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Especial Aguafuertes: Historias mínimas

V.Dylan nos trae tres de sus relatos autobiográficos, esta vez unidos por un hilo conductor claro. Se trata de pequeñas historias dentro de una vida relacionada íntimamente con los videojuegos.
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Por: Victor Gueller

Capitulo 8: Un fracaso pequeño

Una de las caracteristicas de mi persona que menos orgullo me produce es el incontrolable espiritu competitivo que me invade ante cada desafio. Si bien en algunos casos es necesaria y hasta recomendable una pequeña dosis del mismo, en mi caso se ha visto muchas veces traducido en conductas totalmente irracionales.

Quizas el primer atisbo de este comportamiento lo haya sentido en mi primera infancia, cuando a lo largo de toda la escuela primaria me obsesione con ser el abanderado y obtener cuanto galardon academico hubiese disponible. Hoy en dia, me avergüenza recordar tal situacion, sobre todo teniendo en cuenta mi actual descreimiento sobre la educacion formal en su conjunto. El verdadero aprendizaje, desde mi humilde perspectiva, esta lejos, muy lejos de las escuelas y universidades.

Aquella conducta nunca desaparecio, sino que fue mutando con el correr de los años. Y los videojuegos, ofreciendo infinitas modalidades competitivas, no podian ser la excepcion. Una de las artimañas mas absurdas que he utilizado, fue prohibirle a mi hermano el disparar desde fuera del area en el clasico International Superstar Soccer de SNES. Claro, el sabia hacerlo y yo no; por lo que aprovechando mi condicion de hermano mayor, estableci unilateralmente como regla la veda absoluta de aquel valido recurso.

El ejemplo citado no es el unico, aunque seguramente sea el mas grave. Afortunadamente, los años no solo me trajeron una incipiente calvicie sino tambien algo de sensatez. Con la madurez, mi aficion por los retos no se amaino pero supo mantenerse dentro de unos limites de racionalidad mas normales.

El relato que pasare a contarles tuvo lugar hace muchisimos años, aunque mi memoria no podria precisar exactamente cuando. Un coqueto local de videojuegos ubicado en el barrio de Belgrano oficiaria de anfitrion para un torneo de Super Mario Bros 3. Al enterarme, mi insistencia logro que mi madre nos inscriba, tanto a mi hermano como a mi. El desafio consistia, si mal no recuerdo, en avanzar lo maximo posible a lo largo de los 20 minutos de competencia. Por una cuestion de edad, mi hermano y yo participariamos en categorias diferentes, lo que evito un eventual conflicto fraternal de proporciones dantescas.

Tras dias de arduo entrenamiento, el momento de la verdad habia llegado. Confiado, me sente frente a una de las pantallas, observando de reojo y desconfiadamente a mis cinco rivales. Solo los dos mejores clasificarian a la segunda ronda. Una simpatica promotora dio la orden y cada uno de nosotros se concentro exclusivamente en su juego. Pude cumplir con mi estrategia, logrando desempeños tan buenos como los que solia conseguir en mi casa. El problema fue que el resto de los competidores tambien habia practicado. Y evidentemente de mejor manera que yo. Al sonar el silbato que daba por finalizado el duelo, mi ubicacion fue un cuarto lugar, muy cercano al tercero pero lo suficientemente lejos del segundo como para no poder poner ningun tipo de excusa. Quede eliminado.

Unos minutos mas tarde, mi hermano logro el segundo puesto en su serie, clasificando a la siguiente etapa. El regreso al hogar fue incomodo. Compartiamos el asiento trasero del auto, pero no quise dirigirle la palabra. De alguna manera, el –el eterno player 2, el que siempre me pedia ayuda para avanzar- me habia superado. La sabiduria de mi madre logro lo inconcebible, a traves de una sencilla pero oportuna frase: “Ahora vas a tener que ayudar a tu hermano para que pueda ganar”. Un nuevo desafio se abrio ante mi, podria ser como el señor Miyagi en Karate Kid, como Mickey en Rocky.

A lo largo de la semana siguiente, podria decirse que cumpli con dignidad el rol de hermano mayor. Lo ayude, lo prepare y lo consenti. A esa altura, ambos sabiamos que el era mejor que yo, pero por una cuestion de respeto, nadie se atrevio a decirlo.

El domingo se produjo la continuidad del torneo, y entre los aproximadamente treinta participantes, mi hermano se ubico en el cuarto lugar, haciendose acreedor de diez alquileres gratuitos de videojuegos. Él fue merecidamente felicitado, y yo, increiblemente, no estaba celoso.

