Opinion

Single Player | El gaming en tiempos de crisis

La economía, el gaming y la nueva generación parecen ir por caminos separados. ¿Es posible seguir jugando?

La preventa de PlayStation 5 en nuestro país se agotó en cuestión de horas: no quedó ningún modelo -sólo digital o con unidad de disco- en ninguno de los retailers oficiales y por lo que pude averiguar, tampoco quedó en distintos importadores que aseguraban ser distribuidores autorizados por Sony. Pero esto ofrece una fotografía un tanto mentirosa: al ser pocas unidades -sin tener el número oficial, no es difícil adivinar que no dispondremos de tanta cantidad como en mercados como el de USA- era lógico que la demanda sea elevada. Eso y también el precio: aunque no es poco dinero, esos 76 y 99 mil pesos corresponden a un precio de preventa, es decir, que es muy probable que cuando la consola se lance oficialmente en el país, su costo sea todavía mayor.

¿Por qué da la sensación de que el precio no está tan mal? ¿Por qué suponemos que el costo será mayor? Más allá de la economía inestable del país, basta con ver lo que cuestan hoy las consolas de la generación saliente: las PlayStation 4 Slim cotizan a precio oficial no menos de 60 mil pesos; de hecho, hay bundles de PlayStation 4 Slim con FIFA 20 a casi 70 mil pesos. Lo mismo ocurre con las versiones S de la Xbox de Microsoft. En ambos casos, estamos hablando de sistemas que cuestan menos que los 400 dólares de precio de entrada fijados por Sony en este caso, a la nueva generación.

image.png
La preventa de PlayStation 5 se agotó en un par de horas.

La preventa de PlayStation 5 se agotó en un par de horas.

Pero como dice un viejo proverbio, “para hardware siempre hay”, y hacerte con las máquinas es sólo una parte del asunto: también están los juegos. Y este no es bajo ningún punto de vista un tema menor. Si los juegos terminan costando esos 70 dólares que los publishers fantasean con poner como base para la nueva generación -entre ellos, Sony- estaríamos hablando de un costo con impuestos de unos nueve mil pesos. Esto constituye ni más ni menos que un tercio exacto del salario promedio en nuestro país -en blanco, por supuesto- que está en el orden de los 30.000 pesos. ¿Alguien dijo vicio caro? Pues ya se está tornando prohibitivo.

Entonces, en tiempos de devaluación, crisis financiera, pandemia y presión impositiva, ¿Cómo se hace para seguir jugando? Los que mejor posicionados están son aquellos que tengan su computadora lista para el upgrade en la tarjeta gráfica que la nueva generación demanda. Toda la serie 20 de Nvidia por ejemplo, ya está bajando drásticamente sus precios, por lo que una 2070 súper se acerca más a la posibilidad del golpeado bolsillo del gamer argento. Con una de esas tarjetas y un Ryzen 7 3700, estás a la par de cualquier consola a estrenarse en noviembre / diciembre; eso y un disco NVME, que hace rato que están dando vueltas en PC.

Porque la magia de la próxima generación está en los efectos de ray tracing y la velocidad de acceso a los datos, para cambiar así el paradigma de cómo se accede a la información y se construyen esos mundos virtuales que nos tendrán ocupados por decenas de horas. PC es definitivamente el mejor lugar para estar: el costo de ingreso si no tenés algo armado puede ser definitivamente oneroso, pero esto se amortiza con los juegos. Microsoft ha expandido la oferta de Game Pass -que incluye sus exclusivos- con los juegos de EA Play; Steam siempre ofrece precios competitivos y Uplay te permite pagar en pesos, libre de impuestos, entre tantas otras ventajas. Microsoft y su consola low cost - Xbox Series S- también se presentan como una alternativa tentadora: ofrece los trucos visuales de la nueva generación pero a 1080p, a la vez que ofrece acceso al ya mencionado Game Pass que no sólo tendrá juegos de EA Play a partir de noviembre, sino que con la compra de Bethesda suma el potencial de expandir aun más la oferta. Además, se le suma la posibilidad de costear juegos a precios localizados y competitivos, más allá de que éstos tributen los nuevos impuestos a la moneda extranjera.

image.png
Xbox Game Pass es la carta fuerte de Microsoft, que aumentó su costo mensual, pero incorpora juegos de EA y Bethesda, con la reciente adquisición de esta última.

Xbox Game Pass es la carta fuerte de Microsoft, que aumentó su costo mensual, pero incorpora juegos de EA y Bethesda, con la reciente adquisición de esta última.

Los jugadores de PlayStation son los que tendrán las cosas un tanto más difíciles, salvo que Sony decida cambiar las reglas del juego para la región. Como es sabido, incluso en la tienda argentina, comprar un juego en la tienda digital de PlayStation implica una inversión en dólares a costos elevadísimos. De todos los grandes publishers -hasta Nintendo tiene precios localizados en la región y nuestro país- es el único que todavía no ha decidido adaptar los precios a la dinámica económica de Latinoamérica; porque es evidente que no sólo es nuestro país el que atraviesa estas vicisitudes, y es algo que beneficiaría a todos los jugadores del cono sur por igual.

En última instancia, ¿se puede seguir jugando? Por supuesto que sí. No hay jugador que se precie de serlo que no tenga a sus espaldas un backlog interminable de juegos por la mitad o siquiera empezados, sea en la plataforma que sea, más allá de que no todos los juegos de acá a un tiempo van a explotar a fondo las cualidades de la nueva generación que se nos viene. La parte más difícil durante los meses del “cambio generacional” es mantenerse en nuestros cabales, libres de hype, mientras que todos los medios, influencers y personalidades están hablando de “lo nuevo”. Lo concreto es que de momento, lo más fuerte a nivel gaming todavía tiene que llegar a nuestras manos, en este año, y para nuestras consolas actuales y PC: Cyberpunk 2077, Watch Dogs: Legion, Black Ops, entre otros. De acá a un año, la hoja de ruta en materia de lanzamientos es una gran incógnita, por lo que no hay realmente razones por las que pegar el salto: es cuestión de aferrarse al backlog, ganarle al FOMO, y esperar el mejor momento para el cambio.

Dejá tu comentario