Análisis

ANÁLISIS | Riders Republic tropieza en la dirección correcta

Ubisoft lo intenta nuevamente con Riders Republic, otro mundo abierto deportivo. Y aunque aún no lo logra, su testarudez da algunos frutos.

¿Alguna vez escucharon el sonido que producen miles de ojos poniéndose en blanco al mismo tiempo? Eso es lo que sucedió cuando Ubisoft anunció Riders Republic, un gran mundo abierto donde miles de fanáticos de los deportes extremos iban a poder vivir sus fantasías más frenéticas. No, Steep era otro. Y de buenas a primeras, se notan diferencias entre ambos títulos - desarrollados por el mismo estudio -, aunque sea dificil de verlas. Más de uno se habrá preguntado quién es el público objetivo de este tipo de experiencias y la interrogante en sí no está mal. Lo que suele estar mal es juzgar un libro por su portada y mientras que no me van a leer diciendo que Riders Republic tiene una profundidad inesperada, si tiene varias cosas para ofrecer.

Riders Republic - Tráiler de Gameplay | #UbiForward | Ubisoft LATAM

Tomando una página prestada de su antecesor, The Crew, Forza Horizon y una biblioteca entera de juegos multiplayer deportivos de mundo abierto, Riders Republic nos invita a una tierra ficticia compuesta por distintos parques nacionales del hemisferio norte fusionados entre si, donde todo el mundo se lava los dientes con bebidas energéticas, los huesos no se rompen y las pendientes pronunciadas son un regalo de los dioses. En este Lollapalooza de los deportes extremos se persiguen las máximas emociones posibles, al tiempo que todos buscan ser reconocidos como los número uno en cada disciplina y de paso juntar monedas para poder comprar los items de customización más extravagantes posibles. Si vinieron a buscar una historia a este juego, están definitivamente en el lugar equivocado. Los personajes parecen escritos por cómo nuestros padres se imaginan que un atleta extremo se comportaba a principios de los años dos mil, pero por suerte el botón de saltar cinemática está a la orden del día.

Sin embargo, lo que sí pueden encontrar en Riders Republic es una interesante y colorida variedad de desafíos, los cuales a su vez son subdivisiones de distintas disciplinas. Con nuestras bicis de montaña podemos hacer carreras a campo traviesa, bajando por pendientes escabrosas o en desafíos como si fuera un Trials. Con nuestros skis o tabla de snowboard correremos o competiremos por el estilo de nuestras acrobacias en distintos circuitos similares a los que uno puede ver en los Winter X Games. Y si todo esto nos aburre, simplemente podemos ponernos el famoso “traje de ardilla” y arrojarnos al vacío, o ponerle turbinas para que directamente sea un jetpack al mismo porque… ¿por qué no hacerlo?

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Todas estas experiencias que destrabamos rápidamente desde el largo pero efectivo tutorial del juego, son frenéticas y estimulantes. Al mismo tiempo, revelan el detalle que aleja a Riders Republic de ser tal vez un título mucho más interesante. El libertinaje arcadoso que propone no tiene ningún tipo de amalgama que nos invite a quedarnos dentro de este mundo por mucho tiempo. Por el lado positivo, esto implica que es uno de esos juegos donde podemos jugar tan solo veinte minutos al día, intentando superar una prueba, subir de nivel o destrabar algún ítem. También conocidos como los juegos para mayores de 35. Por el lado negativo, el nivel de frustración que pueden generar algunas pruebas, el hecho de recibir vehículos de regalo en cada misión haciendo que nunca haya nada por lo que pelear y la sensación de estar en un mundo fotográfico pero esteril, el cual nos empuja al quick travel, hace que nos detengamos seguido a preguntarnos si verdaderamente la estamos pasando bien.

Entiendo que algunas de estas observaciones pueden parecer demasiado incisivas, pero por más certeras que son, eso no quita que el juego tenga sus bondades. Y varías realmente. Teniendo en cuenta que carece de una profundidad real en las disciplinas que ofrece, lograron una interfaz bastante amigable y un set de controles que cualquier persona puede agarrar y comenzar a masterizar de manera paulatina. A su vez, los jugadores más experimentados pueden optar por un esquema más manual y complicado, saltando entre los dos desde el menú de pausa cuantas veces queramos. Las mismas carreras incluso nos ofrecen distintos niveles de dificultad, alterando los premios que recibamos, pero facilitando la posibilidad de ir subiendo de nivel a la velocidad que cada jugador o jugadora quiera. La accesibilidad es generosa y está a simple vista. En Riders Republic nos vamos a ir de cara al suelo muchas veces, pero nunca es porque el juego nos ponga un palo en la rueda queriendo pasarse de hardcore.