Un par de años despues, el mismo local realizo un torneo similar que involucraria a Super Mario World. Esa vez, el reto era hacer el mejor puntaje en un tiempo determinado. Todos los participantes utilizamos la misma estrategia: entrar en el nivel 1-2, y con un caparazon furtivo, sumar una buena cantidad de puntos derrotando a la hilera de tortugas que aparecia al comienzo del escenario. Una vez hecho esto, saliamos y volviamos a repetir el mismo accionar. Si, tan aburrido como suena.

En esta oportunidad, logre clasificar a la siguiente ronda, que de desarrollaria un domingo 12 de Junio, dia de mi cumpleaños. ¿Quieren saber el resultado? Nunca me presente. Desconozco que motivos habre tenido, pero preferi celebrar mas cerca de los afectos y un tanto alejado de los videojuegos. Quizas inconscientemente sabia que seria derrotado, y eso motivo mi ausencia.

Las experiencias precedentes no solo me retrotraen a vividos momentos de la infancia, sino que tambien sirven para intentar buscar el origen a muchas de mis obsesivas conductas. Algunas cosas nunca cambian. Probablemente, el dia de mi muerte me encuentre tan mañoso como hoy. Mi hermano seguira siendo el player 2, mas alla de cualquier concurso. Y Mario continuara indefinidamente derrotando tortugas en la simpatica isla de Yoshi.

Capitulo 18: Los sueños, sueños son

Unir palabras con coherencia y melodia no es una tarea sencilla. Esta ultima semana estuve buscando obsesivamente maneras ingeniosas de relatarles -a traves de este apartado- el modo gamer en que solia celebrar las fiestas de fin de año en mi niñez. Cuando las ideas comenzaron a aflorar y los parrafos parecian tomar forma, un recuerdo furtivo me visito anoche, obligandome a posponer el escrito navideño y ofrecerles en cambio la evocacion de una situacion pasada que creia haber olvidado para siempre.

Como ya les he contado anteriormente, creo haber tenido una infancia feliz. Los inevitables problemas de la vida adulta me eran totalmente ajenos y estaban convenientemente ocultos bajo un manto de silencio que recien descubriria varios años despues. En aquel entonces, los videojuegos eran mi mayor diversion y el mejor modo de escapar momentaneamente de la rutina escolar.

La presencia hogareña del Family Game era complementada con interminables tardes en el salon de arcade, que estaba convenientemente ubicado a escasos metros de mi hogar. Solia visitar aquel antro con Matias, mi compinche en esos maravillosos años.

Las fichas que se vendian por solo 10 centavos eran una invitacion dificil de rechazar para dos niños que buscaban desafios ludicos.

Alli logramos dar forma a un duo mas que respetable en el Street Fighter 2. Él controlaba a Guile y yo a Blanka. Nuestros combates eran memorables y solia reunirse un modesto publico a presenciarlos. Desde nuestra inocencia, soliamos derrotar a adolescentes y jovenes, cuyas reacciones posteriores oscilaban entre las formales felicitaciones y los insultos mas injuriantes. Por supuesto, nos divertia mas recibir la ira de nuestros rivales.

Los primeros meses de aquel 1992 transcurrieron rutinariamente. Al salir del colegio cruzabamos la calle y saciabamos nuestra sed de violencia virtual. La llamada de atencion ocurrio a mediados del año. Una noche, en apariencia igual a las demas, tuve un sueño perturbador. El mismisimo Blanka se apersonaba en mi hogar y sin ningun tipo de reparo asesinaba a toda mi familia, siendo yo el unico sobreviviente. Me desperte sobresaltado; la situacion aparento ser en extremo real y no pude volver a dormirme.

Despues de aquel suceso, comence a inventar excusas para no volver a visitar el salon donde descansaba la recreativa de Blanka y sus amigos. Responsabilidades hogareñas, cumpleaños de familiares inexistentes o problemas de salud; todo era valido para no cruzarme nuevamente con aquel luchador, encarnacion absoluta de todos mis temores. Matias, cansado y aburrido de ir solo, tambien fue perdiendo el habito. 

Por todo el resto de aquel año no volvi a acercarme a ningun salon de arcade. Me contentaba con la diversion ilimitada que podia ofrecerme el Family Game. Asimismo, mi amistad con Matias se fue resquebrajando y ambos comenzamos nuevas relaciones, beneficiados por la espontaneidad que solo los niños poseen.

Los recuerdos de aquel sueño se fueron haciendo mas difusos con el correr de los meses. Mi miedo se convirtio en un ligero temor y posteriormente en un moderado respeto. El advenimiento de mi Super Nintendo logro que me olvide para siempre de aquel lugar, que al poco tiempo se convirtio en una farmacia.

