Análisis

ANÁLISIS | The Flower Collectors: entre vecinos y represión

Un policía retirado, un asesinato y una periodista investigando en la España post Franco son los ingredientes de la nueva aventura narrativa de Mi'pu'mi Games

Luego del genial The Lion’s Song, Mi’pu’mi Games vuelve al ruedo con otra propuesta que pondera la experiencia narrativa por sobre el apartado jugable. Lo hace sin descuidar ninguno de los otros aspectos que forman el juego, pero priorizando las vinculaciones entre los personajes, el misterio principal y el contexto sociocultural de la España post Franco. The Flower Collectors nos pone en los zapatos de Jorge, un policía retirado a la fuerza tras sufrir un accidente que lo dejó sin movilidad en sus piernas, que escucha un disparo frente a su departamento e inmediatamente recibe la visita de una joven periodista a quien decide ocultar de sus perseguidores.

The Flower Collectors - Official Launch Trailer

Desde el primer momento The Flower Collectors busca ponernos en la piel de Jorge, en lo gris de su rutina y en la depresión en la que vive sumido. La silla de ruedas se mueve lenta y parsimoniosamente, le traen el diario, rememora tiempos mejores y viejos amores. Desde su balcón espía a cada uno de sus vecinos con sus binoculares, siempre tiene un comentario entre dientes, prejuzgando con toda la fuerza que su mentalidad policial y condición actual le permiten. Pero esa rutina se ve interrumpida una noche lluviosa cuando una gotera lo despierta y lo obliga a salir al balcón en busca de un balde, entonces el estruendo de un disparo y el cuerpo sin vida de un hombre le cambian la vida.

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Todo esto suena a un policial noire común y corriente, y de hecho lo sería si no fuera por el contexto sociocultural en el que se desarrolla. A dos años de la muerte del genocida y dictador Francisco Franco, España se encuentra encaminada hacia la democracia con las primeras elecciones a unos días de distancia, pero como todos sabemos aún cortada la cabeza de la serpiente la organización fascista no deja simplemente de funcionar. Los comentarios de Jorge provienen de la mente de alguien que no fue ajeno a la represión, la Policía era uno de los brazos armados de Franco, y para balancear la narrativa existe Melinda, una joven y ambiciosa periodista ansiosa por ayudar a su país a volver al camino correcto.

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Melinda es lo opuesto a Jorge y se lo hace saber a cada momento en un sinfín de diálogos exquisitos aunque simples. El protagonista solía dibujar retratos policiales y aprovecha sus habilidades para pasar el tiempo, también tiene una idea armada de cada uno de sus vecinos, que le dan el pie para demostrar cuán básica es su visión del mundo. Sin embargo la joven periodista lo obliga a pensar, a considerar a cada persona antes de juzgar, llevando así un poco de luz a las tinieblas en las que el ex-policía está sumido. En medio de este remolino de emociones, y a lo largo de 10 capítulos, deberemos intentar resolver el caso desde el balcón y con la ayuda de una cámara de fotos con zoom.

A la hora de jugar no tendremos demasiado que aprender, dadas las limitaciones motrices de Jorge y la falta de ascensor en su edificio no podremos salir de su apartamento, pero su experiencia policial nos vendrá de maravillas a la hora de observar los movimientos de los vecinos. Deberemos mirar el comportamiento de todos, del cura que juega ajedrez con el hombre que vive en el banco de la plaza, de la brillante cantante del cabaret y del camarero del café que no se cansa de hablar con ella mientras le sirve el desayuno. Gracias a la cámara de fotos podremos acercarnos a la vida de todos, tomar fotografías cuando sea oportuno y, a través de un viejo par de Walkie-Talkies, comunicarnos con Melinda que estará en la calle haciendo el trabajo pesado. La jugabilidad es simple y nunca se opone al desarrollo de la aventura, es simplemente un medio para contar una historia sensible y apasionante.

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En cuanto al apartado técnico Mi’pu’mi Games también mantuvo las cosas simples, aunque la belleza de los personajes antropomórficos, los efectos de iluminación y los colores pastel sobresalen a pesar de todo. Es cierto que los modelos son por demás básicos, al igual que las texturas, pero a fin de cuentas cumplen su función sin romper la experiencia y tienen su encanto. La música tampoco destaca demasiado, pero acompaña bien cada situación, en especial los vuelcos argumentales y no se le puede pedir mucho más, porque hace bien su trabajo.

El final de la aventura llega pronto, si prestamos atención a los detalles no debería tomarnos más de cuatro horas, pero seguramente queramos volver a jugar ciertas partes para corregir (¿o experimentar?) algunas decisiones que afectan a la narrativa. Éstas impactan especialmente en las opciones de diálogos y otorgan algunos logros de Steam como para justificar a aquellos menos interesados en la historia. Sin embargo la experiencia vale la pena, en especial para aquellos que nacimos en un país que tuvo que vivir bajo la bota de gobiernos militares y generales genocidas. The Flower Collectors demuestra en una simple historia cómo y hasta qué punto puede una sociedad normalizar la violación de los derechos humanos, la homofobia, la transfobia y la demonización de los artistas al punto del secuestro, tortura y asesinato organizado. No es un tema común en nuestra industria, mucho menos tan bien tratado, por eso sólo ya vale la pena tomarse unas horas y experimentar la propuesta del estudio austríaco.

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THE FLOWER COLLECTORS

21/04/2020 (PC)
8.0

Pasé una tarde completa con The Flower Collectors, primero asimilando la historia con las decisiones que me nacieron del contexto en el que nos pone el juego y luego viendo las diferencias con el resto de las opciones. Me atrapó completamente, a pesar de su lento inicio, y me dejó reflexionando sobre por qué es un tema tan raro de encontrar en nuestra industria, a pesar de más de 30 años de democracia.

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