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Especial Aguafuertes: El pasado

Recordando lo mejor de su repertorio, V.Dylan nos ofrece tres nuevas Aguafuertes cuya temática en común es el pasado, aquel lugar tan añorado por el autor.
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Por: Victor Gueller

Para continuar celebrando el nuevo sitio de Malditos Nerds, decidi esta semana ofrecer otro compilado de Aguafuertes, cuya tematica gira esta vez en torno al pasado, aquel lejano lugar al que todos alguna vez quisimos regresar.

Capitulo 9: Cyber-cafetin de Buenos Aires

Oh, el tiempo. Ese cruel y continuo devenir que nos enseña lo relativo y superfluo de la existencia humana. Quizas esta metafisica introduccion resulte demasiado ampulosa para el tema sobre el que voy a escribir, sin embargo una parte de mi se quedo estancada hace aproximadamente una decada y estas lineas seran una necesaria y justiciera catarsis de un pasado, que tal vez haya sido mejor.

Cuando la banda ancha era un privilegio para unos pocos, se produjo el auge de los cyber cafe. Algunos, los menos, eran enormes locales cubiertos de computadoras velocisimas rodeadas por un admirable entorno futurista. Otros, los mas, no eran mas que sucios antros en los que una serie de inimitables personajes coincidian en tiempo y espacio con un solo fin: jugar en red.

Promediando mis 18 años, el cyber era la parada obligada al salir de la facultad. En un principio fuimos cuatro o cinco los que nos aventurabamos frecuentemente en busca de aventuras virtuales. Tras un breve recorrido por el barrio de Palermo, nos establecimos en un pequeño pero acogedor tugurio ubicado en Bulnes y Mansilla. Solia estar atendido por tres hermanos rotundamente diferentes entre si. Uno, moreno y de escasa estatura; el segundo, de pelo largo y actitud desfachatada; el tercero, nuestro favorito, era el mas alto de la familia y lucia sospechosamente parecido a Willie Tanner, el padre de la inolvidable serie Alf. El detalle que lo distinguia era un frondoso mostacho que le valio el poco original apodo de “Bigote”.

Tras unos primeros dias de exacerbado entusiasmo y feroces partidas de Counter Strike, algunos de mis amigos fueron perdiendo la fascinacion inicial y, con ella, el habito del cyber. Solo dos fuimos los sobrevivientes ante el abandono masivo. Leandro, o el ruso para los amigos, y quien les escribe, continuamos pasando la mayor parte de nuestras tardes en aquel magico lugar, donde los minutos corrian muchisimo mas rapido que en el mundo exterior.

Supimos entablar una especie de relacion con los parroquianos habituales, mayormente adolescentes que llegaban al punto de pedir el envio de comida al cyber/hotel. Uno de ellos, formo parte de un clan reconocido en el ambiente que compitio internacionalmente en la ciudad de San Francisco. Fue el unico que triunfo haciendo lo que mas disfrutaba. El resto, oscilabamos entre una digna mediocridad y un aceptable nivel amateur.

Un sabado, en apariencia igual a tantos otros, se realizaria un torneo interno. Entre los seis equipos participantes estaba el mio, conformado por Leandro y dos amigos mas. Uno de ellos tenia cierto conocimiento del juego. El otro, y no exagero al decirlo, apenas podia controlar el Mouse. No nos importaba, nuestro objetivo primario distaba lejanamente de obtener la victoria.

Tras haber tomado de mas la noche anterior, nos dirigimos al cyber que para ese entonces ya era un templo para mi. Creo que ni siquiera pude dormir dos horas previo al evento. La mecanica consistiria en jugar en dos escenarios, Aztec y Dust, al mando de cada uno de los dos bandos, durante seis rondas.

Fuimos uno de los equipos encargados de dar comienzo a la competencia. Contando entre nosotros con jugadores a los que la palabra novatos les quedaba grande, debimos improvisar una serie de reglas propias. Teniamos dos gestos, uno que daba la libertad de salir a recorrer libremente el nivel y otro, mas cobarde, que consistia en escondernos todos juntos y esperar a los incautos rivales.

Durante el desarrollo de la primera ronda, los cuatro esperamos agazapados en cada esquina del escenario. Uno a uno, los rivales se acercaban y morian instantaneamente dentro de una feroz balacera. El ultimo de ellos, ya enterado de nuestra estrategia, tuvo toda la intencion de hacernos frente, pero la superioridad numerica fue demasiado para un solo soldado. Cuando acabamos con el, los aplausos y las risas se multiplicaron por todo el lugar. Éramos desastrosamente malos y furiosamente cobardes, pero obtuvimos un punto. Posteriormente, perdimos la gran mayoria de las rondas contra ese equipo.

Pasamos por dos enfrentamientos mas. En uno de ellos fuimos derrotados 24 a 0 por quienes luego serian coronados como campeones. No nos avergonzaba nuestro desempeño, sabiamos que seria tan pobre como efectivamente fue. Nuestros rivales tambien lo sabian. Pero en el cyber de Bigote primaba un ambiente de calidez y compañerismo que evitaba cualquier tipo de disputa absurda.

