El culto a Lovecraft fomenta las peores tendencias de la cultura nerd
Opinion

El culto a Lovecraft fomenta las peores tendencias de la cultura nerd

Otro año, otros 20 juegos basados en la obra de H.P. Lovecraft - pero The Sinking City parece exaltar la misma ideología que ha vuelto al autor persona non grata en el ambiente literario... ¿se puede adaptar a este escritor sin enfrentar sus ideas?

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Por: Ignacio Esains

(NOTA: este artículo contiene mínimos spoilers narrativos de misiones y personajes de las primeras horas del juego “The Sinking City”. La ilustración pertenece a la pantalla de carga de "Lovecraft Mythos" de Ancient Bytes)

A fines de junio de este año salió “The Sinking City”, un juego de mundo abierto diseñado por el estudio Frogwares, con toques de aventura gráfica y survival horror, basado en la mitología creada por el escritor de terror Howard Phillips Lovecraft. El juego empieza con un texto del tipo que hemos visto en varios productos potencialmente polémicos (en particular la serie Assassin’s Creed):

“Inspirándose en la obra de H.P. Lovecraft, The Sinking City retrata una era en la que las minorías étnicas y raciales eran frecuentemente maltratadas por la sociedad. Esos prejuicios estaban y están equivocados, pero han sido incluídos para lograr un retrato auténtico de la época, en vez de simular que nunca existieron.”

El cartelito que da inicio a The Sinking City

El descargo de responsabilidad tiene sentido, porque busca distanciar a un estudio que en 2019 elige adaptar escritos que tienen casi un siglo, y a pesar de que cada uno de los elementos de la historia (personajes, ciudad, mitología) es imaginario, el estudio tiene derecho a buscar contar una historia que examine esos prejuicios.

Pero el texto es, como mínimo, engañoso. Y demuestra una profunda confusión (o en el peor de los casos, hipocresía) por parte de Frogwares.

El racismo y la xenofobia de los primeros años del siglo XX era, sin duda, más exacerbado que en nuestros tiempos, y aún así, lo que este cartelito omite es que Lovecraft era racista, aún para su época.

"El Nacimiento de una Nación" se estudia hoy como una obra maestra de la propaganda política, al nivel de "El Triunfo de la Voluntad"

La mentalidad supremacista de Lovecraft está ampliamente documentada, pero con un par de detalles basta y sobra para establecer su mirada del mundo. En 1915, cuando el autor tenía 25 años, se enfrentó con el autor de una revista literaria menor por la película “El Nacimiento de una Nación”, una obra de propaganda supremacista muy criticada por los intelectuales de la época. En una serie de cartas de lectores, Lovecraft se mofa del judaísmo de Isaacson, exalta al Ku Klux Klan, y lanza frases como “El negro es fundamentalmente el inferior biológico de las razas blancas y hasta las mongólicas, y la gente del Norte debe ser recordada ocasionalmente del peligro en el que incurren al admitirlos con demasiada libertad a los privilegios de la sociedad y el gobierno”.

En 1915 habían pasado casi 50 años de la abolición de la esclavitud, y aunque, por supuesto, todavía existían leyes y hábitos racistas, Lovecraft no era exactamente un pueblerino de los estados del Sur. Para esa época ya formaba parte de una activa sociedad de periodistas amateurs, y había vivido toda su vida en la ciudad de Providence, capital del estado de Rhode Island. Es un error pensar que las ideas de Lovecraft representaban a la mayoría ideológica del momento, en especial cuando aún las más benévolas biografías sobre el autor citan a sus contemporáneos (como Robert E. Howard, creador de Conan) y hasta a su propia esposa hablando de su celebración de la raza aria y el rechazo a otras etnias. Esta no era, como dice el texto de Frogwares, la “mirada de su época”, sino una filosofía propia.

La estatuilla original del World Fantasy Award, que representaba a H.P. Lovecraft

Es más - en 2015, y debido al redescubrimiento de un repugnante poema racista de Lovecraft escrito en 1912, los organizadores del prestigioso premio World Fantasy Award decidieron cambiar su trofeo, un busto que representaba al autor, por una simple estatuilla en forma de árbol.

