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ANÁLISIS | The Falconeer: tan hermoso como vacío

Wired Productions nos invita a volar con The Falconeer, disfrutando del mundo cómo poniéndonos a prueba con los combates.

Ursee, un mundo predominantemente acuático, con pocas islas o asentamientos, sufre un gran conflicto político donde varias facciones tomarán parte y cada una de ellas velará por su propio beneficio. Es dentro de este mundo donde The Falconeer, un RPG de acción aérea íntegramente desarrollado por Tomas Sala, nos hace recorrer montados en el lomo de nuestro halcón de guerra esta intrincada historia de un conflicto que se asemeja mucho a la vida real.

Inmenso y hermoso en iguales proporciones, vamos a disfrutar de un placentero viaje surcando con mucha tranquilidad cada una de las correntadas de aire y enfrentándonos a diferentes enemigos en combates muy frenéticos.

The Falconeer | The Path Trailer | Xbox Series X

Con muy pocas opciones de personalización, tanto del halcón como del jinete, encaramos la historia central de The Falconeer. Una historia que mezcla los conflictos políticos entre las facciones con el dogma de los jinetes, una historia que es complicada de entender hasta haberle puesto una buena cantidad de horas al juego. En un primer momento, seremos los jinetes representantes de Dunkle, pero a medida que avanza el juego, seremos los jinetes de diferentes facciones y de esta manera vamos a conocer desde diferentes ángulos todo el entramado político y sacar nuestras propias conclusiones.

Las misiones no tienen mucha variedad, de hecho son solamente 3 estilos distintos y se repiten constantemente: escoltar un barco, atacar o defender una fortaleza o transportar un pedido. La única variación entre todas las misiones es el grado de dificultad que tienen, aunque no hay grandes picos de dificultad, si son un desafío muy importante a cumplir. En casi todas las misiones vamos a tener algún enfrentamiento con otros jinetes o asaltos a fortalezas que se convierten en batallas campales, que se vuelven muy vistosas por la variación de la iluminación y los destellos de las armas, aunque en pocas ocasiones se vuelve injusto cuando no importa que tanto nos movamos o de qué forma lo hagamos siempre vamos a tener enemigos por detrás y todos los disparos nos van a impactar.

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Uno de los grandes problemas de The Flaconeer es que el gameplay es demasiado básico, y no solamente como RPG, sino como juego de combate aéreo, porque la mayoría de los combates solo se reducen a fijar un objetivo, disparar y moverse de forma evasiva, pocas son las veces que tengamos un acompañante al que podamos pedirle ayuda cuando estemos en desventaja numérica.

Al no tener un disparo secundario, los enfrentamientos se vuelven monótonos y todo se reduce a un solo disparo, o sea, sólo tenemos que conformarnos con el arma que viene equipada y tratar de conseguir la suficiente cantidad de esquirlas para conseguir un arma mejor, que nos pueda aportar más daño aunque sacrificando un poco la cadencia de tiro o viceversa. Las posibilidades de mejora para nuestro halcón son pocas, sólo le podemos comprar unos cuantos mutágenos (hasta 6) que nos van a dar más agilidad, más vida o más velocidad y se siente bastante cuando podemos equiparlos. La munición no es infinita, pero son pocas las veces que realmente nos vamos a quedar sin munición, porque los frascos que serán los contenedores de las mismas se recargan al pasar por una tormenta eléctrica, pero si se sobrecargan pueden explotar o nos los pueden romper en los enfrentamientos.

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Existe algo extrañamente placentero al momento de jugar The Falconeer y es que ver el reflejo del sol en el mar, o como la iluminación va cambiando a medida que se oculta en el horizonte y dejar el paso a un cielo completamente estrellado es un lujo verlo, o meterse de lleno en un tormenta y volar entre los rayos, lo mismo que cada tanto encontrar que debajo nuestro vemos un ballena asomarse o cardúmenes de peces por doquier. Al ser un mundo abierto, no tenemos ninguna limitación para recorrer todo este mundo e ir descubriendo de una manera absolutamente relajada, al punto de dejar de lado las misiones y simplemente volar por ahí. Pero así de trabajado el mundo que nos rodea, así de vacío está, porque solo vas a ver agua por todos lados y alguna que otra isla donde poder frenar, y en la mayoría de estos asentamientos no vamos a poder hacer nada, porque necesitamos de un permiso que podemos ganarlo o comprarlo.

Si solo nos enfocamos en el apartado gráfico, es exquisita la creación de Tomas Sala, pero valga la redundancia, hace agua en el resto de los aspectos. Uno de los más molestos es que no tiene checkpoints, por lo tanto si perdemos en alguna misión tenemos que empezar desde cero la misma misión y corta absolutamente con el ritmo de juego. Más de una vez, tuve ganas de no continuarlo, pero no porque no me gustase sino por lo tedioso de tener que repetir una y otra vez los mismos 3 tipos de misiones, ya sea solamente para grindear recursos o para continuar la historia, pasó poco tiempo hasta que me encontré preguntándome “¿no hice esto ya?” porque si no estaba yendo a buscar algún paquete, estaba enfrentándome a algún enemigo random que aparecía durante el viaje hasta el objetivo de la misión. Creo, y esto es una percepción mía, que el mayor de los fallos que tiene The Falconeer es tratar de ser un RPG de acción aérea, si hubiese apuntado a ser un juego de acción y aventura estaríamos hablando de un juego mucho más completo.

Aún con tantas cosas que remarqué, es admirable el trabajo de Tomas Sala, al igual que la música compuesta por Benedict Nichols que enseguida te invita a volar e ir de un lado a otro. Si buscas un RPG más clásico, este no va a ser tu juego porque The Falconeer te invita a desconectar y ponerte a volar sin ningún límite, una experiencia que nadie debería perderse.

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THE FALCONEER

10/11/2020 (PC, XONE, XSERIES)
7.0

En ciertos puntos se vuelve muy repetitivo y más de una vez quise dejarlo colgado porque me hartaba tener que repetir una y otra vez los mismos estilos de misión, tanto de las secundarias como de las principales. El código fue cedido por la distribuidora.

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