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Guillermo Leoz se suma a Malditos Nerds

Uno de los periodistas de videojuegos más experimentados del país se presenta con una pequeña carta biográfica.
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Por: Guillermo Leoz

¿Qué tal? Mi nombre es Guillermo Leoz y soy periodista de videojuegos. Sí, así me defino y así me presentó. Parece raro escribir esas palabras o poder afirmar que esa es la profesión que uno eligió en un país como la Argentina, pero es la verdad. No es fácil, no te lo enseñan realmente en ningún lado, cuesta profesionalizarse (si es que acaso alguna vez uno lo hace) y aquellos lugares donde uno puede ejercer este trabajo, lamentablemente, escasean. 

Malditos Nerds es uno de ellos y tengo el enorme privilegio de poder sumarme a este equipo. Pero además soy alguien atravesado por todo aquello que hoy parece estar de moda pero que en un momento no era tan así y me refiero a los comics, las series, el anime y el cine. Por lo tanto y a modo de bienvenida estas son algunas líneas para que nos familiaricemos un poco más y rompamos el hielo.

Tengo 28 años y todo lo que rodea al mundo nerd está presente en mi vida casi que desde que tengo memoria. No recuerdo una época donde no fuera algo que me resultara atractivo. En cuanto a los videojuegos mi primer acercamiento habrá sido en algún arcade donde mis padres probablemente simularon que ponían una ficha y que realmente estaba jugando; pero mi primer contacto real fue con Mario en la NES (o en el “family”, porque honestamente no nos daba la plata como para tener la auténtica consola de Nintendo). Desde ese entonces el gaming pasó a ser algo central en mi vida. Donde hubiera una consola, una computadora o un fichín, yo quería estar.

Mi papá fue clave en el hecho de no sentir vergüenza por aquello que me apasiona. Él hacía automodelismo y pasaba horas y horas diseñando y preparando autos; el nunca abandonar ese hobby, el no dejarlo incluso cuando a veces mi mamá ponía cara de pocos amigos, me enseñó a no soltarle la mano a lo que uno ama. Eso mismo lo trasladé a los comics y, sobre todo, al mundo de los superhéroes. Él era arquitecto y todavía guardo varios dibujos que me hacía de Batman y Robin con el diseño de la serie de Adam West; esa misma cuyos capítulos mi mamá me grababa en VHS para que viera cuando volvía del jardín de infantes. Batman es ese personaje que siempre estuvo en todas las etapas de mi vida y cuyo filosofía y tenacidad me han enseñado más que cualquier profesor. También es ese personaje que me ayudó a descubrir a un director como Christopher Nolan, del cual me volví un fundamentalista y un amante de su filmografía. 

No era un chico que sufriera bullying o que fuera discriminado en el colegio como lamentablemente muchas personas sí fueron; pero mi refugio, el lugar donde me sentía más cómodo, donde me sentía totalmente libre de ser yo mismo era en los fichines. No había pudor, no había vergüenza, no había prejuicios. Era todo disfrute. Incluso cuando alguien ponía una ficha en Marvel Vs Capcom sin mi consentimiento y me ganaba, yo estaba en el lugar que tenía que estar. Amaba ese juego aunque sabía que no era bueno; sabía que Megaman y Spiderman quizás no eran la dupla más balanceada, pero yo los elegía igual. Ese fue el juego que selló mi amor también por el universo Marvel; las series animadas de X-Men o Spiderman ya había hecho lo suyo, pero poder pelear de repente con Capitán América, War Machine, Hulk o Venom me abrieron la puerta a un mundo fascinante. Hoy por hoy ese amor se traslada al cine donde cada película de esos personajes es una cita obligada, un evento que no hay que perderse y que rara vez no cumple con las expectativas. 

Esos personajes (y también los de DC, obviamente) me introdujeron al mundo de los comics y si bien en un principio leía las obviedades o los eventos más populares, luego uno se empieza a informar más, a darse cuenta quiénes son personas como Grant Morrison y a explorar otros rubros o creaciones que no sólo tengan que ver con superhéroes como por ejemplo Saga, la obra de Brian K. Vaughan. 

En cuanto a mi vida gamer, seguí el camino que muchos hemos seguido en este país: PlayStation 1, PS2, una buena PC y eventualmente PS3 (la primera generación de consolas donde empecé a comprarme los juegos por mi cuenta) para luego ya dedicarme más a fonda a esta profesión y tener que interactuar con todas las plataformas. Pero lo importante fue que incluso en la adolescencia, en un período donde muchas personas abandonan lo que consideran “jueguitos”, por miedo al qué dirán o por creerse ya adultos para estar perdiendo tiempo con cosas para “chicos”, no bajé los brazos y no abandoné esta pasión. De hecho hice todo lo posible para que muchos amigos y amigas no le tuvieran miedo o no tuvieran una idea errónea de lo que es el gaming. 

Durante esa época también empecé a meterme de lleno en el mundo de las series, un concepto que cuando era más chico no existía realmente, porque todo era “dibujitos”. Empecé viendo principalmente “24”, la épica serie protagonizada por Jack Bauer que hoy por hoy me despierta más de una contradicción a nivel ideológico pero que sigo recordando con cariño. Lost también fue todo un hito, sobre todo cuando la internet se empezaba a volver más accesible y pasaba horas y horas buscando teorías. Pero siempre tuve una debilidad por series adolescentes cuyo mejor exponente fue Skins, una británica que por primera vez mostraba aquello que realmente nos pasaba a pibes de esa edad y no fiestas con vasitos rojas en casas de suburbios estadounidenses. Ya en la era del streaming uno pasa a consumir una cantidad mayor de productos y quizás a fanatizarse menos, pero imposible no destacar series como Black Mirror, Sherlock, Misfits o Utopia, que sobre todo en sus primeras temporadas subieron la vara en cuanto a valores de producción y estética. Por suerte hoy vivimos en un mundo donde millones y millones de personas son fanáticos de series como Game Of Thrones, pero no puedo evitar pensar que en una época eso hubiera sido muy difícil.

