Análisis

ANÁLISIS | Spiritfarer y cómo aprender a decir adiós

El viaje en barco de Spiritfarer nos lleva a recorrer un mundo místico en búsqueda de almas perdidas, descubriendo historias y moqueando al paso

Ya desde el primer instante uno tiene la certeza de que, tarde o temprano, Spiritfarer nos va a hacer moquear fuerte. Stella, una joven y energética muchacha, despierta a bordo de una pequeña barca junto a Daffodil, su mascota, y Charon, el misterioso barquero que, tras una escueta bienvenida, le informa a nuestra protagonista que es su misión encontrar, cuidar y eventualmente conducir hacia el Más Allá a las almas que vagan por este extraño mundo. Para tal fin contaremos con el poder del Everlight, un orbe de luz eterna que transformaremos en la herramienta necesaria para el momento preciso. Es hora de iniciar nuestro viaje.

Spiritfarer® Launch Trailer (ESRB)

El juego no pierde tiempo en presentarnos a nuestro barco-hogar, un navío que nos permitirá surcar las aguas hacia las diferentes islas y áreas de interés que colman el mapa de juego. A bordo de este vehículo erguiremos edificaciones para satisfacer las necesidades tanto de los espíritus que pronto pasarán a formar parte de la tripulación, como también de la propia Stella, que aprovechará el espacio a bordo para manufacturar diversos materiales. Ocurre que Spiritfarer es un juego de administración y gestión con un considerable énfasis en narrar historias personales bastante emotivas; objetivos que cumple con facilidad.

Pero no podemos hablar de este juego sin empezar por una de sus más notables cualidades: el magnífico apartado audiovisual. Spiritfarer goza de una enorme variedad de fluidas animaciones para prácticamente cada acción realizada por sus personajes, especialmente para Stella y Daffodil; todas ellas dibujadas a mano y de un nivel de fluidez impresionante. De hecho, semejante nivel de calidad suele contrastar con el diseño de escenarios, que también posee su propio carisma, aunque sus estructuras parecen ser más rectas, sólidas. Esto se aprecia particularmente ante la presencia de edificaciones, en especial en nuestro propio barco, donde el conglomerado de habitáculos puede volverse hasta confuso, más aún en etapas más avanzadas del juego.

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Stella y sus nuevos compañeros

Stella y sus nuevos compañeros

La misión de Stella es encontrar espíritus perdidos, darles alojamiento en su barco, cuidar de ellos, ayudarles a cumplir ciertos deseos y necesidades y, eventualmente, conducirlos hasta la mítica Everdoor para que sus almas crucen al Otro Lado. En concepto todo esto es bastante sencillo, pero en la práctica requerirá de varios pasos. Cada espíritu tiene su propia historia de fondo, reflejada en su personalidad y en las diversas misiones que nos irá encargando. Hay una generosa variedad de historias a descubrir y ninguna de ellas es tomada a la ligera: Spiritfarer se compone de varias capas de oscuridad, pese a la colorida y aparentemente alegre primera impresión. Recordemos que todos estos espíritus son gente que ha muerto de una forma u otra, y por lo tanto irán recordando sus vidas a medida que los conocemos mejor.

Aquí es donde el juego nos gana con una buena dosis de empatía. Cada personaje está caracterizado de forma notable, exponiendo sus problemas pasados (y a veces presentes) con bastante resonancia; y no son temas livianos: cáncer, intentos de suicidio, vidas de matones, adulterios, guerras y la mar en coche. Ver a cada uno de estos individuos embarcarse en sus momentos finales revela el núcleo de sus propias filosofías, dejándonos con algún pensamiento o, en un par de casos, con severas lágrimas en los ojos. La propia Stella tiene su narrativa personal, que descubriremos muy de a poco, a medida que enviamos almas al Otro Lado; y las implicaciones de sus recuerdos le empiezan a dar otra perspectiva a las almas que ya conocimos a bordo.

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Diseñando nuestro barquito

Diseñando nuestro barquito

Pasamos, entonces, a la parte mecánica del juego. El apartado de gestión y administración viene en forma de recolección/construcción de recursos para utilizarlos en nuevas edificaciones, recetas y productos secundarios. En este sentido Spiritfarer es una experiencia muchísimo más relajada que otros títulos similares. Pare empezar, nuestro inventario tiene capacidad infinita, así que no debemos preocuparnos por quedarnos sin espacio en la bolsa. Por otro lado, el espacio edificable a bordo del barco es limitado, aunque siempre podemos acceder a la constructora de Albert—un tiburón amante de los chistes malísimos—para expandir el tamaño de la cubierta; aunque en más de una oportunidad pasaremos un buen rato re-organizando los edificios del barco para hacer que todo encaje como una especie de juego de bloques de madera. También en la constructora adquiriremos las mejoras que nos permitirán navegar por nuevas áreas del mapa, ya sea construyendo un rompehielos que derribe la barrera de hielo o bien unas buenas lámparas para lidiar con la bruma eterna de otras áreas.

