Noticias

Especial Aguafuertes: Aventuras de un cronista viajero

Esta nueva compilación de dos de mis textos pasados propone una breve excursión por la provincia de Buenos Aires. En primer lugar, iremos a Junín a conocer a Megawacky Max. Luego, nos espera la eterna hospitalidad de la ciudad de Chacabuco.
Avatar de Victor Gueller

Por: Victor Gueller

Capitulo 22: Detras de las viñetas

Tras numerosos retrasos y molestas postergaciones, esta ultima semana pude organizar mi visita a Chacabuco. Este ritual, que se repite dos o tres veces al año, es una de las cosas que mas disfruto hacer. Amigos, paz y tranquilidad conforman una oferta que nadie rechazaria. En esta oportunidad, la excursion tendria ademas un componente extra: decidi desviarme unos pocos kilometros para ir a Junin y conocer personalmente a nuestro Megawacky Max.

En el año que llevo escribiendo para Loaded el intercambio de correos electronicos ha sido una constante. Fichinescu y el citado Max deben estar cansados de leer mis rebuscadas palabras practicamente a diario. Sin embargo, uno no puede llegar a conocer a fondo a una persona sin tenerla cara a cara. La cercania geografica me ha permitido compartir varios momentos con el flamante editor del sitio web; en cambio, los 260 kilometros que separan a Buenos Aires de Junin eran un impedimento lo suficientemente valido como para evitar que tenga el honor de conocer al autor de Bits & Bytes.

Decidido a cambiar esta situacion, opte por lo mas sensato: aventurarme en la bella ciudad bonaerense y poder estrechar la mano de Megawacky. El viaje transcurrio sin sobresaltos; el micro cumplio a horario con su servicio. En solo cuatro horas pude olvidarme del molesto paisaje de la Terminal de Retiro, reemplazandolo por el verde que rodea a la bonita ciudad de Junin.

Una vez llegado, pregunte a un hombre a que distancia me encontraba del centro. Me respondio con una sonrisa que ya estaba alli. Camine dos cuadras y la avenida principal se abrio ante mi en todo su esplendor. Lamentablemente tambien lo hizo el Sol, generando un momento algo incomodo para alguien que se caracteriza por aborrecer el calor extremo.

Me sente en una esquina y a los pocos minutos Max extendio su mano frente a mi. Nunca habia visto una foto de el, no obstante mi imaginacion habia hecho un digno trabajo al momento de intentar ponerle forma corporea a su nombre. Fuimos a un bar y compartimos un cafe y un dialogo memorable. Contrariamente a lo que podran suponer, poco y nada hablamos sobre videojuegos. Quizas ignoren –como yo lo hacia- que Megawacky ha ganado cierta fama literaria en su ciudad, llegando incluso a publicar un libro que amablemente me obsequio. Su nombre es Biomundo, y no dudaria en recomendar su lectura.

Recorrimos el centro, pese a que la hora de la siesta es infranqueable en las ciudades alejadas de la neurotica Capital Federal. Luego nos dirigimos a su hogar, donde conoci a su madre y a su simpatiquisimo perro. La hospitalidad es una caracteristica frecuente en este tipo de lugares, y no tengo mas que palabras de agradecimiento para el modo en que fui recibido. Me llevaron a conocer la Laguna de Gomez, que poco tiene que envidiarle a un balneario paradisiaco. Al regresar, Max me mostro el modo en que, tras su PC, cumple con sus obligaciones.

Siendo un hombre no tan sociable como me gustaria, crei que por un momento la charla se limitaria a lugares comunes y, fundamentalmente, a videojuegos. Muy lejos de aquello, pude conocer acerca del pasado y el presente de Megawacky. Sus gustos, sus pasatiempos, sus actividades. Y encontre en el a un individuo noble, inteligente y –sobre todo- creativo.

Entrada la tarde me despedi. El micro que me acercaria a Chacabuco estaba proximo a partir. Tuve tiempo de disfrutar un ultimo cafe en la soledad de un pequeño establecimiento. Alli comence a recapitular lo sucedido y a escribir la presente aguafuerte. Tanto Junin como su habitante mas reconocido por nuestra comunidad habian superado mis expectativas.