En cuanto a lo que tiene que ver con mi labor periodística relacionada al gaming siento que siempre tuve una “misión”: legitimar los videojuegos; tirar abajo barreras, sacarlos del ostracismo, llevarlos a un público más amplio, y sacarles el olor a huevo (hablando mal y pronto). Para eso una vez que empecé a trabajar en medios de comunicación (allá por el año 2010) todas las reviews, notas de opinión, podcast, videos y streams que he realizado, han sido con ese propósito y con esa intención.

Ya en la facultad intentaba hacer informes sobre la industria nacional de videojuegos; trabajé durante varios años en una web llamada ASPEB (donde teníamos un podcast, radioteatros, fiestas con temática gamer, análisis, eventos, etc); en radio también trataba que se hablara siempre del tema hasta llegar a tener un programa propio llamado Hype; tuve la oportunidad de relatar CSGO para toda latinoamérica a través del canal TruTV en lo que fue la ELEAGUE y más recientemente me metí en el mundo de YouTube de la mano de un canal en el que realmente intenté hablar sobre gaming desde un punto de vista más maduro, por así decirlo, que no sólo se quede en el cinismo, en la queja y en lo técnico, sino que pueda hablar sobre los videojuegos como industria, sobre su impacto cultural, sobre cómo podemos hacer para que se sume más gente a esta hermosa locura y cómo podemos ser jugadores más responsables, comprometidos y respetuosos.

Esa misma filosofía la llevé al canal de Twitch personal que abrí hace un tiempo y donde por suerte se está formando una comunidad que refleja esos valores. La idea es continuar con esta línea acá en Malditos Nerds y llevar estos mismos conceptos a un público todavía más grande. 

Si tuviera que contarles qué juegos me marcaron o cuáles me siguen impactando, tengo que caer inevitablemente en aquel me marcó de por vida y ese es Half Life. Un juego que revolucionó la manera de contar historias, que usó un lenguaje que sólo los videojuegos pueden dar pero que lo combinó también con un enorme título de acción que cambió los juegos en primera persona para siempre. Desde que me topé con la obra de Valve que pasé a darle mucha importancia a lo que esta industria tiene para ofrecer en cuanto a narrativa. El contar historias y el hacerlo de una manera única, innovadora y que se sale del molde es uno de los aspectos que más me atraen hoy por hoy. 

Así llegué a amar en los últimos años experiencias como Gone Home, Firewatch o SOMA. Pero también me han marcado juegos donde uno va forjando su propia historia, su propia leyenda y en eso la saga Mass Effect juega un rol muy importante (la trilogía original, Andromeda es como si nunca hubiera existido). Las aventuras gráficas de LucasArts fueron importantes en mi formación como gamer y en cómo me permitieron apreciar un buen guión, geniales personajes y cómo me prepararon para la posibilidad de que también pudiera haber humor en videojuegos. Pokemon Red fue mi primer JRPG sin saber que estaba jugando un juego de ese estilo (lo jugaba en emulador, nunca tuve Game Boy) y es uno de los juegos que más veces revisité en mi vida.

En el terreno más de lo cinemático por supuesto que no puedo dejar de mencionar a la saga Metal Gear, que por momentos agarró mi cerebro y lo dio completamente vuelta en formas que nunca había experimentado en una consola, una sensación que volví a experimentar más recientemente en Nier Automata. Incluso la saga Uncharted también se ha ganado un lugar en mi corazón al permitirnos vivir casi en carne propia una gran aventura digna del mejor tanque hollywoodense. The Witcher 3 o Red Dead Redemption también son juegos que me marcaron y que demostraron cómo contar grandes historias en un mundo abierto. 

Obviamente que de más chico amaba juegos como Crash Bandicoot, los Tony Hawk, Spyro y cualquier beat em’ up que se me cruzara, pero siento que hoy por hoy me interesa más otro tipo de experiencias, otro nivel de interacción. Cada tanto uno vuelve a esos viejos amores y la pasa genial, pero rápidamente nos damos cuenta que nosotros hemos crecidos, hemos madurado, hemos evolucionado y el gaming también lo hizo. Quizás crecimos de la mano, quizás uno influenció al otro, pero la realidad es que estamos en el mejor momento para disfrutar del mundo de los videojuegos. Nunca hubo tanta diversidad, tanta oferta, tanta variedad de géneros y de desarrolladores dispuestos a darnos experiencias profundas, que nos marcan de la misma forma que lo puede hacer un libro o una película. Siempre digo que los videojuegos son el entretenimiento definitivo ya que ofrecen todo lo que otros pueden dar pero con un nivel de interacción inigualable. 

Espero que ahora me conozcan un poco más y que juntos sigamos demostrando que el cine, los juegos, las series y los comics, ya no son para unos pocos, que ya no son un nicho, que no hay que avergonzarse, ni ocultar aquello que amamos.  

-- Guillermo Leoz

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