El racismo de Lovecraft, entonces, no es una consecuencia de la época en la que creció. Por algo la comunidad literaria y académica ha dado la espalda al autor, y el lector será el que finalmente decida cuánto rechazo le causa Lovecraft y la exaltación que se hace no sólo de su nombre sino de la propia mitología de su vida (su pobreza, su orgullo, su frágil salud mental).

Y acá podría terminarse el debate, trazando una línea entre los que creen que el autor y la obra pueden separarse y los que no. Pero con Lovecraft no es tan simple, ya que el racismo que el autor demostraba en sus textos personales y en sus cuentos, se extiende a su universo, su visión del mundo, y su concepción del terror.

Pálido y ojeroso, el protagonista de The Sinking City recuerda un poco a H.P. Lovecraft

El protagonista estándar de Lovecraft es un hombre (siempre) caucasiano (siempre), relacionado con la academia y la autoridad (usualmente), que son los únicos que son capaces de ver el mal cósmico que va a consumir el mundo, y este conocimiento se convierte para ellos en una maldición - fuente de angustia, horror, y finalmente locura.

Pero los “males cósmicos” que atormentaban a H.P. eran terrenales: la mezcla de razas, la religión, el judaísmo, la homosexualidad (o cualquier sexualidad, realmente), los instintos de las clases bajas. Es imposible separar los héroes arios, nativistas, puritanos, del autor de su concepción de lo que es el “mal” contra el que combaten.

Y aún teniendo en cuenta la dudosa temática de HPL, The Sinking City va, a mi entender, más allá, eligiendo adaptar (o mejor dicho, inspirarse) en las obras más repulsivas entre los miles de páginas que Lovecraft escribió en su vida.

Call of Cthulhu: Dark Corners of the Earth está ambientado en la ciudad de Innsmouth

El autor francés Michel Houellebecq (otro polémico) identifica con certeza que el pensamiento racista de Lovecraft se exacerbó en los años en los que vivió en New York (1924-1926), y la ciudad ficticia de Oakmont del juego parece citar directamente el hacinamiento y la pobreza de la vida urbana en cuentos como “El Modelo de Pickman” y en particular “El Horror de Red Hook”, en los que explicitamente el autor expresa su desagrado por los migrantes, su ruido, su mugre.

El juego, por supuesto, está lleno de referencias a “La Sombra sobre Innsmouth”, que traza paralelismos claros entre la raza infectada por el dios Dagón y la concepción antisemita del pueblo judío - al punto que el supremacista racial Greg Johnson escribió un extenso y escalofriante discurso celebrando el cuento, leído en un homenaje al autor en 2015.

Algo similar pasa con el personaje de Robert Throgmorton, descendiente de un hombre y una chimpancé, inspirado en el cuento “Hechos Tocantes al Difunto Arthur Jermyn y su Familia”, que Lovecraft escribió cuando descubrió, asqueado, que su tatarabuela no era inglesa sino galesa, y por lo tanto su ascendencia era mixta - algo que él creía que tenía que ver con las enfermedades mentales hereditarias de su familia. 

The Sinking City hace algún que otro intento por criticar a sus personajes racistas, pero es imposible luchar con el subtexto que la mitología del juego esconde, y contiene secuencias francamente embarazosas, como un discurso que el protagonista Charles Reed da a Throgmorton sobre la importancia de tolerar una raza de hombres pez… que el mismo juego acaba de mostrar como producto de mujeres impuras hipnotizadas por un dios de las profundidades.

Como el Arthur Jermyn del cuento, Throgmorton es un descendiente de la mezcla de razas que horrorizaba a Lovecraft

Una misión posterior introduce al Ku Klux Klan, pero extrañamente esta versión de la organización supremacista se reduce a una especie de mafia que cobra protección a migrantes, eliminando por completo las creencias racistas por las que cualquier lector mínimamente informado conocerá al Klan.

La mayoría de los juegos basados en Lovecraft, desde Quake hasta el reciente Call of Cthulhu, toman su iconografía, aplican algunas de sus creaciones e imitan el estilo de su prosa, alejándose de sus metáforas incendiarias. The Sinking City no sólo usa el nombre del autor en su material de marketing, sino que varios de sus personajes repiten su discurso, sin recibir una crítica clara en el juego.

