Noticias

El diario de E3

Esta segunda crónica de E3 se dedica a otro lado de la exposición fichinera más grande del mundo: la mirada nostálgica y a la vez llena de humor del buen V. Dylan
Avatar de Ignacio Esains

Por: Ignacio Esains

Esta segunda cronica de E3 se dedica a otro lado de la exposicion fichinera mas grande del mundo: la mirada nostalgica y a la vez llena de humor del buen V. Dylan

NOTA: Esta nota se publico originalmente en el numero 107 de Revista Loaded

Ciudad de pobres corazones

Quizas la aspiracion mas grande de un periodista especializado en videojuegos sea asistir a la E3, la exposicion que -por excelencia- marca el ritmo de todo lo que sucedera durante los meses venideros dentro de la industria.

Yo, desde pequeño, soñaba con ir alli. En mi tierna infancia, solia recortar las imagenes que ilustraban las viejas revistas españolas para adjuntarlas a mi propio pasquin, el cual estaba redactado sin ningun tipo de habilidad literaria pero con un esfuerzo mayusculo que compensaba las entendibles deficiencias gramaticales de un niño. Un par de decadas despues comence a escribir para Loaded, cerrando de esta forma el circulo iniciado tanto tiempo atras.

Nunca pense que podria ir a la E3. O al menos nunca lo pense con seriedad. Una lejana quimera, una perdida ilusion; pero jamas lo considere como una posibilidad concreta.
El destino –caprichoso- quiso sorprenderme, y vaya si lo hizo: El 7 de Junio me encontro abordando el avion mientras la gente en el concurrido aeropuerto de Ezeiza se distraia con un partido de la seleccion.

Lo primero que llama la atencion acerca de Los Angeles es su tamaño. Siendo un porteño malacostumbrado a Buenos Aires, tenia la falaz creencia de que ninguna otra ciudad podria eclipsar las luces del lugar en el que naci. Error. Los Angeles es grande, es enorme. Tanto que logra que el visitante primerizo se sienta muy pequeño en comparacion. La arquitectura y el imponente espiritu urbano no son los unicos factores que fomentan esta incomoda sensacion; pues los mismisimos habitantes aportan su granito de arena para demostrarle al incredulo turista que a nadie le importa su presencia.

Los Angeles es una sumatoria arbitraria de individualidades, cuyo conjunto jamas alcanzara una identidad compartida. Alli nadie se inmutara por una vestimenta ridicula ni por un comportamiento errante. Nadie se sorprende por la impactante cantidad de gente que no tiene hogar. Nadie escucha a todos aquellos que caminan las calles hablando solos. Pareciese una ciudad robotizada, sin alma; donde la escasa calidez en el trato es brindada por la creciente presencia latina, que aporta su inconfundible matiz entre tanta frialdad.

Afortunadamente, yo no estaba solo. El pintoresco departamento al que llame hogar por una semana contaba con la presencia de Fichinescu, cuya sensatez es siempre un balsamo y de Jorge, quien segun muchos seria mi hermano gemelo perdido. La armonia estuvo asegurada desde el primer instante, siendo cada uno dueño de sus espacios y de sus tiempos.

Disponiamos de dos dias libres previos a la voragine que seria la E3. Tuvimos tiempo de perdernos en el subterraneo y de probar la desagradable comida americana; visitamos Hollywood, frivolo lugar compuesto por un 70% de negocios que venden grotescos recuerdos alusivos; recorrimos una gigantesca libreria que logro que no pierda del todo mi fe en la humanidad.

Al segundo dia en Los Angeles yo ya extrañaba a mi Buenos Aires. Extrañaba a mi novia y a mi perra. Extrañaba el cafe servido en un pocillo. Extrañaba el futbol y –sobre todo- extrañaba mi placida rutina porteña.

El lunes 10 de Junio comenzaron las responsabilidades. Las tempraneras conferencias de Microsoft y EA nos obligaron a adaptarnos a un nuevo ritmo que, sumado al cambio horario, nos tuvo ligeramente a maltraer. Fichinescu debio –ademas- asistir al evento de Sony, en el cual no abundaron las acreditaciones para Latinoamerica.