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Una vez que estemos compitiendo, la adrenalina se deja sentir aunque tengamos todo en automático. El modo en tercera persona es tan fachero como debería ser y la sensación de velocidad en primera persona puede llegar a generar vértigo del bueno. El mayor pifie en este aspecto es el botón de rebobinar, el cual más de una vez puede hacernos sentir que nos quedamos atrapados en un purgatorio digital. Siempre que nos desviemos un poco - o un poco mucho-, tendremos la opción de volver hacía atrás para intentar agarrar mejor esa curva o intentar que nuestro esternón no nos quede en la garganta. Sin embargo, la acción de retroceso solo nos afecta a nosotros, por lo que los demás competidores van a seguir de largo sin problemas, haciendo que evitemos un porrazo intangible pero no que perdamos la carrera. Y si por alguna cuestión algorítmica o de chance llegamos a presionar el botón en el momento equivocado, es probable que nunca podamos resarcir nuestro error y simplemente caigamos en él una y otra vez.

Y esto lleva a lo que tal vez sea mi mayor problema con un juego que nuevamente aplaudo por su accesibilidad y capacidad de ser tan arcade o simulador como nosotros queramos que sea. Pero en Riders Republic nada importa. Es un juego grindero, pero que nos deja ganar experiencia a nuestro ritmo. Un título que nos permite elegir el vehículo que queramos en el momento que deseemos, pero más allá de algún coleccionable escondido por ahí o alguna oportunidad de foto, no nos motiva para nada a recorrer el mundo por placer. Se siente como si Ubisoft Annecy hubiera comprendido todo lo que hacía de Steep un juego frustrante, pero en su intento de corregirlo, lo diluyó demasiado. Saltar un cañón con una mountain bike o rasparse la pera con la cima de una montaña en nuestro traje de ardilla es divertido, pero en el momento que aterrizamos el entretenimiento termina de una manera un tanto abrupta.

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No quiero decir que el que mucho abarca poco aprieta, pero tal vez es la misma modernidad la que condena a Riders Republic, obligándolo a ser un juego de mundo abierto cuando podría ser una lista de disciplinas a elegir de un menú como si estuviéramos jugando un Cool Boarders o un Dave Mirra en PSX. Como juego en línea funciona, las carreras multitudinarias dan una buena impresión y los circuitos multidisciplinarios en los cuales cambiamos de un momento a otro de vehículo son de los mejores momentos del título pero van perdiendo efectividad y tener que pasar por toda la burocracia del mundo abierto forzado le quita un poco del encanto.

Finalmente, desde lo tecnico tiene momentos que pueden llegar a maravillar a los amantes del modo foto y hasta quizá se les escape un "la pucha que vale la pena estar vivo" cuando miran el atardecer desde el pico nevado de una montaña imponente. Pero esos momentos son muy pocos. El ambiente en general puede sentirse un poco lavado y los arbustos apareciendo de la nada son pocos y se le comprende a un juego en línea de estas magnitudes, pero al final del día ya son cosas que a la nueva generación nos cuesta más perdonarle. En cuando al sonido, el sonido de las ruedas de la bici en una pendiente puede ser hipnótico y tiene un buen diseño en general, pero la banda sonora se queda corta, dejandonos con ganas de que suene como la de un Tony Hawk, pero nunca cumpliendo con la espectativa.

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Riders Republic es un paso hacia adelante para esta obsesión con los mundos abiertos deportivos de Ubisoft. Toma buenas decisiones de cómo facilitar una experiencia divertida a todo tipo de usuarios por igual y su tono cursi puede llegar a ser disfrutado como humor kitsch por una parcialidad, aunque la otra solo sentirá un producto medio añejo. Con todo lo bueno y lo malo, como sus divertidos circuitos pero su innecesario sistema de puntos y recompensas, siento que aún estamos lejos de la etapa de maduración de este subgénero deportivo. Y mientras que esta sea tal vez la mejor expresión del mismo para deportes de a pie, le sigue faltando algo que lo haga realmente memorable.

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RIDERS REPUBLIC

28/10/2021 (PC, PS4, PS5, XO, XSS/X, STADIA, LUNA)
6.5

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