En una de las misiones de la mitad de la aventura, el investigador encuentra la casa de un hombre obsesionado con esta raza de hombres medio pez, y a pesar de que sus acciones contra los migrantes son de una violencia inusitada, Reed admira la investigación que ha hecho de la secta, y las conclusiones del hombre resultan ser las correctas: estos migrantes de raza mixta que ve como seres subhumanos son, efectivamente, subhumanos. En la fantasía de The Sinking City el conspiranoico, por violento que sea, tiene la razón, y si nos vamos en su contra seremos traicionados por los sectarios.

Frogwares ya había adaptado indirectamente a Lovecraft en Sherlock Holmes: The Awakened (2007)

Porque Frogwares elige adaptar a Lovecraft. Frogwares elige inspirarse en historias que específicamente están teñidas de xenofobia y racismo. Frogwares elige potenciar estas metáforas a través de la historia original que cuenta. Si Lovecraft es inseparable de sus ideas, The Sinking City también lo es - y el juego utiliza la mitología cargada de paranoia racial del autor sin criticarla ni enfrentarla de formas que no sean superficiales.

Danielle Reindeau de Waypoint tuvo una conversación con miembros de Frogwares sobre este tema, pero aunque la respuesta resultó satisfactoria para la periodista, a mí me suena tan confusa como las declaraciones de Ubisoft sobre sus juegos "apolíticos". Frogwares, a través de su relacionista público, dice que "los prejuicios raciales eran parte de los años '20, y por eso tenemos cierto grado de xenofobia en el juego. Al mismo tiempo, no queremos mostrarlo desde la perspectiva moderna, y no es el tema principal del juego. Es una de las muchas partes del mundo a las que nuestro héroe se expone."

Me cuesta entender si la traducción acrítica de estas ideas es descuido o ignorancia, pero la sensación que me queda es que las ideas están siendo comunicadas sin filtro, y que por lo tanto expresan la misma visión xenófoba y racista de Lovecraft.

The Lurking Horror (1988) fue uno de los primeros juegos en tomar a Lovecraft como inspiración

Lo que no implica, por supuesto, que cada lector que disfrute de su obra comparta su ideología. Hay mil razones de peso para admirar la obra de Lovecraft. Su universo es original, sus creaciones fascinantes, y pocos autores tienen la capacidad de transmitir emociones tan específicas, tan oscuras como su propia visión del mundo. No soy el único que considera que la perversión de sus ideas está atada de forma intrínseca a ese “horror cósmico”. El ya citado Houellebecq (autor del extenso ensayo sobre Lovecraft “Contra el Mundo, Contra la Vida”), sugiere que “el carácter de Lovecraft es fascinante porque sus valores son tan opuestos a los nuestros”, pero creo que la razón detrás del amorío de Lovecraft y los videojuegos (un medio que sin duda odiaría) tienen que ver con cosas más simples.

Lovecraft suele pegar en la adolescencia, y enamorar a los introvertidos, a los creativos, a los jóvenes misántropos que alguna vez fuimos. Los héroes de Lovecraft se caracterizan por una superioridad intrínseca al resto de la sociedad. Son investigadores, académicos, policías: los que “ven más allá”, los que estudian la naturaleza humana y han identificado un horror que va más allá de lo evidente. No es raro que el adolescente lector se identifique a su vez con esta angustia específica.

Y es que la angustia está en el centro de la obra de HPL. En particular, una visión romántica y trágica de la locura, inevitable, destructiva, hereditaria que el autor creía se había llevado a sus padres a la tumba antes de tiempo. En Lovecraft la locura es una consecuencia directa de esa visión. El que profundiza en el horror cósmico y abre los ojos a la verdad, será destruído por su propia mente. Para el depresivo, Lovecraft es un bálsamo. Porque en su universo, ese dolor inexplicable que sentís, que no sabés ni como explicar, es lo que te hace especial.

