Análisis

ANÁLISIS | Paper Mario: The Origami King es una comedia divertida de jugar

Después de mucha espera, la serie está de regreso con Paper Mario: The Origami King, una encantadora aventura opacada por un obtuso sistema de combate.

La mayor parte del tiempo que pasé jugando Paper Mario: The Origami King, fue con una sonrisa dibujada en la cara. Es más: hubo momentos en los que reí a carcajadas. La comicidad es algo raro de encontrar en los videojuegos; una línea de diálogo ocurrente en el momento justo, alcanzar ese sentido del timing en una obra que avanza conforme vamos tocando los botones. Pensar en esto me parece un triunfo absoluto, y es definitivamente uno de los fuertes de esta nueva entrega de la legendaria serie, creada por Intelligent Systems.
La narrativa siempre fue algo que caracteriza a la serie Paper Mario, y encontramos el cénit con The Origami King.

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Como de costumbre, todo empieza cuando Mario y Luigi son convocados por la princesa Peach, en esta ocasión, a una Feria de Origami. La sorpresa de los hermanos se da cuando llegan al castillo: no hay toads por ningún lado; la ciudad parece completamente desierta. Nos encontramos dentro del castillo con una versión tenebrosa de Peach que, en lugar de tener la forma característica de las figuras de papel, está plegada como un origami. Sucede que el Rey Olly pretende plegar a todo el Reino Champiñón para dominarlo, convirtiéndolo en un gran ejército. Peach es una de sus primeras víctimas, y no será la última.

De ahí que se producen un quiebre que rompe con los estamentos del universo Mario: los personajes -tanto los “buenos” como los “villanos”- se ven repentinamente fuera de ese conflicto ante una amenaza todavía mayor, y deciden cooperar. Paper Mario: The Origami King nos muestra una suerte de “lado B” o “detrás de escena” de cómo serían estos personajes en su vida cotidiana. Uno de los primeros gags del juego giran alrededor de un goomba que se moría por conocer a Mario para expresar su admiración, pero que no llega a concretar su sueño porque lo convierten antes en un origami: el momento de cruzarse con el fontanero, incluso bajo los efectos del hechizo, no tiene desperdicio alguno.

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Paper Mario: The Origami King presentando su credencial de GOTY: la pesca.

Paper Mario: The Origami King presentando su credencial de GOTY: la pesca.

En sus más de 25 horas de duración, vamos a encontrarnos con cientos de chistes, guiños, gags y situaciones desopilantes; comentarios paródicos y punzantes sobre la extraña lógica de las reglas tradicionales de Mario e incluso momentos de rotura de cuarta pared con reflexiones que apuntan a nuestra vida cotidiana. El universo de este juego vive y respira amor por la franquicia, y si tienen un mínimo de interés por estos personajes y su historia, van a pasar momentos realmente increíbles frente a la pantalla. Los colores del papel también ayudan, y mucho. Visualmente, Paper Mario: The Origami King es una fiesta alucinante. Es un juego extenso, con seis mundos completamente distintos, pero similares en la idea de que están realizados en cartón y papel.

Es innegable que hay muchos trucos visuales que se han inspirado en el brillante Tearaway de Media Molecule; así y todo, The Origami King alcanza puntos altísimos en su desarrollo técnico y artístico. Cada uno de sus mundos tiene una enorme cantidad de locaciones plagada de detalles que quitan el aliento; secretos que encontrar, mucha exploración y definitivamente muchísima variedad. Incluso hay dos instancias de mundos semi abiertos -donde hay un guiño al genial Wind Waker- que imprimen en la experiencia un sentido de aventura muy marcado. Todo es colorido y cuenta con un diseño excepcional. Los personajes amistosos se identifican fácil por su silueta de papel; los enemigos por sus pliegues de origami o la irregularidad del papel maché.

Y la música. Estamos ante una banda sonora antológica, íntegramente ejecutada por instrumentos reales que se encargan de matizar todos los momentos de la aventura, incluyendo medleys y remixes de melodías clásicas como por ejemplo, la de los niveles subterráneos. Todo es excepcional.
Con el joystick en la mano, sin embargo, la experiencia empieza a tomar otros matices no tan bien resueltos. Paper Mario: The Origami King nos invita a recorrer sus niveles explorando hasta los más recónditos centímetros de su extensión con la idea de rescatar toads -para poblar el mundo y para que nos ayuden en el combate- y juntar monedas, que son el recurso principal del juego. Podemos saltar, podemos atacar con un martillo, además de arrojar papel picado para reparar daños estructurales de cada uno de los niveles y así ganar más monedas. Estos niveles ofrecen una combinación de exploración, partes de plataformas y combate. Bastante combate. Y ese es el principal problema del título.

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Los mapas en Paper Mario: The Origami King son enormes, variados y densos en detalles.

Los mapas en Paper Mario: The Origami King son enormes, variados y densos en detalles.

Si estaban esperando un juego de RPG olvídense, porque lo que hace Paper Mario: The Origami King es tomar algunos elementos de los primeros dos juegos y otros de los posteriores. Es principalmente una aventura, que se reserva sus pequeños toques de rol para calcular el daño en los combates según una serie de parámetros específicos. No subimos de nivel por experiencia, sino mediante la obtención de ítems en momentos puntuales; podemos -más bien, tendremos que- equipar armas e ítems para salir airosos del combate. No hay personalización, más allá de asignar accesorios que buffean ciertas habilidades.