Mientras viajaba, pense en todas las personas que pude conocer gracias a Loaded y en todas las situaciones que crei jamas llegaria a vivir. Suelo viajar a lugares reconditos, pero pocas veces lo hago por una razon, con un objetivo. Prometi regresar a Junin sabiendo que, cuando lo haga, habra una puerta que podre tocar. No, no es la de Megawacky. Es la de Maximiliano. 

Capitulo 23: Buenos Aires, 200 km.

Intentar esbozar la mas minima comparacion entre Julio Cortazar  y quien escribe seria un desproposito. Probablemente, el unico nexo que vayamos a tener sea el que une a un escritor sobresaliente con un incondicional admirador. De todos modos, la presente aguafuerte emulara -a su manera y lejanamente- el concepto literario introducido en Rayuela, quizas la obra mas representativa del llamado “boom latinoamericano”.

Las indicaciones para la lectura seran extremadamente simples. Quienes quieran leer el texto relativo a los videojuegos propiamente dicho, solo tendran que obviar el resto de las palabras y dirigirse al parrafo precedido por estos tres simpaticos simbolos: * * *

Por el contrario, aquellos que gusten de una lectura completa sobre mi reciente expedicion a la ciudad de Chacabuco, estan invitados a invertir unos minutos en este reconfortante paseo en forma de letras.

Como expuse en el capitulo anterior, hace escasos dias pude emprender una pequeña excursion bonaerense que, entre otras cosas, me permitio tener el honor de conocer personalmente a Megawacky Max. El recorrer Junin en su compañia fue multiplicar exponencialmente la dicha que experimento cada vez que tengo la oportunidad de realizar algun viaje.

Chacabuco (ciudad ubicada a escasos 60 kilometros de los pagos de Max) es un destino que frecuento dos o tres veces al año. Lo que comenzo siendo una simple excusa para visitar a uno de mis amigos mas cercanos, termino convirtiendose en un motivo de celebracion para este cronista.

Conoci a Fernando en marzo del 2001. Con 17 años, yo estaba comenzando mis estudios en Derecho mientras que el hacia lo propio tras una fallida experiencia en la Universidad de Rosario. La pluralidad geografica que ostentaba aquel grupo inolvidable proveia especimenes originarios de todas partes del pais. Norte y Sur tenian sus dignos representantes, asi como tambien muchachos y señoritas oriundos de localidades bonaerenses que hasta ese momento no sabia que existian.

Yo, como tantos otros, era poseedor de una alarmante ignorancia en lo que respecta a la vida fuera de la Capital Federal.

Fernando y yo nos hicimos amigos a los pocos dias. Se trataba de un individuo noble, de gustos sencillos y un implacable atractivo para el sexo opuesto, que le valio el prematuro apodo de “Golden Boy”. Por si fuera poco, gran parte del merito por mi egreso lo tienen sus esplendidos apuntes, los cuales me han salvado en mas de un final.

Cuando el nos contaba sobre su vida en Chacabuco, hablaba de espacios verdes, de rutinas apacibles y de amistades presumiblemente eternas. Cada fin de semana, el regresaba a sus pagos, donde lo esperaban su familia y aquellos que crecieron junto a el. Esta situacion le impedia sumarse a las numerosas salidas que organizabamos el resto de sus compañeros.

Debieron pasar dos años para que un verano aburrido y un desengaño amoroso me motiven a visitarlo. Recuerdo un mes de febrero como tantos otros. Un febrero calido y melancolico. Un febrero en el que deje de lado las dudas y me decidi a tomar el micro que en tres horas y fraccion me depositaria en la Terminal de Chacabuco.

En ese momento conoci a sus padres y a sus amigos. Ni bien llegado, me llevaron a una quinta en la que el Sol y la pileta podrian hacer olvidar a cualquiera todos sus problemas. La gente en Chacabuco es distinta, al menos a lo que yo estoy acostumbrado a conocer. Recuerdo que la primera noche, uno de los miembros de su grupo deposito un atado de cigarrillos en la mesa y me dijo que agarre los que quisiese. Ese minimo gesto, tan insignificante para el y tan valioso para mi, me hizo entrar en confianza.

