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El estudio Chucklefish niega haber explotado a sus trabajadores

Desarrolladores del juego Starbound declararon que no se les pagó por su trabajo

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Por: Lucas Rivarola

Starbound, el juego para el cual docenas de personas trabajaron sin cobrar.

Starbound, el juego para el cual docenas de personas trabajaron sin cobrar.

Todas las semanas sale a la luz una nueva historia sobre cómo los trabajadores de la industria de los videojuegos sufren de pésimas condiciones laborales. Crear videojuegos no es el proceso mágico y entretenido que uno puede llegar a imaginarse, especialmente cuando hay gente que se puede aprovechar de la pasión y ganas de trabajar de uno para tomar ventaja económica de la situación. Esto es exactamente lo que pasó en el estudio Chucklefish, aunque increíblemente la situación es aún peor cuando uno se entera de los detalles.

La historia comenzó la semana pasada cuando Damon Reece, uno de los escritores del juego Starbound, del estudio Chucklefish, publicó en Twitter una declaración sobre su tiempo trabajado en el juego. Según su comentario, Reece trabajó en Starbound durante casi dos años y en todo ese tiempo no vio ni un solo centavo. Lo que es quizás más alarmante todavía, Reece tenía 16 años en ese entonces. En su tweet también sostiene que él no fue la única persona en una situación como la suya.

Al poco tiempo otras personas salieron a respaldar los comentarios de Reece con sus propias experiencias. Rho Watson, artista gráfica, y Christine Crossley, artista conceptual, se sumaron a decir que la situación de Reece es idéntica a la que ellas vivieron en la compañía. Otra gente, como el compositor Clark Powell, reveló que se negó a trabajar para Chucklefish al enterarse que era un trabajo sin remuneración. Incluso se sumó gente como Toby Fox, creador de Undertale, quien contó que tuvo que desechar una hora de música que compuso debido a que los líderes de Chucklefish se la rechazaron por no haber pasado suficiente tiempo en el chat del estudio.

Chucklefish respondió a estas declaraciones ante el portal PC Gamer, argumentando que ninguno de los colaboradores estaba bajo la obligación de crear contenido, sino que simplemente dedicaban su tiempo libre al desarrollo del juego de manera voluntaria sin ningún tipo de fecha de plazo para su trabajo. Así y todo, estos “voluntarios” se veían obligados a firmar un contrato. Reece, además de desmentir el comentario sobre los plazos, contó que el contrato era eso o nada, y que junto con la promesa de quizás terminar con un empleo dentro de Chucklefish, era la estrategia ideal para aprovecharse de jóvenes que buscaban su primer trabajo en la industria.

Considerando las edades de los trabajadores explotados, esta historia es un extremo todavía peor de empleadores aprovechándose de las ganas de sus empleados de conservar su trabajo en la industria de los videojuegos que tanto aman. La excusa de Chucklefish para no remunerar a sus trabajadores es patética, especialmente considerando que Starbound vendió más de 2.5 millones de copias. Por más que se haya acreditado en el juego a toda esta gente que trabajó gratis, que tu nombre aparezca en los créditos de un juego no paga las facturas de servicios o el alquiler. Uno pensaría que es algo simple de entender, pero parece que a veces hay que recalcar que el trabajo tiene que ser debidamente remunerado.

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