Opinion

Single Player | The Outer Worlds deja en offside a Nintendo

Si los juegos son el testimonio de lo que la consola de Nintendo no puede hacer, hay que cambiar la estrategia.

Después de la debacle de la industria del videojuego en 1983, la gente había perdido la confianza en todo lo relacionado a los juegos electrónicos. Atari puede haber sido una empresa innovadora en muchos aspectos, pero también propició mediante sus prácticas todos los medios para que el colapso se acelere: no sólo abundaban juegos de dudosa calidad, sino también clones descarados y consolas que parecían duplicadas; todo valía en aquella época. Nintendo fue la encargada de repuntar lo que parecía imposible con su Nintendo Entertainment System y así los videojuegos entraron en una nueva era de esplendor.

Entre otras estrategias implementadas por Nintendo, una de las más recordadas (e influyentes) fue el “Nintendo Seal of Quality” o “Sello de Calidad de Nintendo”: el mítico logo dorado con el que el gigante nipón intentaba garantizar que en su consola había juegos de calidad. A tal punto de que este era un procedimiento manual que sucedía en las manos de Hiroshi Yamauchi, quien aprobaba personalmente cada juego que se licenciaba para la exitosa consola de 8 bits. Obviamente, hecha la ley, hecha la trampa: no sólo había buenos juegos en la NES; por el contrario, se publicó bastante bosta con el sello, basta recordar gran parte de los títulos licenciados por LJN.

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De no ser por Nintendo, tal vez hoy no habría industria del videojuego.

De no ser por Nintendo, tal vez hoy no habría industria del videojuego.

Pese a que luego de la época de la NES el concepto del sello cambió -y más allá de la calidad de muchos juegos publicados-, esta movida sirvió para dejar instalada la percepción de excelencia en todos los sistemas de Nintendo que fueron llegando más adelante con el correr de los años. Sin ir más lejos, en más de una ocasión he leído a desarrolladores independientes emocionados por ver publicado su juego en una plataforma de Nintendo: una señal de suceso.

A través de los años, el paradigma del diseño fue cambiando su escala y sus orígenes. Los juegos, en un principio, eran desarrollados por un par de personas en un garage y lentamente el proceso mutando hacia los grandes conglomerados empresariales, involucrando a cientos de personas. No fue hasta que las herramientas de diseño se volvieron más accesibles y democráticas que empezamos a ver el resurgimiento de los juegos “de garage”, hechos por equipos pequeños -y en ocasiones, por una persona- con el renacer de los juegos independientes en los albores de la generación pasada. Algo inédito en consolas hasta ese momento.

Así, la oferta empezó a diversificarse y con la ayuda de plataformas como Steam, miles de juegos se publican año tras año: según SteamSpy, en 2019 se publicaron 8.286 títulos. Desde luego esto tiene efectos positivos pero también daños colaterales: las tiendas digitales se convierten en un lugar atestado de juegos en los a veces es imposible navegar. Las consolas no son ajenas a esto, y muestra de ello son lo saturadas que se muestran cada una de sus tiendas. Microsoft y Sony tienen cierto proceso de curaduría pero así y todo no es difícil encontrar juegos de dudosa procedencia y aún más sospechosa calidad. En el caso de Nintendo con su exitosa Switch esto es más notorio todavía.

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Salvo por este apartado, la tienda está siempre abarrotada.

Salvo por este apartado, la tienda está siempre abarrotada.

Un paseo rápido por la tienda de Nintendo es un pantallazo de lo mal que se presentan los nuevos lanzamientos al público: una catarata de títulos ignotos que logran desviar la atención de los prospectos más interesantes. Juegos cuyas portadas parecen haber sido resueltas con clip art de Powerpoint; versiones fantasmas de juegos de celulares a precios absolutamente irrisorios. ¿Sello de calidad? Quién te ha visto y quién te ve. Curar el contenido de tu plataforma es un servicio hacia el consumidor. Nadie pretende que se censuren los juegos ni tampoco que se perciba como un acto de desprecio al trabajo de distintos desarrolladores, pero la tienda de Nintendo, por momentos, muestra serios signos de una falta de atención apabullante.

Paradójicamente, el disparador de esta reflexión no es un juego ignoto que compré por error, sino todo lo contrario. Esta semana estuve jugando -o mejor dicho, intenté jugar- a The Outer Worlds en su versión de Nintendo Switch. Es uno de los títulos que más disfruté el año pasado, al punto de haberlo pasado dos veces con distintas builds. No es el Fallout New Vegas 2 que esperaba, pero sí adoré la buena mano de Obsidian en todo lo que el juego me propuso desde las mecánicas y la narrativa. El hecho de poder llevarme The Outer Worlds en el bolsillo me parecía ya razón suficiente para jugarlo una tercera vez.

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La comparación parece injusta, pero el port es feísimo.

La comparación parece injusta, pero el port es feísimo.

No es la primera vez que la portabilidad de un juego me resulta la razón principal para comprarlo. Doom es un juego que tengo en todas las plataformas, pero donde más suelo visitarlo es en Switch. Lo mismo podría decir con The Witcher 3 o mismo con la segunda parte de Wolfenstein. Son juegos que más allá del recorte visual -y de lo que digan los puristas- ofrecen exactamente la misma experiencia y contenido que sus “hermanos mayores”. Me gusta jugar estos juegos en Switch porque me parece surreal tener un juego tan vasto y profundo como The Witcher 3 en un cartuchito que puedo meter en mi Switch Lite. Está todo completo; la experiencia está ahí. Todo lo contrario a lo que pasa con The Outer Worlds: una conversión tan pobre desde lo técnico que me lleva a preguntar cómo es que un juego con un funcionamiento tan pobre llegó a publicarse y a venderse por 60 dólares.

Texturas lavadas, framerate inconsistente, escenarios tan empobrecidos que por momentos parece que estamos jugando a un juego por completo distinto. Un verdadero desastre que ni siquiera el parche de 4gb que salió post lanzamiento pudo reparar hasta el momento. Las conversiones de juegos de actual generación a la consola híbrida de Nintendo funcionan cuando resaltan sus menospreciadas cualidades, pero cuando por el contrario, muestran todas sus falencias, entonces algo tiene que cambiar. No voy a pedir el regreso del famoso sello; sí creo que alguien tiene que poner el ojo, porque juegos en este estado -y por más parche que le metan- no deberían tener lugar.

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