Mi presencia en los salones de arcade se limito unicamente a los periodos vacacionales, y Street Fighter 2 cedio su protagonismo excluyente a otros fichines como Toki o el inolvidable juego de Los Simpson. De todos modos, a veces me acercaba a el; los amores incondicionales suelen marcarnos para toda la vida. En aquellas oportunidades, introducia timida y desconfiadamente mis fichas. Pero al momento de elegir personaje, me decantaba invariablemente por Ryu. 

Capitulo 25: Los años monocromaticos

Las vacaciones veraniegas nos presentan una oportunidad inmejorable para disfrutar de nuestras consolas portatiles. Ellas, usualmente relegadas a un segundo plano, son quienes mejor se adaptan a las variables propias de esta estacion. A lo largo del año quizas preferimos explotar nuestro pasatiempo bajo la calida mirada de nuestros televisores; sin embargo, la innumerable cantidad de joyas jugables que podemos encontrar en las plataformas de bolsillo -tanto de Nintendo como de Sony- nos invitan a sumergirnos en sus pequeñas pantallas para brindarnos a cambio altisimas dosis de diversion.

A escasas horas de partir hacia la costa, la compañia de mi 3DS sera un hecho factico. Sabiendo que suelo despertarme muchisimo mas temprano que aquellos que me acompañaran en esta aventura, resulta necesario –y hasta obligatorio- contar con las opciones suficientes como para no aburrirme demasiado ante la soledad del amanecer.

Mas alla de lo expuesto, el presente texto tiene por finalidad recordar aquellos años en que la fascinacion por los fichines no necesitaba de graficos despampanantes ni de historias epicas. Por el contrario, bastaban escasas tonalidades monocromaticas para transportar hacia los infinitos mundos virtuales al niño que alguna vez fui. 

Los lectores mas veteranos sospecharan con nostalgia y acierto que me estoy refiriendo a la (no tan pequeña) Nintendo Game Boy. A mi Nintendo Game Boy. Aquella que me fue obsequiada en un cumpleaños cuando aun no tenia ni una decada de vida. Aquella que no necesitaba mas argumentos que el Tetris para obnubilarme durante horas.

En la ingenuidad de aquellos tiempos, y pese a ser lector de cuanta revista sobre videojuegos se me cruzase, solia priorizar los fichines protagonizados por personajes de mi agrado. La calidad poco importaba cuando podia tener frente a mi el inoxidable carisma de las Tortugas Ninja. Tambien Mario supo deleitarme con su fantastico Super Mario Land 2, titulo que nos presento en sociedad al inefable Wario.

La consola sobrevivio a considerables golpes y rayones, hasta que un fatidico dia su robusta anatomia decidio pasar a mejor vida. En su momento no lo lamente tanto, pues la Super Nintendo me brindaba todo lo que un joven gamer podria necesitar.

Un tiempo despues, creo que a mis 14 años, unas vacaciones que se presumian semanales se terminaron furtiva y caprichosamente tras escasos dos dias. Entretener a unos niños inquietos a lo largo del ardiente mes de enero probablemente sea una tarea que la gran mayoria de los padres encontrarian insostenible. Para remediar tal situacion, mi sabia madre nos consolo con un bello modelo de Game Boy Color, junto con el flamante Pokemon Yellow. Nunca fui un incondicional de la simpatica franquicia de los monstruos de bolsillo, aunque mi hermano si supo dedicarle cientos de horas, que se multiplicaron exponencialmente con el lanzamiento de Pokemon Silver & Gold. 

Los fichines que disfrute en aquella consola fueron escasos. A los ya mencionados debo agregar el monotono Pinball que tenia a Pikachu y sus amigos como protagonistas; al correcto V-Rally ´99: y al todopoderoso Zelda: Link´s Awakening.

El ciclo de vida de esta consola fue considerablemente mayor al de su predecesora. El tiempo, la adolescencia y el desgano la confinaron irremediablemente al olvido, hasta que un par de años atras fue vendida a un precio absurdo. Indudablemente, haber hecho esto fue uno de los pecados fichineros que jamas podre perdonarme.

Recapitulando un poco los acontecimientos, puedo decir que la Game Boy ha logrado sobreponerse a las circunstancias de mi vida. Si bien nunca le dedique la atencion que se merecia, su presencia supo ser una constante en mi habitacion. Sus ultimos años los vivio en un oscuro cajon, del que salia esporadicamente para ofrecerme una partida de Tetris, del mismo modo en que lo habia hecho mas de una decada atras. Espero que al dia de hoy, se encuentre en mejores manos. Y que su nuevo dueño pueda disfrutar de la pequeña gran felicidad que es capaz de ofrecer esta consola.

Te extraño, Game Boy. Estes donde estes.

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