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Spore, 11 años después ¿un bodrio o adelantado a su tiempo?

¿Era tan complejo como lo recordamos? ¿O era mucho más simple de lo que tendría que haber sido? ¿Era tan aburrido?

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Por: Tomás García

Spore, 11 años después ¿un bodrio o adelantado a su tiempo?

Spore, 11 años después ¿un bodrio o adelantado a su tiempo?

Spore a esta altura ya debe ser un mito del gaming. El típico ejemplo del juego que sucumbió bajo el peso de su propio hype. Y claro, los dedos inmediatamente irán a No Man’s Sky, pero esto fue diferente. Acá estamos hablando de Maxis, y Will Wright, pioneros del gaming en la cresta de la ola, cuando un día como hoy de 2008 liberaron al mundo su ¿obra cumbre?

Para esos tiempos pocos juegos tenían tanto hype como los de Will Wright. Después de algo como The Sims, lo próximo que hiciera tenía que ser tan, o hasta el doble de revolucionario. Y a Spore le cabía el rótulo a la perfección. Para sumar al hype, el creador de personaje fue lanzado de forma gratuita unas semanas antes del juego, lo que creó una gran comunidad de creadores que hicieron cosas verdaderamente extraordinarias. Y aún para un novato, este pequeño programita era una verdadera joya de diversión. Las miles de posibilidades ofrecidas por el creador, que después podías probar en un espacio limitado, mostraban un pequeño vistazo al futuro del gaming —inclusive un futuro más adelantado que el nuestro—.

Casi como si fuera un chiste, la primera etapa, la celular, es la mejor del juego. Empezamos como un organismo unicelular, comiendo cositas y huyendo de bichos más grandes. Eventualmente empezamos a comer nosotros intercambiando ADN por mejoras en ataque o defensa. A medida que comemos criaturas y nos agrandamos, nuestra perspectiva cambia con nuestro tamaño y formamos parte de un nivel nuevo parte del mismo ecosistema. Y el fondo nos muestra impresionantes imágenes de las temibles criaturas que vendrán más adelante. Es simple y efectivo. Y lo mejor de todo, dura cuanto tiene que durar. A diferencia del resto, no excede su bienvenida.

Spore: El juego que no sabía qué quería ser.

Y la cosa no mejora porque, como bien dijimos, los siguientes niveles son cada vez peores. Pero primero lo primero. Una vez pasada la etapa Celular podemos crear nuestra criatura. Acá es donde nos pasamos horas, todavía más que en The Sims, diseñando nuestro horrendo monstruito, que en el futuro iba a ser salvajemente (genéticamente) modificado con otras partes, solo por su valor estadístico. Ahí nomás empieza la etapa de Criatura, donde nos alimentamos,  comunicamos y eventualmente reproducimos en un montón de horrendos monstruitos. Eso nos lleva a la etapa Tribal, indudablemente la peor de todas.

Esta es la que agrega la cámara isométrica y nos permite controlar varias criaturas a la vez, pero los controles parecen realmente diseñados por el enemigo. Quienes quieran que fueran, no estaban pasando en un buen momento. A esta base temblequeante se le suma un modo Civilization en la etapa Civilización. El objetivo es conquistar una de las tribus adyacentes, mientras mantenes la ciudad propia. Este modo era literalmente como un Civilization simplificado, pero más simple sobre todo, en las herramientas que te daba para alcanzar el objetivo. Buen negocio. Finalmente llega la era Espacial, que es más un minigame glorificado que otra cosa. ¿Para qué? 

Entonces: ¿Es Spore hoy un bodrío o un juego adelantado a su tiempo? Eh, ¡ambas! No hay ninguna duda que Spore, más allá de tener un alcance no tan complejo, su creador de personajes y la forma que evolucionan las criaturas, continúa siendo impresionante hasta el día de hoy. Que Spore no sea un buen juego, o uno muy divertido, no quiere decir que no sea ambicioso y sorprendente. Y realmente nos hace extrañar estudios como Maxis, que ya no existe en la misma forma de antes, y por qué no, diseñadores como Will Wright que siempre están tratando explorar los límites —si es que existen— de este maravilloso medio.

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