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Especial Aguafuertes: E3 - La experiencia

Para celebrar el nuevo sitio, V.Dylan invita a los lectores a recordar con él lo mejor de su excursión a la E3. El autor compartirá con todos ustedes su visión sobre los videojuegos, sobre Los Angeles y -también- sobre sí mismo.
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Por: Victor Gueller

Capitulo 43: Diario de la E3 – Primera Parte

Amo los viajes. Dos o tres veces al año realizo escapadas a lugares cercanos con el fin de visitar amigos, conocer paisajes o simplemente transitar una conveniente introspeccion.

Junio de 2013 sera recordado como el mes en que por vez primera me ausente del pais. Todas las expectativas, todos los preparativos y todos los ligeros inconvenientes previos al viaje podrian dar lugar a una practica guia con recomendaciones para turistas. Sin embargo, aquello esta muy lejos de mis objetivos.

La presente aguafuerte, y las que le seguiran por varias semanas, intentaran ahondar no solo en lo visto en la E3 y en la experiencia que represento la exposicion, sino en la vida en la gran ciudad de Los Angeles, una urbe demasiado grande, incluso para alguien acostumbrado a la misteriosa Buenos Aires.

El viernes 7, Fichinescu, Jorge y quien escribe sentamos nuestra base en la redaccion de Loaded. Desde alli, habiendonos despedido con emotividad de Maxi, Largo Embargo y el Tio Erwin, abordamos el auto que nos llevaria al aeropuerto. El conductor tenia unos modales bastante anticuados y un bigote que recordaba mucho la nefasta decada de los 70. No solo llego tarde a nuestro encuentro sino que ademas se demoro mas de una hora de lo acordado en el trayecto. Nuestras caras y nuestros silencios exteriorizaban nuestro enojo.

Finalmente, tras el viaje mas largo de nuestras vidas, llegamos a Ezeiza. Alli, los tramites de abordaje fueron sencillos y sin excesiva burocracia. La sorpresa llegaria de la mano de Nacho, oyente incondicional de Malditos Nerds, quien nos habia reservado un lugar en el VIP del aeropuerto, brindandonos la posibilidad de ver el partido de la seleccion al tiempo que compartiamos una cerveza y una picada en la que predominaba el queso. Por supuesto, brindamos por el.

Ya en el avion, tuve la suerte de viajar sin acompañante. Esto me permitio descansar un par de horas, de las muchas que duraria el recorrido aereo. Fichinescu y Jorge –viajando uno al lado del otro- no corrieron la misma suerte.

Todo en el avion fue realmente pauperrimo. Desde la inexistente atencion del personal hasta la vomitiva comida servida, todo parecia conspirar para que el valiente equipo de Loaded sufriera este pequeño exodo.

Hicimos escala en Houston, donde por escasos minutos pudimos combinar los vuelos. Los tramites para quien quiere ingresar a los Estados Unidos no son nada sencillos o, por lo menos, no son veloces.

Aterrizados en Los Angeles, respiramos aliviados: por una semana estariamos lejos del avion. Sin embargo, el primer desengaño ocurrio al comprobar que la valija de Fichinescu estaba perdida. Queja mediante, solo pudimos creer en la promesa del personal, quienes dijeron que la recuperarian.

Salimos al exterior, pisamos suelo norteamericano. Jorge y yo encendimos un par de cigarrillos, sabiendo que en mi caso seria el primero de los ultimos.
Tomamos un taxi, abrimos los ojos y comenzamos a disfrutar del paisaje. Efectivamente, Los Angeles logro cautivarme en aquel primer encuentro.

Capitulo 44: Diario de la E3 – Segunda parte

Con el cansancio acumulado de un largo viaje y la inoportuna desaparicion de la valija de Fichinescu, la unica alternativa para los valientes expedicionarios era conseguir un taxi que los acercase al Downtown, donde se ubicaba el departamento que habiamos alquilado.

En aquel primer viaje no deje de sorprenderme por las enormes diferencias que hay entre un taxi norteamericano y uno argentino. Para empezar, alli todos parecen ser autos viejos, sucios y –como detalle extra- tienen una camara que registra todos nuestros movimientos y todas nuestras palabras. No sea cosa que vayamos a planear alguna siniestra confabulacion y se la contemos al conductor, amparados en la sensacion de confianza y fraternidad que nos pueda dar.

Una vez llegados a destino, nos enteramos que la propina es mas que un obsequio y mas que una gratificacion: es una obligacion. 50 dolares y ademas propina suena como a un insulto para el alicaido bolsillo argentino.

