Opinion

CONTRATAPA: La peligrosa doctrina This is the Police

Si esta es la policía estamos hasta las manos.
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Por: Leon Valle

Hace poco más de dos años, en una fresca noche de agosto, le dediqué media hora a This is the police, un juego cuyo título y premisa me resultaban tan llamativos como inquietantes. Tras media hora de poca atención genuina, me quedé con la sensación de una experiencia que quizá buscaba representar las dificultades de un jefe de policía que tenía que caminar por una delgada línea moral y ética y que podía entregarse a la corrupción o morir con las botas puestas.

No volví a tocar This is the police desde aquella oportunidad y me olvidé completamente de su existencia hasta el lanzamiento de su secuela en PC en julio de este año y la posterior adaptación a consolas el mes pasado. Habiendo tenido un contacto inicial con el original me convertí en la elección natural para revisar la segunda parte, a la que por desgracia pude dedicarle una decena de horas durante la última semana.

Es irrelevante si el juego es bueno, divertido o efectivo en la ejecución de sus mecánicas. Poco importa si la historia es consistente o la narrativa, claramente inspirada en las películas de Tarantino y los Coen (en particular Fargo), está bien llevada. Mi problema con This is the Police 2 es su representación de las fuerza de seguridad, la forma en la que trata problemáticas reales de abuso de poder, racismo y sexismo y cómo convierte conflictos menores en una ruleta rusa en la que no existen consecuencias reales para la mano dura y el gatillo fácil.

El juego nos pone en la piel del sheriff de un pueblo de frontera encargado de tomar todas las decisiones del precinto y a la vez lidiar con sus propias relaciones con el crimen no tan organizado. De esa manera pasamos gran parte del tiempo mirando un mapa del pueblo, asignando agentes a cada una de las llamadas y escogiendo qué camino tomar una vez planteado el conflicto. 

Una anciana acusa a la cajera del banco de haberle robado todo su dinero. ¿Apelamos al diálogo para hacerle entender que está siendo irracional o la apuntamos con el arma para que baje los humos? Si probamos razonar con la señora y aún así se resiste, ¿intentamos reducirla con cuidado o le disparamos con un taser para resolver rápido la cuestión y volver a tiempo para tomar el café de la tarde? Podrá resultar sorpresivo, pero en ambos casos la segunda respuesta es la correcta.

Esta estructura de Elige tu Propia Represión es la que define a This is the police 2, un juego que con total liviandad nos informa que ese sospechoso desarmado que huía en bicicleta y decidimos atropellar con la patrulla murió aplastado, o que aquel manifestante con el que forcejeamos golpeó la cabeza contra el pavimento y falleció en medio de un charco de sangre. Como resultado los oficiales continuarán trabajando sin problemas y nosotros recibiremos un punto en lugar de los tres que el arresto nos hubiera significado. 

Los pibes están muertos pero bueno, algo habrán hecho ¿o no? 

Vale destacar que los puntos de desempeño están representados por tabs (ese cosito que se usa para abrir las latas de bebidas) porque aparentemente nada dice “policía” como los residuos de la cantidad de cervezas que deben ser consumidas para tolerar el trabajo. Pinceladas de ese humor negro (tan gracioso como la peste bubónica) se encuentran a lo largo de toda la aventura y paradójicamente sólo me reí en voz alta (para no llorar) cuando durante la introducción el narrador me dijo que en Gorraville no había cachiporras para todos los agentes pero sí un arma reglamentaria y un cuchillo de caza (sin dudas la mejor alternativa a esas tibias opciones no letales) para cada uno de ellos. 

Por fortuna el cuchillo sólo entra en juego durante una de las grandes novedades de esta secuela: las secuencias de estrategia y táctica por turnos a-la-XCOM. Más allá de que nunca nadie explica cómo un pueblo de un par de miles de habitantes se encuentra con una toma de rehenes o una amenaza de bomba dos veces por semana, es durante estos pasajes cuando aflora la peor cara de la brutalidad policial que propone el estudio Weappy Games, que invita al jugador a convertirse en jurado, juez y ejecutor sin dar demasiadas explicaciones. 

Las escenas de ataque táctico, como el resto del juego, gozan de una dificultad extrema que rara vez permite salir airoso con de un ataque sin un par de cuerpos fríos. Sucede que más allá de las intenciones del jugador, las mecánicas proponen la ejecución como salida fácil y no castigan de ninguna manera las imprudencias o el exceso de fuerza. Resolver cualquiera de estas secuencias con una masacre o apresar a todos los delincuentes se celebra con la misma placa de “VICTORIA” en la que un patrullero recorre las calles siendo vitoreado por la población como si de un desfile se tratase. La muerte de un rehén se traduce en una misión fallida de forma instantánea mientras que el asesinato de un delincuente por la espalda al mejor estilo Sam Fisher se recompensa con un punto, porque en Chocobar City ambas son bajas civiles pero claramente algunos civiles son más civilizados que otros.

Al final del día la evaluación del trabajo policial se reduce a un mero “cuántos delincuentes fueron detenidos de la forma que sea” contra “cuántos chicos buenos resultaron heridos” en una peligrosa simplificación binaria de un sistema plagado de necesarios grises y responsabilidad sobre el uso de la fuerza. 

This is the police 2 también se hace eco del sexismo que caracteriza a las instituciones de una forma tan ingenua que más que indignación genera risa. Jack Boyd, el protagonista, es un delincuente que toma el control inmediato de la comisaría sólo porque la sheriff Lilly Reed no es respetada por sus pares ni los delincuentes y le cede el mando en los primeros diez minutos sin mayores alegatos. A su vez, que un agente se niegue a compartir la patrulla con una mujer se resuelve de la misma manera que el caso de otro que no quiere investigar porque le duele el juanete y el de un tercero que pide no venir a trabajar porque quiere quedarse en casa leyendo ciencia ficción. 

Weappy Games canta bingo con su tratamiento del racismo, en apariencia inexistente en esta utopía de policías de pueblo fronterizo que resuelven conflictos con un cuchillo de caza, pero en el que resulta llamativo que las únicas descripciones que se refieran a la etnia de la víctima sean aquellas que involucran a individuos “de piel oscura”.

En medio de un avance sistemático de políticas de derecha en todo el mundo y en un contexto social en el que conviven con movimientos como #MeToo o #BlackLivesMatter, This is the police 2 es un juego peligroso y nocivo. Celebratorio del gatillo fácil, la mano dura y la tortura, con un tratamiento displicente de la corrupción y la influencia de las mafias en la estructura del Estado, impone una doctrina injustificable e intencionalmente aislada de la realidad en la que vivimos.

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