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SOLO: CRÓNICA DE FRACASO ANUNCIADO

Cuando el carisma solo no alcanza.
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Por: Mariano Rizza

Mentiría si dijera que el anuncio de una película de Star Wars por año “hasta que no dé más” no me pareció extraño. Es verdad, no soy un fan de la primera hora y mientras que disfruto de su ofrenda de acción y ciencia ficción, esta opereta espacial no despierta en mí la pasión que veo reflejada en los ojos de la mayoría de los amantes de la cultura Pop. A su vez, que no tenga tatuado el Halcón Milenario en el pecho no significa que soy ajeno a su éxito y su encanto, comprendiendo por qué es la segunda franquicia cinematográfica más exitosa de la historia y una inquilina inamovible en el podio de los juguetes y merchandising alusivo - ya que no tendré el tatuaje de la nave más veloz de la galaxia, pero si un par de droides dando vueltas por casa.   

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Es por esto que por más que el anuncio de un nuevo lanzamiento de la saga siempre llama mi atención de manera moderada, la noticia de un spin-off contando la historia de origen de Han Solo me hizo ruido desde un principio. El personaje de Harrison Ford es uno de los íconos más grandes del universo Star Wars, pero tal vez por todos los motivos equivocados. Será porque soy un tipo más tranquilo que siempre busca congeniar, que no encuentro el encanto en la prepotencia y el desinterés del personaje. En pantalla, Han es el bully de campera de cuero de la película de secundaria yankee de los ochentas, alrededor del que todos quieren estar. Detrás de cámaras, Harrison es un tipo que realmente no perseguía más que el cheque y no le daba vergüenza demostrarlo. Si hay alguien que es el primero en levantar la mano para hablar mal del personaje, es Ford.

Sin embargo, si un casco que sólo tiene 2 minutos 45 segundos de pantalla en la trilogía original puede convertirse en una sensación de culto - después de todo la peli de Boba Fett ya fue anunciada -, Han Solo no merece sólo una película, sino toda una franquicia aparte. Lamentablemente, esto se ve cada vez más difícil, ya que por más que los fans acérrimos dieron el visto bueno y los verdugos de la opinión pública como ser Rotten Tomatoes y Metacritic la califican con valores mayoritariamente positivos, el ingreso de taquilla de la segunda Historia de Star Wars está lejos de una recompensa considerada digna por el propio personaje.   

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Al día de hoy, luego de un fin de semana largo tanto en Argentina como en los Estados Unidos, la película dirigida por Ron Howard recaudó aproximadamente U$S100M en la taquilla norteamericana, quedando notablemente por debajo de los U$S130M proyectados antes del estreno. Esto desde ya es un vagón de plata para todo nosotros, pero cuando uno va poniendo todo en perspectiva es donde los números ya no cierran, partiendo de la base que la película superó con creces su presupuesto de producción original al tener que refilmar casi la mitad de la misma, gastando unos U$S300M en total. Por el lado positivo, si tenemos en cuenta otros ejemplos de la factoría Disney como ser Thor, Captain America: The First Avenger y Ant-Man, su fracaso inicial de taquilla tuvo una historia de Patito Feo, convirtiéndose en un hermoso número con el paso del tiempo y la llegada de las ediciones hogareñas tanto físicas como digitales. Sin embargo, mientras que la platea popular todavía tenía que conocer a personajes como el Dios del Trueno y el Hombre Hormiga, Han Solo es una celebridad establecida en todas las galaxias y cuando uno de los personajes más grandes de la ciencia ficción y la cultura Nerd fracasa tan fuerte en su primer intento, no es raro tener un mal presentimiento al respecto.  

A nivel local, donde transformamos todo en bandera y cantito de cancha, la pasión por el personaje - que cualquiera podría decir que es argentino y nadie lo miraría raro - recibió una respuesta igual de tibia. Al día de hoy, se registran apenas 84.911 espectadores, quedando por debajo de Deadpool 2, Animal (nueva película de Guillermo Francella) e Infinity War, la cual en su cuarta semana consecutiva en cartelera, cosechó diez mil espectadores más que la biopic de nuestro contrabandista espacial. La sorpresa se comparte de igual manera en las salas de todo el mundo, con reportes de los dueños de diversas cadenas extrañados ante no llenar ninguna sala hasta el momento cuando, generalmente, un estreno de Star Wars significa filas y filas alrededor de la manzana.