Con la madurez acercandose estrepitosamente, y las obligaciones laborales comenzando a hacerse impostergables, Leandro y yo nos despedimos de nuestras tardes ludicas. Ese ultimo dia jugamos entre nosotros una partida de FIFA que, como debia ser, termino empatada. Unos meses despues, con las conexiones hogareñas mas establecidas, Bigote y sus hermanos se vieron obligados a cerrar el local.

Por lo que tengo entendido, tras aquel fracaso comercial, abrieron un pelotero bastante concurrido. Leandro fue a vivir a otro pais y nuestra amistad se fue evaporando paulatinamente, tal como sucederia con la mayoria de los cyber. Yo, por mi parte, continue jugando por un tiempo desde mi hogar. Y el resto de mi historia ya la conocen.

Capitulo 15: Arena en los zapatos

Alguien que aspire a escribir necesitara contar, inevitablemente, con altas dosis de melancolia y de nostalgia. Estos incomodos sentimientos suelen entumecer mis noches, evocando un pasado mejor que casi nunca existio. De este modo, mis ultimos momentos de vigilia se ven acompañados por escenas difusas de heroicas aventuras juveniles o irrefrenables amorios adolescentes que jamas tuvieron su correlato en la realidad.

Uno de los recuerdos que se presenta con mayor frecuencia remite a varias de las vacaciones familiares que supe tener en mi primera infancia. Y de como las padecia.
Pinamar era el destino elegido, pues el coqueto departamento de mi tia aseguraba un placido techo y la invalorable cercania del mar. Hay muchos detalles que rememoro vividamente, tales como la incomoda disposicion del baño, el color y la forma de los cubiertos y la tetrica noche en que descubri a Edgar Allan Poe.

Como ya dije, las vacaciones no eran algo que yo disfrutara particularmente. Para empezar, mi familia estaba compuesta por una madre hiperactiva y un padre que buscaba unicamente el descanso. El equilibrio entre ambos, como supondran, era inexistente. El combo lo completabamos mi hermano y yo, ambos con notorias inclinaciones a neurosis tempranas.

La playa tampoco representaba un atractivo para mi. De hecho, la visitabamos solo por la mañana. A riesgo de parecer inadaptado, debo confesar con cierta vergüenza que siempre lo hacia con zapatillas y medias. El descalzarme alli era, para mi, un reto insuperable. Lo mismo sucedia con mis remeras, que siempre conservaban su lugar, cubriendo el voluminoso fisico de aquel ingenuo niño que alguna vez fui.

Sin embargo, no todo era tan negativo. Pinamar contaba con un amplisimo salon de arcades que visitabamos a diario. Mis padres lo usaban como excusa e incentivo para que al menos saliesemos a ver la luz del Sol. Asi, la rutina de la tarde era pasear un rato por el centro, quizas comer en el tenedor libre vegetariano que recuerdo con tanto afecto y, finalmente, jugar algunas fichas al Street Fighter 2.

Afortunadamente, el lugar estaba plagado de individuos como nosotros, con palidez en sus rostros y alarmantes expresiones faciales de autismo. Me sentia como en mi hogar. Pude hacerme respetar controlando a Blanka, y cimente una moderada y efimera fama de pequeño gran jugador.

En una oportunidad, una mesa de vidrio se rompio fortuitamente, desparramando su material por gran parte del departamento. Uno de aquellos extractos tuvo que caer justamente sobre mi pierna, generando un sangrado constante. Mi unico requisito para acceder ir al hospital fue que posteriormente me lleven a los videojuegos. Anecdotas como estas hay miles, y muy pocas de ellas me enorgullecen.

Mi calvario veraniego se repitio durante algunos años, hasta que al cumplir mis 13 junios tuve el coraje de negarme a ir.

A los 18 años volvi a Pinamar, esta vez con dos amigos. Las perspectivas vacacionales eran totalmente opuestas. Recien en ese instante pude valorar mi pasado y lamentarme por todo lo que no habia hecho. Asimismo, tambien me amigue con la playa, lugar que sigue sin estar entre mis preferidos pero con el cual puedo convivir armoniosamente. Fue la ultima vez que visite el departamento, que fue vendido unos meses despues.

En enero del 2011 fui de campamento a Ostende y la cercania y la nostalgia me obligaron a volver al edificio ubicado sobre la calle De Los Silenios. Nada habia cambiado. Su fachada lucia igual. Pero yo era distinto. El salon de juegos habia abandonado sus clasicos fichines, quienes fueron cruelmente reemplazados por absurdas maquinas escupidoras de tickets. Tristemente, obtuve muy pocos. La cantidad minima e indispensable para hacerme acreedor de unos pegajosos caramelos frutales.

Como dije al comienzo, soy un hombre melancolico. No puedo dejar de pensar en el enorme provecho que podria haberle sacado a mis malogradas vacaciones infantiles. Quizas en aquel pasado se encuentre el fundamento de mis constantes escapadas actuales a la costa o a pequeños pueblos. De cualquier forma, es imperativo mirar hacia adelante. Esperar un futuro capaz de brindar promisorias oportunidades de disfrute; aventuras veraniegas de esas que solo son capaces los jovenes; noches de camaraderia bajo la tenue luz de la Luna. Y, no menos importante, impostergables combates junto a mi fiel Blanka.