El combate en sí es un juego aparte: al toparnos con un enemigo en el mapa inicia una secuencia que nos lleva a una suerte de arena -como en cualquier JRPG- en donde encontramos una serie de círculos concéntricos donde tenemos a Mario en un lado y a los enemigos del otro. Los enemigos aparecen en formaciones determinadas, pero se mezclan antes de empezar la contienda. La idea principal es rotar las piezas de cada disco para poder formar a los enemigos en hileras o bien en grupos de a cuatro para poder atacarlos, ya sea con el martillo o saltándoles encima. El detalle es que tenemos un límite de tiempo y de movimientos: si logramos resolver el puzzle, obtendremos una bonificación de daño que por lo general, nos dará la victoria en una sola pasada, pero si no lo hacemos, quedaremos expuestos a los embates de los enemigos que, como suelen superarnos en número, podrían liquidarnos durante su turno.

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A veces, esetos puzzles se sienten como alinear planetas.

A veces, esetos puzzles se sienten como alinear planetas.

El asunto es que nunca se nos explican bien todos los matices que involucran a este sistema: ni el uso de armas especiales o ítems, como tampoco la importancia de siempre tener stock de elementos que resultan vitales si no queremos que el juego nos castigue duramente. Sí: hay castigo en un juego de Mario. Principalmente, si perdemos un combate tendremos que volver sí o sí al último punto de guardado. Otra cosa que sucede es que gastemos muchísimos recursos en un jefe, por ejemplo. Con las monedas no sólo podemos comprar equipo para hacer más sencillas las contiendas, sino también tiempo extra para pensar mejor la resolución de cada puzzle, o bien solicitar la ayuda de los toads que vamos rescatando, que se ubican en las gradas alrededor de la arena de combate. Por fortuna -y a diferencia de los últimos juegos de la serie- las monedas no escasean, por lo que no cuesta tanto volver a tener una cantidad relativamente decente; pero no deja de ser frustrante que una pelea con un jefe te corte tan de lleno el ritmo de esta risueña aventura.

En varios de estos enfrentamientos tuve que salir del juego para volver a cargar la partida y ganarlo ya sabiendo bien cómo afrontar el combate, evitando así una pérdida astronómica de recursos. Por lo general, no tengo problema alguno con un juego desafiante, siempre y cuando el desafío esté dado por cuestiones orgánicas y de diseño, y no por la falta de. Es increíble que el juego decida omitir explicarnos reglas básicas como las distintas formas que podemos emplear cada turno del combate, en función de lo que estemos necesitando en ese momento. De hecho, promediando el periplo descubrimos que resolver el puzzle es anecdótico, ya que si lo deseamos podemos atacar sin más: una alternativa que sólo está disponible para aquellos que tengan un desarrollo de Mario determinado y una buen cantidad de recursos, claro está.

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El uso de los brazos extensibles es uno de los tantos poderes especiales que juegan con piezas del escenario.

El uso de los brazos extensibles es uno de los tantos poderes especiales que juegan con piezas del escenario.

Así es que se genera una profunda tensión y hasta desconexión con lo que Paper Mario: The Origami King nos muestra por un lado y nos ofrece por el otro. Creo que el sistema de combate es original y cuando damos con ese momento eureka es sumamente satisfactorio, pero pasada la mitad del juego se vuelve realmente cuesta arriba, principalmente porque nunca se nos explican todos los fundamentos de la batalla, derivando en un ensayo de prueba y error que puede llegar a frustrar a muchos.
Y esto es todo lo malo que tengo para decir de Paper Mario: The Origami King. Porque el resto es realmente disfrute puro.

Todos los personajes que se nos presentan son graciosos y tienen muchísima personalidad, empezando por Olivia, nuestra compañera inseparable -hermana de Olly, de quien jura vengarse por lo que hizo- pasando por Luigi, que aparece en puntos muy particulares de la trama. O los chistes cortos -todos efectivos- que nos regalan los toads que rescatamos a lo largo y ancho de cada mapa. Visualmente deja postales inolvidables y la música se te va a pegar por mucho tiempo. Paper Mario: The Origami King está hecho con mimo y mucho amor; se nota que sus creadores conocen a la perfección este universo y lo adoran tanto como uno.

Es una pena que hayan tropezado con algo tan fundamental que es imposible dejar de lado, porque una buena parte de este increíble viaje nos la pasamos combatiendo contra las fuerzas del origami y el papel maché. Pese a sus picos de dificultad, los jefes tienen un diseño muy inteligente, presentan secuencias visualmente impactantes y algunos incluso te dejan un número musical para el recuerdo. Hay muchísimo para adorar de este nuevo Paper Mario y por eso no puedo dejar de recomendarlo, incluso con todo y sus imperfecciones. Con un poquito más de pulido, podría haber sido un juego legendario. Así como están las cosas es un muy buen juego, en particular si están muy metidos en todo lo que es Nintendo y Mario: en ese caso, pueden subirle medio puntito más.

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PAPER MARIO: THE ORIGAMI KING

17/07/2020
8.5

Jugué Paper Mario: The Origami King durante 26 horas, que es lo que duró la aventura principal sin recolectar ni hacer al 100% todo lo que hay para hacer. Por suerte, el juego ofrece un seguimiento exhaustivo para saber exactamente qué te falta en cada nivel.

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