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Ahora bien ¿a qué se debe esto? La teoría que más eco hace en todos los rincones de Internet es la saturación del contenido y algo de esto debe haber. En un mundo donde lo difícil es no estar informado, el bombardeo con imágenes y noticias desde el primer día de la pre-producción hasta el momento del estreno, generan una fatiga que poco a poco va desgastando las ansias que suelen gestarse desde el anuncio. Sobre todo en una producción como está, la cual tuvo una línea de tiempo más que convulsionada con cambios de directores, cronogramas de filmación inhumanos y hasta clases de actuación para el ya contratado protagonista de la película. Y mientras que es cierto que no todo el mundo sigue las noticias del cine como un maldito nerd y que el grosor de la taquilla lo engorda el público general y no el nicho de fanáticos, hoy por hoy es realmente difícil no levantar la información aunque sea de oído, por lo que la crónica del cambalache del rodaje de Solo puede haber cansado a más de uno.

Sin embargo, creo que el problema que enfrenta la saga de las galaxias puede ser mayor. Cualquiera diría que si Star Wars enfrenta una saturación, las pelis de Marvel - las cuales ocupan el primer puesto entre las franquicia cinematográficas más exitosa de la historia - tendrían que estar pasando por lo mismo con diez años ininterrumpidos en cartelera, pero vemos como Infinity War al día de hoy genera más interés que Solo. Si a esto le sumamos que los personajes de La Casa de las Ideas llevan unos ochenta años de gira, contra los cuarenta de la creación de George Lucas, la balanza debería inclinarse para el lado de Star Wars. Aún así, la diferencia principal entre estos dos contenidos es que mientras las propiedades de Marvel siempre continuaron en rotación, La Guerra de las Galaxias contó con dos grandes periodos de inactividad que fueron de 1983 a 1999 y luego de 2005 a 2015. Sin contar las series animadas, los videojuegos y el descanonizado universo expandido, el aire entre estrenos debería darle a la serie de Lucasfilms una ventaja de frescura y sin embargo parece ser todo lo contrario. Teniendo esto en cuenta y considerando que de haber existido Twitter en ese momento, las precuelas de principio de siglo también hubieran sido víctimas del #NotMyStarWars, ¿existe la posibilidad de que ya no haya un genuino interés en la franquicia en general?

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De buenas a primeras los números de The Force Awakens y The last Jedi demuestran lo contrario, pero hoy el declive llega por parte de los fanáticos desenamorados. Cabe destacar que no podría estar más en desacuerdo con los disparates por los cuales algunos retrogradas no bancan el nuevo canon, pero sí debo decir que aún más allá del mismo, las nuevas películas no me resultaron interesantes. No importa quién sea el nuevo abanderado de la fuerza o que despota tenga el casco y/o las cicatrices más bonitas, lo que no encuentro en Star Wars es algo nuevo para contar. Como en la vida misma, los personajes cambian pero el conflicto es siempre el mismo y a medida que la historia parece alejarse cada vez más del clan Skywalker, los fanáticos cada vez tienen más ganas de volver al “No, yo soy tu padre”. En términos más mundanos, Star Wars es esa pareja con la que - probablemente en la adolescencia - rompimos y volvimos varias veces. Desde la segunda vuelta ya no era lo mismo y la insistencia se debía siempre el recuerdo del primer amor, el cual no se podía replicar porque el tiempo pasa y las personas cambian.

Es verdad que Star Wars hoy está presentando héroes para la nueva generación. Como en su momento algunos tuvimos a Leia y Luke, hoy un montón de niños globalizados pueden reflejarse en Rey y Poe. Lamentablemente, los padres de esos niños son los que pagan las entradas al cine y con una sobrepoblación de contenidos afines a sus intereses actuales al alcance de cualquiera de los dispositivos móviles que ya tengan encima, Star Wars no es más que una agradable fábula de la niñez. De todos modos, no todo es culpa de los adultos que pierden la capacidad de sorprenderse sino que no todas las historias pueden extenderse al infinito. Los cómics podrán tener sus crisis infinitas y Goku contará siempre con pantoneras enteras para representar a través de su pelo el nuevo nivel de poder alcanzado, pero la gloria de Star Wars fue una historia contada en tres actos, donde un grupo de rebeldes con todas la de perder vino, vió y venció a un villano del cual no necesitábamos saber su biografía completa desde el potrero en Tatooine hasta su depresión post parto para comprender su redención.

Es natural querer que todo dure para siempre y tal vez debería ser natural comprender que no lo puede ser. Esto no es una carta de desamor a Star Wars y sus personajes, sino un mero intento de entender por qué la madre de todas las epopeyas cósmicas cada vez tiene menos empuje. Tal vez sea porque ya contó lo que tenía que contar. Tal vez, como todo en la historia, terminó siendo enterrado por las arenas del tiempo. Con el cuerpo de Solo aún tibio es temprano para declarar la muerte de toda la franquicia pero, ahora Episodio IX tiene el peso de toda otra responsabilidad sobre sus hombros. Quizá, luego de esa entrega y antes de arrancar a producir series televisivas de presupuestos desorbitantes, habría que empezar a considerar dejar todo esto en una galaxia lejana, como tendríamos que haber hecho desde hace mucho, mucho tiempo.

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