Nos detuvimos en Starbucks, quizas para no añorar tanto el cafe que se disfruta a diario en la redaccion. Las diferencias con los locales porteños son minimas y superficiales. La maquinaria productiva funciona tan bien que apenas notaremos que estamos haciendo nuestro pedido en ingles, siendo este el unico contraste con nuestra realidad cotidiana. El gusto de los productos es tranquilizadoramente similar al que puede disfrutarse en Florida y Corrientes o en Rivadavia y Avenida La Plata.

A medida que avanzaban los minutos, comenzamos a preocuparnos por la ubicacion de Joshua; el dueño del sitio al que llamariamos hogar. No respondia a ninguna de nuestras llamadas, situacion que se veia agravada por la dificultosa comunicacion que puede representar un telefono celular argentino en tierra extranjera. Fichinescu, haciendo gala de su sensatez, opto por mandarle un mail; y pocos instantes despues se irguio frente a nosotros la hippie anatomia de Joshua.

Joshua tendra alrededor de 40 años. Posee un estilo surfista inconfundible, matizado por tatuajes que absorben casi todo su cuerpo. Probablemente sean los vestigios de una juventud plagada de excesos. Su amabilidad fue tan sorprendente como su aspecto. Nos mostro todas las comodidades del lugar, nos dio las instrucciones necesarias e incluso nos dejo comida preparada para situaciones de urgencia.

El departamento era gigantesco. No seria descabellado pensar en que su superficie sea de 200 o 250 metros. Caminar el pasillo que nos separaba del baño era realmente un suplicio.

Las habitaciones ostentaban una curiosa decoracion que poco tendria que envidiar a un ritual vudu. Calaveras, imagenes extrañas y objetos cuya finalidad no nos quedaba del todo clara nos hicieron dudar de nuestra integridad a lo largo de la estadia. Afortunadamente, el temor inicial cedio su lugar a la comodidad que el lugar nos ofrecia.

Jorge, Fichinescu y yo elegimos nuestras ubicaciones. Teniamos toda la aventura por delante. Pero lo primero seria encontrarnos con dos ejecutivos de Square Enix, quienes nos habian citado en su hotel, bastante cercano a nuestra ubicacion. El deber nos llamaba.

Capitulo 45: Diario de la E3 – Tercera parte

Tras los dos capitulos precedentes, que fueron narrados de manera estrictamente cronologica, me dispongo en este caso a contar un pequeño episodio que quizas no respeta el correcto ordenamiento del buen cronista viajero, pero que indudablemente representa uno de los puntos mas altos de aquella inolvidable aventura.

Cada vez que pensaba en Los Angeles, no podia evitar tararear una cancion de los Beach Boys e imaginarme en un comodo descanso playero. Claro, los preconceptos y los lugares comunes habian invadido mi basico razonamiento. Al llegar efectivamente al estado de California, aquellas ideas debieron ceder su lugar a la realidad que, como siempre sucede, es menos generosa que las expectativas.

Me decepcione inicialmente del urbanismo de Los Angeles. Parecia una ciudad gigantesca, sucia y triste, que contrastaba enormemente con todas las peliculas que habia visto en mi vida. Iluso de mi, inexperto viajero, que no pudo encontrar el alma de una metropoli dueña de una personalidad absolutamente propia.

El dia anterior a emprender el regreso, Fichinescu y Jorge debian ir a Riot Games. Yo, desconocedor casi absoluto de League of Legends, preferia preservarme para una ultima aventura en solitario. Desayunamos juntos en el Starbucks que ya era un clasico de las mañanas y luego los despedi en la puerta de nuestro departamento. Vayan, amigos mios, los espera el fichin que juega medio planeta. Yo, en cambio, ire a Hollywood.

Tome el subterraneo. Ya tenia conmigo mi tarjeta TAP, bastante mas sobria y elegante que la SUBE. Recargue 5 dolares en su escueto saldo y arribe a destino en unos breves quince minutos. El subte de Los Angeles es alarmantemente similar al nuestro. La misma infraestructura, la misma iluminacion y las mismas caras desilusionadas dispuestas a abordarlo.

En Hollywood camine. Camine mucho. Empece por el boulevard tipico, donde descansan las estrellas del Paseo de la Fama. Obviamente, mi mirada estaba mas enfocada en el cielo que en el pavimento. No obstante, llegue a divisar algunos nombres que admiro: Dick Van Dyke, el eterno Bert de Mary Poppins; Vince McMahon, cabeza de la WWE, entre tantos otros, algunos totalmente ignotos para mi.

Cansado de la innecesaria luz de las marquesinas, opte por alejarme del paseo preestablecido para el buen turista. A lo lejos, estaban las famosas letras que rezan el nombre de la ciudad, y hacia alli me dirigi. No, no queria sacarme una foto junto a la H o la L, simplemente anhelaba conocer un poco mas de ese lugar que hasta ese entonces me habia decepcionado.