El barco será nuestro cuartel general móvil, pudiendo programar el punto de destino y dejando que la Everlight nos conduzca hasta allí mientras nosotros realizamos otras actividades. Las aguas místicas que nos rodean constan de más que sólo islas a explorar: en nuestro periplo hallaremos zonas de lluvia constante y medianoche eterna, así como también eventos especiales que se activan con la asistencia de un espíritu específico. Estas instancias suelen ofrecer un espectáculo audiovisual espectacular, pero también son los únicos momentos en los que recolectaremos algunos de los ingredientes más raros. También por las aguas navegará Francis, un vendedor ambulante a quien podremos vender toda nuestra chatarra y ganar algún dinerillo adicional mediante pedidos especiales. Finalmente, la eventual extensión del mapa hará la navegación bastante tediosa, pero por fortuna contamos con las paradas de autobús de Alex, un simpático lobo marino que puede enviarnos automáticamente a otras paradas en el mar, agilizando bastante el trámite.

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Algunos eventos son visualmente espectaculares

Algunos eventos son visualmente espectaculares

Si bien el juego nos gana por su estética y jugabilidad en general, es prudente advertir que a partir de cierto punto la experiencia puede volverse un poco densa y repetitiva. Siempre habrá alguna actividad a realizar a bordo, ya sea cocinar, cuidar nuestros jardines, atender a los espíritus o pasar el tiempo pescando; pero con el aumento de las opciones también disminuye el flujo de gameplay. A veces podemos quedarnos momentáneamente trabados por faltarnos algún ingrediente específico para una misión y tendremos que viajar de aquí para allá hasta dar con los materiales necesarios, mientras que por otro lado estaremos atiborrados de muchos otros elementos que ya no nos harán falta para ese punto del juego. Los talleres que construiremos en la cubierta ofrecen simpáticos minijuegos para transformar algunos elementos en nuevos productos, pero un par de ellos pueden ser irritantes; en particular el infame molino de viento y su lento proceso de calibración.

Todo lo dicho no llega a empañar el impacto central de la aventura, aunque nos dejará con una sensación de que algunas de las muchas horas invertidas en el juego han sido de relleno. Sin embargo, quizá eso es exactamente a lo que apunta Spiritfarer: es un juego calmo, quizá incluso lento, que nos pide tomarnos nuestro tiempo para disfrutar de cada momento del viaje. Es innegable que esa es la sensación que nos deja, además de algunos pensamientos profundos tras ver partir a otro espíritu al Otro Lado. Es la idea de superación tras cada nueva barrera conquistada; la alegría de cada nuevo espíritu que conocemos… y la tristeza de entender, una y otra vez, que a todos tendremos que decirles adiós, tarde o temprano. El hecho de que una de las acciones más frecuentes de Stella sea abrazar a sus compañeros de viaje no hace más que hacer más dura la despedida.

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Siempre hay tiempo para un último abrazo

Siempre hay tiempo para un último abrazo

Me fui de Spiritfarer con la sensación de haber jugado algo muy especial. Me fui con la cabeza llena de recuerdos de personas que conocí tanto como para creerlas reales por un momento. Me fui con un par de lágrimas en los ojos y quizá una leve sensación de ahogo en la garganta. Me fui sintiéndome más efímero que nunca, mirando a mi alrededor y recordando las palabras finales de algunos de esos complejos seres que ayudé a pasar al Otro Lado. Me fui, en resumen, con la certeza de que mi experiencia con este juego perdurará mucho más allá del tiempo jugado. Fue un gran viaje que, como ya lo había adivinado desde el mismísimo inicio, tuve la certeza de que me iba a hacer moquear fuerte.

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SPIRITFARER

18/08/2020 (PC, SWITCH, XBOX, PS4)
9.0

Navegué durante 25 horas a lo largo de toda la campaña de Spiritfarer. Su impecable apartado estético y flexible jugabilidad me ayudaron a compenetrarme en una historia técnicamente sencilla pero emocionalmente compleja. El flujo de juego me resultó muy agradable, aunque en varios momentos se sintió un poco demasiado a relleno. La experiencia final, sin embargo, es sencillamente positiva y no tengo problema en recomendar a todos ir a explorar las aguas místicas con Stella, Daffodil y los espíritus que se suban al viaje.

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