Capitulo 16: Es una lucha

Quienes nos consideramos orgullosamente nerds, solemos compartir una serie de particularidades que van desde los gastados estereotipos fisicos hasta intereses comunes de toda indole. Entre estos ultimos, los mas usuales generalmente son la pasion por los comics, el anime o la ciencia ficcion, entre muchisimos otros. Los nerds nos entendemos unos a otros, no nos juzgamos y celebramos y defendemos nuestra libertad de ser quienes somos.

Sin embargo, incluso nosotros podemos ser poseedores de aficiones que resultan dificiles de confesar. Particularmente tengo varias, y en un acto de infrecuente valentia pasare a enumerar algunas de ellas. La tira comica Peanuts y su correspondiente adaptacion animada, la pelicula Mary Poppins, la musica de Carlos Vives. Si, ellos conviven armoniosamente con Borges, Johnny Cash, Luca Prodan o la ineludible decada de 1960.

No obstante, el fondo de esta lista de placeres culposos esta ocupado no por uno, sino por varios personajes que en su conjunto dan vida a un ameno pasatiempo conocido como lucha libre americana. Al respecto, ya he hablado antes. He dicho que desde niño disfrutaba enormemente de los combates ficticios que aquellos muchachos excedidos de esteroides suelen disputar con atuendos poco aptos para un festival de moda. He dicho tambien que entre mis videojuegos preferidos de cada consola, habia como minimo, un fichin correspondiente a la WWE. Lo que no he dicho aun, es el origen de este gusto.

Algunos recuerdos son difusos. Puedo entrever imagenes de una tarde de domingo tras un aburrido paseo familiar. La luz del televisor invitaba a invertir algun tiempo en ella, y el rutinario zapping se detuvo en un canal brasilero que ofrecia estas coreografias tan perfectamente balanceadas. Mis ojos se detuvieron en aquel dantesco espectaculo, sin saber que muchos de aquellos luchadores compartirian conmigo largos años de mutua compañia.

Un tiempo despues, el difunto canal USA Network transmitiria el programa Monday Night Raw, gracias al cual conoci a The Undertaker, mi luchador favorito de todos los tiempos. Sucesivamente se alternaron en mis preferencias Bret “The Hitman” Hart, Stone Cold Steve Austin, Mankind, Kane y muchos otros cuya trascendencia ha sido efimera.

Se preguntaran los lectores que es lo que me atraia de esta actividad, que resulta imposible calificar como deporte. Al dia de hoy, aun no puedo responderlo. Quizas sus irrisorios argumentos capturaban mi imaginacion del mismo modo en que una novela mexicana puede atrapar a algunas mujeres. Tal vez, veia en los luchadores actitudes cercanas al heroismo que me hubiese gustado tener tambien.

El tiempo transcurrio implacable. La adolescencia afloraba en cada aspecto de aquel joven nerd. La television dejo de transmitir la lucha libre, pero Internet pudo suplir su ausencia a traves de la web oficial de la WWE, que en ese entonces se conocia como WWF. El tiempo demostro que World Wrestling Entertainment sonaba mas apropiado que World Wrestling Federation.

Paralelamente a esto, tambien disfrute enormemente de los fichines que llevaban el nombre de la franquicia: Super Wrestlemania en Super Nintendo, WWF Attitude en Nintendo 64 o incluso WWF: The Arcade Game, entre tantos otros. Revivia una y mil veces los combates, sin aburrirme ni por un instante. Mas cerca del presente, guardo un calido recuerdo de Smackdown Vs. Raw 2011, en su version de Nintendo Wii.

Nunca comente demasiado a mis amigos sobre este hobbie. Ya era lo suficientemente nerd como para agregar una caracteristica de este tipo a mi frondoso perfil. De cualquier forma, aun hoy visito –no tan frecuentemente- la pagina www.wwe.com, gracias a la cual me entero que el Undertaker aun sigue siendo lo maximo. Que John Cena intentara por todos los medios ser considerado el nuevo Hulk Hogan. Que las mujeres tambien pueden luchar, al tiempo que exhiben sus generosas anatomias sin ningun tipo de pudor.

Una vez mas, debo repetir que no se el motivo exacto por el cual disfrute tanto de la lucha libre americana. En cambio, puedo afirmar que los vestigios de aquella pasion aun viven gracias a la imperecedera sensacion de añoranza y a la nostalgia infantil que me acompañara hasta el final de mis dias.

Cuando mis padres se divorciaron, Shawn Michaels estuvo alli. Cuando tenia un problema, Yokozuna lo aplastaba invariablemente. Cuando el valor no me acompaño al momento de ofrecer mis respetos a una señorita, Diesel me dio una palmada en la espalda. Habiendo recibido tanto, no puedo mas que brindar a cambio mi absoluta y eterna lealtad a ellos, los heroes de mi niñez.