Comence a perderme entre las pequeñisima calles. Habia viviendas y autos, y practicamente nadie caminaba por ahi. Estaba en un pequeño monte, lo que dificultaba la subida para un fumador empedernido. Cada tantas cuadras, prendia un cigarrillo, conciente del daño que le haria a mis pulmones pero sabiendo que necesitaba aquel irremplazable sosiego.

Al poco tiempo, note con alegria que estaba perdido. Perderse, estimado lector, es la mejor forma de conocer un lugar. Subia y bajaba de acuerdo al capricho del monte, y camine sin rumbo durante casi una hora. El paseo concluyo abruptamente cuando, tras una bajada prolongada, me encontre a escasos metros del lugar donde habia comenzado mi humilde expedicion. Mis piernas casi no querian responder mis ordenes. Y las entiendo, yo tampoco lo hubiera hecho.

Descanse en el dantesco mall principal de la ciudad con la sola compañia de un cafe. Volvi a ver luces, gente y negocios de recuerdos alusivos. Entendi que eso era solo una pantalla para engañar a los visitantes conformistas, quienes creen que por entrar al Museo de Cera ya forman parte de algo mucho mas grande que ellos.

Luego de completar mi pequeña experiencia introspectiva regrese a la calidez del departamento de Joshua. Algo en mi habia cambiado. Prometi volver a aquella ciudad, sabiendo que cuando lo haga, ni ella ni yo seremos los mismos.

Capitulo 46: Diario de la E3 – Cuarta parte

Todos los que me conocen siempre han dicho que yo me llevaria bien con la ciudad de Nueva York. Quizas su vision de aquella urbe este sesgada por la imagen que Woody Allen ha impuesto sobre ella. Es cierto que su idiosincrasia es compatible con mi estilo de vida; es cierto tambien que mi neurosis muchas veces me ha hecho sentir un perdedor digno de una pelicula del citado director. Pero quiso el azar que mi primera experiencia fuera de mi pais sea en la ciudad de Los Angeles; lugar relajado, con estilo, con onda. Ninguna de estas tres caracteristicas puede adecuarse a mi persona.

Mi estilo no es un estilo en absoluto. Soy un buen hombre de 60 años cuyo documento dice que tiene solo 30. Las mañanas me encuentran desayunando junto a los diarios, generando un comportamiento digno de mi padre. He llegado al punto de despreciar a los jovenes que asisten al mismo lugar que yo tras haber disfrutado de una larga jornada nocturna. Ellos toman cerveza y comen pizza a las 7 de la mañana. Yo tomo cafe y los miro con rechazo, esperando la minima excusa para dar rienda suelta al choque generacional.

En Los Angeles todo era distinto. A nadie le importaba mi presencia, nadie siquiera se detenia a mirarme. Recuerdo haberme perdido en una de mis caminatas. Quise preguntarle a un muchacho como llegar hacia mi destino y el, alzando una mano que denotaba negatividad, me hizo a un lado. Tal como muchos hacen aqui cuando les solicitan una moneda en el microcentro porteño.

Apenas ha pasado un mes de mi experiencia en Los Angeles; y ya fui invadido por la melancolia que pide –a gritos- volver. Quiero revancha con la ciudad. Se que puedo llegar a buen termino con ella. Se que podemos llevarnos mejor.

Esta experiencia internacional ha despertado una nueva necesidad en mi. Amplio conocedor de la geografia argentina, quiero ahora recorrer mas lugares, adaptarme a otras culturas. Quiero aceptar sentirme extraño en un lugar que no es el propio, algo que no logre hacer esta primera vez en Los Angeles. Estoy dispuesto al riesgo, soy permeable a la aventura.

Los Angeles me enseño –sin quererlo- mucho acerca de mi mismo. Muchos de los momentos incomodos que vivi alli tuvieron la noble finalidad de convertirme en la persona que hoy escribe estas lineas, que esta dispuesto a salir de su encierro individualista en pos de una apertura hacia lo desconocido.

El tiempo tendra la mision de honrar mis palabras. Quiero de aqui a unos años tener historias para contar. Quiero vivir aventuras en parajes desconocidos. Quiero sorprenderme, algo que no he hecho demasiado en mi vida.

Todo esto lo genero una semana en Los Angeles. Una semana en que disfrute muchas cosas, sufri otras tantas y me sorprendi por la persona que efectivamente soy. Una semana que fue mas introspectiva de lo que hubiera deseado. Una semana que abre las enormes puertas al futuro.