Al dia siguiente comenzo la exposicion propiamente dicha, el principal motivo por el cual emprendimos un viaje de miles de kilometros. La ansiedad se palpitaba en la puerta del Convention Center. Medios de todo el mundo contaban los segundos, esperando entrar al lugar en el que estarian depositadas las miradas y esperanzas de la comunidad gamer global.

Tal como marca mi historial, lo primero que hice fue perderme. El Wi-fi alli era algo inalcanzable, por lo que solo el azar permitio que un par de horas despues pueda encontrarme con mi grupo. En ese rato tuve la oportunidad de probar algunos juegos, tales como el promisorio Donkey Kong Country para WiiU, el regreso del raton Mickey en Castle of Illusion o la version para PS Vita de la aventura episodica de The Walking Dead.

Indudablemente, Fichinescu posee la palabra gamer mas autorizada que conozco. Él se encargo de la mayoria de las entrevistas, demostrando conocimiento y versatilidad ante cada interlocutor. Yo, por mi parte, consegui un par de testimonios que quizas resulten trascendentes a futuro, de cumplirse ciertos pronosticos relativos a FIFA 14. Ademas, como dato de color, pude entrevistar brevemente a Dominic Monaghan –Merry en El Señor de los Anillos y Charlie en Lost- quien gentilmente brindo unos minutos de su tiempo a este cronista. Todo el merito de aquel encuentro corresponde a Jorge, quien pudo distinguir al actor en medio de la muchedumbre.

Los tres dias de la E3 pasaron velozmente. Entre extensas caminatas, tediosas esperas y luminosas distracciones, el tiempo tirano nos encontro despidiendonos –al menos por un año- del evento con el que tanto habia soñado de niño. ¿Y que puedo decir al respecto? Que todo es tal como lo suponia: entusiasmos exagerados, promesas que quedaran en el aire y sonrisas al por mayor; tantas, que no tengo mas remedio que desconfiar de ellas. Afortunadamente, mas alla de la parafernalia, tambien hubo lugar para los videojuegos. Las inminentes PS4 y Xbox One, asi como sus respectivos titulos exclusivos, nos daran material de sobra para debatir en los proximos meses.

El viernes, Fichinescu y Jorge partieron hacia Riot Games, estudio responsable del popular League of Legends. Yo, sabiendo que mi presencia no seria para nada imprescindible, opte por no ir. Decidi, en cambio, darle una ultima oportunidad a Los Angeles.

Volvi a utilizar el subterraneo, esta vez con mayor eficacia. Regrese a Hollywood, alejandome de las luces de los carteles y adentrandome en las pequeñas calles que rodean las famosas letras que descansan en el Monte Lee. Alli pude absorber algo –muy poco- del espiritu de la ciudad. Me entretuve en los pasajes, caminando como pocas veces lo habia hecho. Y pense fugazmente en como hubiera sido mi vida de haber nacido en un lugar asi.

Regrese en taxi a nuestro barrio. El conductor se llamaba Eddie y era oriundo de El Salvador. Fue el quien me dio la posibilidad de entablar un dialogo tal como lo hubiese hecho en Buenos Aires. Me conto muchas cosas acerca de la vida en la gran ciudad, dandome una aproximacion a todo aquello que yo no llegaba a entender. Tras un sincero apreton de manos, me despedi de el.

Nuevamente en el Downtown, donde se encontraba nuestro departamento, me dispuse a seguir paseando. Me cruce con algunas caras que a esa altura ya resultaban familiares. Por supuesto que, en sintonia con la ciudad, yo ya no miraba ni me interesaba por nadie. Llegue incluso a mimetizarme con los locales, respetando a rajatabla las neuroticas luces de los semaforos, comportamiento que perdi instantaneamente al volver a mi pais.

El sabado comenzaron los preparativos para el ansiado regreso. Quien escribe estaba invadido por una inexplicable mezcla de sensaciones, pero la mas notoria era sin dudas la alegria. Sabia que en Buenos Aires habria gente esperandome para festejar tardiamente mi cumpleaños. Sabia tambien que volveria a saludar a todos aquellos que –sin saberlo- dan forma a mi rutina. Y, fundamentalmente, sabia que en escasas horas volveria a mi ciudad; aquella en la que no elegi nacer, aquella en la que elijo vivir a diario.

Comentarios