Los viajes y las anecdotas se sucedieron a lo largo de los años. Practicamente en cada oportunidad conocia a alguien nuevo. Y todos –absolutamente todos- me hicieron sentir como en mi hogar.

Una caracteristica que siempre me ha llamado la atencion es que cada una de mis visitas coincide con algun tipo de celebracion. Estas casualidades me han permitido estar presente en cumpleaños, bautismos e incluso despedidas de soltero. A simple vista, pareceria que lo hiciese a proposito. O tal vez podemos creer, haciendo una lectura mas profunda, que en Chacabuco siempre hay motivos para festejar.

Las primeras veces me sentia fuera de lugar. Pero la hospitalidad y el cariño de los chacabuquenses me ayudaron a superar aquel incomodo sentimiento.

En este viaje asisti al cumpleaños de Malena, la prima de Fernando a quien conoci cuando apenas era una niña.

Esta ultima visita no difirio demasiado de muchas de las anteriores. Aquella hermosa rutina que estableci con el correr de los meses se repitio una vez mas. El sentimiento que une a Fernando con sus amigos se mantiene inalterable, asi como tambien el que yo mismo supe construir con cada uno de ellos.

El tiempo, tan implacable como de costumbre, hizo su trabajo. Puedo comentarles algo sobre algunos de los amigos de mi amigo, a quienes a esta altura tambien considero como tales. Cristian (o Chan, para los mas cercanos) finalmente encontro el trabajo que tanto anhelaba; Lucas -aquel que me permitio manejar por primera vez un Ford Falcon- es ahora padre de Juan Manuel; Julian sorprendio a todos con su flamante pasion por los deportes aereos; Federico sigue resguardandose en sus silencios. Lamentablemente, no pude verlos a todos. Las ocupaciones de Marcos, Juan y el Colo (entre otros) me impidieron siquiera pasar a saludarlos.

Fernando -por su parte- esta intentando asentarse como abogado. Esta en pareja con Julieta, quien gracias a sus estudios en veterinaria soluciona varias de mis molestas y frecuentes dudas respecto a Maga, mi perra. Sigue siendo tan noble como el dia en que lo conoci y es indudablemente una de las personas que –creo- me acompañara por el resto de mis dias.

Este viaje de 48 horas fue superficialmente similar a los que he realizado en el pasado y eso lo hace tan unico e irrepetible como todos ellos. Prometi volver en febrero, coincidiendo –cuando no- con el cumpleaños de Mariana, hermana de Fernando y tambien abogada.

Podria escribir tanto sobre Chacabuco y sobre su gente. Hay tantas cosas que merecen ser destacadas en un lugar que carece de atractivos turisticos pero que lo compensa con la calidez que emana cada uno de sus habitantes.

A esta altura, y como corolario del presente texto, me es necesario parafrasear a Borges. Porque a mi, con Chacabuco, me une el amor y no el espanto. Sera por eso que la quiero tanto. 

* * *

Esta pequeña aventura me ha permitido conseguir dos adornos para mi creciente biblioteca nerd. Desde la vidriera de una insulsa jugueteria centrica, Mario y Luigi me observaban a bordo de sus kartings. Mi espiritu coleccionista y el irrisorio precio de estas figuras no me dieron demasiado lugar a la duda. Hoy, ambos me observan en un lugar destacado, peligrosamente cerca de Kratos. Pero claro, antes de venir a Buenos Aires, ellos tambien quisieron disfrutar de las bondades de la vida chacabuquense.

* * *

El lector atento habra notado que la presente aguafuerte es una excusa para homenajear a gente que aprecio, del mismo modo que los videojuegos son la excusa para escribir estas aguafuertes. Entre tanto mundo virtual recorrido, el verano es un buen momento para recordar que, como nos enseño Juan Perugia, la vida tambien es un juego.