2 | The Legend of Zelda: Breath of the Wild | Los 100 mejores juegos de la década 2010
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2 | The Legend of Zelda: Breath of the Wild | Los 100 mejores juegos de la década 2010

Nuestro segundo mejor juego de la década marcó el final de una consola y el comienzo de otra, y en ambos se lució ofreciendo lo mejor de la primera y las esperanzas de la siguiente. Por ese camino de paz y nostalgia se mueve The Legend of Zelda: Breath of the Wild

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Por: Maximiliano Baldo

Más allá de la calidad final de los últimos juegos en la franquicia de Zelda, es imposible ignorar el hecho de que estas aventuras se volvían cada más más lineales, siendo A Link Between Worlds el último título que nos dio relativa libertad de exploración. Y aun así la fórmula de la franquicia se mantenía inmutable. Hacía falta patear el tablero y llevar el concepto del juego, no a un futuro desconocido, sino a un pasado remoto. A las libertades que el primerísimo juego de la serie nos había dado en un distante 1986. Libertades que se transformarían en The Legend of Zelda: Breath of the Wild.

Hay mucho que destacar respecto a esta nueva entrega de la saga. Breath of the Wild llega para alterar algunos paradigmas en el formato de las aventuras de Link, manteniendo ciertas bases sólidas para luego reconstruir conceptos sobre las mismas. Sí, es otra historia de rescate de princesas, pero ahora con otro tono y dimensiones mucho mayores.

Link despierta en una cámara de sanación tras un siglo de sueño, emergiendo a un Hyrule afectado por el paso del tiempo y la corrupción de "la Calamidad Ganon", que ha ocupado el castillo de Hyrule, donde Zelda ha permanecido todo este tiempo luchando para mantener a raya al temible poder del mal. Nuestro objetivo es establecido casi desde el primer momento: viajar al castillo y derrotar a Ganon de una vez y para siempre. Lograr este objetivo, sin embargo, es un tema aparte.

La primera etapa de la aventura toma lugar en una meseta que oficia de zona tutorial, donde obtendremos un puñado de poderes que nos servirán para todo el viaje. Tras conseguir un práctico planeador estamos preparados para abandonar la meseta y encarar la aventura. Claro que Link no está en condiciones de dar batalla así que, si bien el objetivo central está siempre a la vista, amenazante, ominoso, será necesario desviarnos del camino para explorar Hyrule, volvernos más fuertes y obtener las herramientas y habilidades para encarar la batalla final.

Aquí es donde Breath of the Wild difiere de anteriores entregas de la saga. Tenemos entre manos un verdadero mundo abierto de dimensiones considerables, colmado de secretos, peligros y pequeñas y grandes historias. Nunca habíamos visto un Hyrule como este, sin restricciones evidentes o rutas estrictas. La habilidad de Link de trepar por casi cualquier superficie hace de la navegación un deleite, al punto que—me atrevo a decirlo—esa versatilidad de movimiento me arruinó varios juegos que probé después por el sólo hecho de no tener esas opciones.

Y opciones es lo que nos da el juego. Las pocas herramientas a nuestro control son más que suficientes para navegar este mundo y encarar la mayoría de sus desafíos, siendo la habilidad del jugador el elemento final que todo lo une. En base a nuestra habilidad utilizaremos los poderes que se nos otorgan de la manera que más cómoda o eficiente nos resulte. Nintendo sabe llevarnos de la mano, pero también sabe cuándo soltarnos para que vivamos nuestra propia aventura a nuestro propio paso y bajo nuestras propias reglas.

No es que no haya otras historias de por medio. Parte de la misión para derrotar a Ganon (pero ciertamente no una obligación) es encontrar y derrotar a las Cuatro Bestias Divinas; unas moles mecanizadas gigantescas, cada una poseída por parte del mal que reside en Ganon. Llegar a las mismas ya es una odisea titánica, pero una vez dentro de sus entrañas nos enfrentaremos al equivalente a mazmorras de este juego. Cada Bestia Divina conquistada ayudará a hacer la batalla final más sencilla.

Pero la verdadera magia del juego está en su inmersión. Hyrule es un lugar inmenso que se refleja en el caprichoso uso de su banda sonora, limitada mayormente a algunas notas de piano dispersas aquí y allá. El juego sabe que la música no debe superponerse a la hermosa calma del mundo salvaje, sino resaltar esos silencios mágicos. Esto también ayuda a que, cuando la banda sonora sí deba tomar el control (especialmente durante algunos combates), se sienta más como un complemento a la acción. Y lo logra. Lo logra, como todos los elementos del juego logran su cometido.

The Legend of Zelda: Breath of the Wild es un claro hito, tanto en la saga de la que forma parte como de la historia de los videojuegos en general. Es una experiencia totalmente nueva para una franquicia que repetía fórmulas con demasiada frecuenta. Es, literalmente, una bocanada de aire fresco… y no tenemos idea cómo su eventual secuela podrá superar una vara ubicada tan pero tan alto. Supongo que habrá que confiar en Nintendo.

Estudio: Nintendo
Lanzamiento: 3 de marzo de 2017
Plataformas: Wii U, Switch

A lo largo de los últimos meses de 2019 vamos a elegir los 100 mejores juegos de la década de 2010. Todos los días vamos a postear dos de los elegidos, desde el 28 de octubre hasta el 16 de diciembre, día en el que vamos a presentar los 5 mejores de los últimos 10 años. Podés seguir la lista todos los días entrando a este hashtag.

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