el respeto de un puñado de vampiros a fin de formar su propio círculo de confianza. Nos embarcaremos en esta misión tan pronto como la narrativa abandona su calidad lineal para darnos la oportunidad de elegir qué historia seguiremos a continuación; si acaso una de las relacionadas al reclutamiento de nuestros nuevos amigos no-muertos o tal vez otras historias paralelas. En teoría cada noche podremos encarar dos de estos segmentos narrativos, aunque en momentos específicos el juego nos llevará a eventos obligatorios que buscan desarrollar una trama de fondo que, durante la mayor parte del juego, permanece en las sombras.

Los nuevos vampiros tiene viejas preguntas

La narración nos permitirá tomar decisiones en varios puntos de la misma. No serán sólo opciones de diálogo sino decisiones respecto a utilizar nuestros nuevos poderes de vampiro o aprovechar alguna oportunidad para beber sangre. Dependiendo del personaje que elijamos al inicio del juego contaremos con poderes ligeramente diferentes. Usar nuestras habilidades sobrenaturales incrementa nuestra Sed, que debemos saciar bebiendo sangre a fin de no despertar a nuestros peores instintos de vampiro, intentando mantener nuestros rasgos humanos. La dualidad entre abusar de nuestros poderes y decidir entre tomar o no cada oportunidad de reponer nuestra energía pueden resultar en decisiones difíciles, complejas y hasta morales.

Todo lo anterior haría de Vampire: The Masquerade – Coteries of New York un juego fascinante… pero la realidad es que casi ninguna de nuestras decisiones tendrá el más mínimo peso en la narrativa final. No es evidente en un principio, pero una segunda sesión de juego revelará que, a pesar de las diferentes introducciones de nuestros tres protagonistas, todos ellos convergen rápidamente en la misma línea. Todos terminan juzgados por la Camarilla. Todos son rescatados por Sophia. Todos tienen los mismos exactos eventos a lo largo del juego—quizá con algunas alteraciones menores en elementos específicos, pero todos terminan en el mismo punto. Más aún, no importa si reclutamos o no a los miembros de nuestro grupo, el juego siempre encuentra el modo de sacarnos de cualquier apuro y encaminarnos al mismo exacto desenlace, lo queramos o no.

Es entonces que uno empieza a hilar fino y va descubriendo una considerable cantidad de cuestionables decisiones de diseño. No hay nada de malo en su estética en general: esos fondos animados son una verdadera belleza y los retratos de los personajes tienen su estilo; pero los gráficos no se arriesgan a ir más allá de eso. Hay muy poca variación de poses y los fondos se repiten en varias escenas que no tienen una verdadera conexión. Repetitiva también es la música de fondo, que en un principio consigue crear un ambiente de tensión e incertidumbre, para luego volcarse a un tedio e irritación palpable.

Sophie nos salva de una muerte definitiva

El juego comete muchos pecados del género de la Novela Visual. Es imposible guardar la partida en más que la casilla predefinida que elegimos al iniciar un nuevo juego, y si morimos (hay una posibilidad a poco de empezar la historia) el juego inmediatamente borra el archivo, de modo que hay que comenzar desde el principio. Esto, que ya es una molestia considerable, se vuelve una pequeña tortura al descubrir que no existe un botón para saltar diálogos. Dicho sea de paso, si llegamos al final del juego nuestra partida también será inmediatamente borrada.

Debido a que el juego transcurre en el universo de Vampire: The Masquerade, hay muchos términos y expresiones específicas a la franquicia. Afortunadamente el juego cuenta con un Diccionario que va añadiendo los nuevos términos para darle al jugador una descripción de los mismos. Si bien esta es una buena adición, el hecho de que el Diccionario no esté ordenado alfabéticamente me resulta imperdonable.

Otros problemas de diseño aparecen en algunas misiones, que pueden no llegar a registrar decisiones tomadas. Por ejemplo, en una misión se me pidió entablar diálogo con un personaje a fin de obtener un nombre. Conseguí que me dijera el nombre, pero al momento de darle la información al que me pidió el encargo, la opción del nombre no estaba, aludiendo a que no lo había obtenido. Tuve un par de situaciones similares a lo largo de mi partida.

¿A quién reclutaremos primero?

La calidad de la narración es inconsistente. Durante algunas secuencias—especialmente en los primeros momentos del juego—hay un énfasis en detallar descripciones y elaborar escenas, pero en otros momentos—y especialmente hacia el final—las descripciones pierden fuerza y la narrativa se siente acelerada, escueta, como que quiere avanzar atropelladamente hacia el final para terminar con todo.

No hay una verdadera historia central sino sub-tramas que podemos seguir o dejar por la mitad. Definitivamente uno de los puntos fuertes del juego son las historias de los potenciales miembros de nuestra troupe, al punto que nuestro personaje se vuelve un espectador circunstancial de eventos muchísimo más interesantes. Es insultante, entonces, que finalizar exitosamente estas sub-tramas tenga absolutamente cero peso en la “trama central”. Nuestros nuevos amigos sólo aparecerán para ayudarnos en una única escena hacia el final y luego desaparecen para siempre; e incluso si no conseguimos obtener sus favores, otro personaje acudirá a nuestro rescate cuando las papas quemen, efectivamente nulificando cualquier necesidad de forjar esos vínculos de confianza en primer lugar.

De hecho, el final de la historia es insultante: abrupto, ineludible, con un giro argumental del que no tenemos control alguno y del cual no se nos permite siquiera emitir opinión. Es tan directo como ir a la escena final, ver el twist y descubrir que el juego termina en una especie de cliffhanger que este título no se ganó, dejando en el aire incógnitas sobre varios personajes secundarios que jamás serán respondidas.

D'Angelo es un detective privado y además vampiro; y es genial

Coteries of New York tenía el potencial de ofrecer una narrativa atrapante en un universo tan rico e interesante como el de Vampire: The Masquerade, pero al final se siente como una historia confusa que no consigue destacar a nuestro supuesto protagonista entre las narrativas que suceden a su alrededor. Sus decisiones de diseño lo vuelven un título difícil de disfrutar a plenitud. Lo único que realmente consigue es que queramos esperar Bloodlines 2 con mucho más entusiasmo

VAMPIRE - COTERIES OF NEW YORK

11/12/2019 (PC)
5.0

Tuve cuatro partidas con Vampire: The Masquerade – Coteries of New York para un total de nueve horas de juego. La primera debí reiniciarla desde el principio luego de morir y que el juego me borrase la partida grabada, pero en mi segundo intento llegué al final. En las últimas dos probé los otros protagonistas hasta descubrir que cada uno, luego de sus respectivas introducciones, entraba en la misma exacta línea argumental ya visitada. Lo que empezó como una interesante exploración del universo de Vampire: The Masquerade muy rápidamente pasó a ser una prueba de resistencia ante todas las idiosincrasias del título, tanto en su estructura narrativa como en las múltiples decisiones de diseño caprichosas. No puedo recomendar este juego.

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