Las fantasías de Lovecraft encajan tan bien con la adolescencia porque son un poco la evolución natural del tropo del “elegido” que se repite en Harry Potter, Superman, Star Wars. Cuando nos damos cuenta que no somos el niño especial que nació en la familia equivocada y esconde un poder único, nos convertimos en la sombra que carga el peso del mundo. El muerto en vida que vió más allá y no tiene esperanzas por el futuro. Hasta que, claro, superamos a Disney, a Lovecraft, y seguimos con nuestra vida.

La enemiga final de Quake (1996) es Shub-Niggurath, una deidad lovecraftiana

O no. El culto de Lovecraft, por alguna razón, persiste en los videojuegos como en ningún otro medio. Todos los años vemos tres, cuatro, diez juegos inspirados de alguna forma u otra en los mitos de Cthulhu, pero jamás existió una película o serie de televisión de alto perfil que hagan referencia a la obra del autor.

Sería simplificar las cosas sugerir que la fascinación del gaming por Lovecraft tiene que ver con una continuación de esa conexión adolescente, pero a la vez me resulta extraño que ninguno de estos juegos busquen tener una conversación con la obra. Que incluyan estos pulpos satánicos sin el más mínimo análisis de su origen. Que apliquen los tropos del autor sin conectarlos con su ideología.

La novela Lovecraft Country pronto será una serie de alto perfil de HBO

Otros autores modernos han enfrentado el racismo del autor a través de relecturas de su obra como “El Legado de Innsmouth” de Ruthanna Emrys, que presenta a los híbridos de Dagón como las víctimas de la historia. “Lovecraft Country”, de Tom Ruff, muestra a los héroes de Lovecraft como los verdaderos opresores detrás de las injusticias sociales de principios del Siglo XX. Victor LaValle, en “La Balada de Tom el Negro” muestra “El Horror de Red Hook” a través de los ojos de uno de los habitantes del asentamiento en el que el cuento original transcurre.

Esta recontextualización de Lovecraft es necesaria, porque esos rasgos que se sienten casi adorables en el lector adolescente de HPL (la superioridad intelectual, la romantización de las enfermedades mentales) son los mismos que vemos reflejados una y otra vez en la comunidad tóxica que hoy es plaga en el gaming - y que casualmente termina adoptando las ideas supremacistas del autor.

El juego argentino Cthulhu Virtual Pet (2015) deriva su humor del choque del horror cósmico y el adorable Tamagotchi

Quiero pensar que la exaltación de esas ideas en “The Sinking City” es simple torpeza por parte de Frogwares, pero es difícil asumir la buena fe de un equipo de desarrollo después de papelones como los de Mordhau y Kingdom Come: Deliverance. O al menos tan difícil de asumir como la de un creativo en cualquier otro medio.

La figura de Lovecraft es imposible de separar de sus creencias. Su obra refleja cada una de estas ideas. Sus tropos son problemáticos, y aunque está lejos de ser la única figura problemática en el arte, me sorprende la ferocidad con la que el gaming se aferra a su leyenda sin siquiera enfrentar su legado.

Otros medios se esfuerzan en “matar a papá”, en cuestionar a los maestros y evitar la reverencia vacía a los que vinieron atrás. A pesar de que seguimos teniendo elfos y enanos en los libros de fantasía, cada novela moderna exitosa es una crítica a Tolkien y un poco a lo que Michael Moorcock llamaba el "criptofascismo" del Señor de los Anillos. Que la obra tardía de Heinlein, cargada de propaganda libertaria, se toma casi en broma en la ciencia ficción, aún sin negar su influencia. Que la propia DC se negó a publicar la novela gráfica islamofóbica "Holy Terror" de Frank Miller, a pesar de que sea el autor que redefinió los cómics de superhéroes en la década del '80.

Por eso no podemos seguirnos indignando por la comunidad tóxica que rodea a los videojuegos sin preguntarnos por qué estéticas y temáticas problemáticas que otros medios rechazan de plano forman la base de las obras que consumimos.

En una época en la que las comunidades geek se han vuelto un caldo de cultivo de las mismas ideas supremacistas en las que Lovecraft creía, exaltar su obra y su vida sin el más mínimo cuestionamiento es un acto, al menos, irresponsable.

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