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RETROANÁLISIS | King’s Quest I: Quest for the Crown (1984)

En aquellos años, todavía no tenía una computadora en mi casa. No era algo tan común, no todo el mundo tenía una máquina en su casa, sobre todo en vistas de jugar: en aquel momento, los adultos que manejaban medianamente estas cuestiones y, por ende, tenían conocimiento en las tecnologías que se usaban, consideraban que las computadoras eran para trabajar y estudiar. Otros, simplemente, no contaban con el dinero.

Por suerte, tuve amigos cuyos padres habían superado esta bajada de línea de los pseudointelectuales ochenteros, y nos juntábamos largas horas a jugar a todo lo que estuviera disponible.

King’s Quest I: Quest for the Crow no fue la primera aventura gráfica que jugué (ese puesto se lo dejo, glorioso, al Maniac Mansión), pero por obvias razones, fue de los primeros. En aquel momento, ya habían salido las aventuras conversacionales impulsadas por Sierra, pero fue King’s Quest el primer gran éxito de la empresa, que estaba financiada en aquel momento por IBM, quien necesitaba promocionar su producto estrella.

El juego se lanzó originalmente en 1984 para IBM PCjr y Apple II. En 1986 vio la luz en Atari ST. En 1987, llegó a MS-DOS (versión a la que yo tuve acceso), Amiga, Macintosh y Apple IIgs. Finalmente en 1989, se hizo un port muy poco conocido para Sega Master System. Los distintos gráficos de las distintas versiones, las van a poder ir viendo en las capturas.

Nunca fui muy amigo de las epopeyas medievales. Nunca me llamaron la atención los magos, los dragones (tal como los plantean este tipo de historias) o los caballeros de armadura reluciente. Pero King’s Quest tenía mucho más que eso, y en aquellos años me regalaba la opción, si me permiten, de ser alguien que no podía ser. Y esto se daba ya que Graham, el protagonista, no era el clásico caballero, sino más bien, un portador de historias y vivencias.

El rey Eduardo, un hombre entrado en años, le encarga la misión de recuperar tres tesoros que se perdieron y que son muy importantes para la corona. De lograrlo, le promete heredar el trono y convertirse en rey.

Pero el verdadero impacto en el juego, teniendo siempre en cuenta la capacidad técnica de aquellos años, era su concepto no lineal y el tamaño del mapa a recorrer. Una vez comenzado el juego, podíamos recorrer todo el reino buscando los tesoros, sin importar cuál íbamos a encontrar primero.

Además, contaba con más de una resolución para algunos de los puzzles (algo que muchos juegos en la actualidad no tienen), y si somos estrictos en lo técnico, presentaba algo que se podría decir que eran los primeros borradores de lo que hoy conocemos como “mundo abierto”: el juego tenía cerca de 50 pantallas diferentes, sin contar las locaciones interiores de las diferentes construcciones.

Visualmente, el juego tiene un pixel art bastante simple en su primer versión, como si se tratase de una pequeña evolución de lo que podíamos ver en la mítica Atari 2600. Las formas simples, los colores plenos y contrastantes, brillantes dentro de lo que un monitor EGA permitía. En el mismo año de su lanzamiento, también veía la luz Kung-Fu Master, por solo poner un ejemplo, y se veía bastante mejor. Aún así, estas cuestiones nunca fueron un impedimento para que King’s Quest marcara una época.

Los gráficos permitían contar una historia, iban mucho más por la narración que por su espectáculo visual y, como dijimos antes, sabían diferenciar bien la cantidad inmensa de pantallas diferentes, personajes y elementos, para lograr la inmersión necesaria. Las versiones que fueron saliendo más tarde, mejoraron el apartado visual, como ya mencionamos.

El juego era complicado. La primera vez que lo jugué, no tenía ese expertis que más tarde fui cultivando de cara a las aventuras gráficas, esa forma de pensar que te proponen los propios puzzles y la forma de resolverlos. Por ende, me costó muchísimo terminarlo, e incluso recuerdo haberme quedado trabado docenas de veces.

Sin darme cuenta, King’s Quest me estaba formando, estaba forjando no solo una cuestión analítica en mi forma de pensar y de encarar las cosas, sino también empezó a templar mi paciencia.

DATO DE COLOR: en 1990, salió para MS-DOS y Amiga un nuevo título, llamado Roberta Williams’ King’s Quest I: Quest for the Crown (el trailer que pudieron ver arriba corresponde al lanzamiento de esta versión) que supuso ser una de las primeras remakes de la historia de los videojuegos.

El juego estaba hecho con otro motor y mejoraba sus gráficos, su sonido, e incluso su jugabilidad, modificando varios puzzles, diálogos y cinemáticas. La saga King’s Quest dio a luz a 8 exponentes dentro de lo que sería el “canon original”, además de una reimaginación/reboot en 2015