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EL FICHIN DE MI VIDA: Wonder Boy

Como todo lo que se queda con nosotros en la vida, esto no sucedió por mero capricho personal, sino del destino.
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Por: Mariano Rizza

El Fichin de mi vida no fue un amor a primera vista, ni mucho menos, pero no por eso deja de ser una historia romantica. Mi experiencia con los arcades fue en un noventa por ciento en la costa, siempre estando de vacaciones. Mientras mi version infante desperdiciaba fichas a $0.25 la unidad por falta de habilidad, entendimiento o - en la mayoria de los casos - altura para siquiera ver la pantalla, habia un detalle que dia a dia llamaba poderosamente su atencion: la fila, o mejor dicho, la turba apretujada de mujeres de todas las edades aguardando para jugar Wonder Boy jamas disminuia e inclusive llegaba a igualar a la del recien salido Super Street Fighter II.

Lo que de niño no era mas que un detalle, de pre-adolescente se me antojaba como una oportunidad, por lo que incentivado por un coctel molotov de hormonas comence a tomar la actitud de jugar siempre a la maquina que estuviera junto al Wonder Boy, sin importar que juego fuera, para entablar conversacion con el inagotable caudal de mujeres que desfilaban para asistir al rechoncho y rubiecito cavernicola a rescatar a su novia.

Al margen de si la tecnica me resulto util o no – un caballero no tiene memoria -, los años fueron pasando hasta que en uno de los primeros dias del año ’97 me encontre acudiendo a los Fichines que se encontraban en el balneario Numero 6 de Punta Mogotes en Mar del Plata, a las nueve de la mañana, ignorando por completo las olas, el viento y el ruido del mar. Al llegar inclusive antes que la mayoria de los empleados, solo una maquina se encontraban encendida, por lo que con mi torre de fichas en mano me situe frente a la pantalla rosa con el logo de SEGA contrastando con su electrico azul.

Lo que sucedio a continuacion fue magia pura. Tras años de estar parado junto a la maquina, me di cuenta que tenia incorporados todos los conocimientos necesarios para ser yo quien tomara las hachas de piedra, la patineta y me encomendara a arrasar con cuanta criatura salvaje se pusiera en mi camino. Con una sola ficha llegue al mundo 5-2, lo que pueden llegar a ser unos 40 minutos de juego, y de ahi en adelante e inclusive hasta el dia de hoy, es uno de los pocos Arcades que juego.

Wonder Boy es una delicia de plataformero, con un elevado y siempre desafiante nivel de dificultad gracias a la pantalla, el tiempo y la musica que nos corren sin descanso, a la vez que los enemigos se multiplican exponencialmente en pantalla. Sus decisiones esteticas y artisticas rozan el status de objeto pop y su jugabilidad incorpora el arte perdido de la sobrehumana exigencia de coordinacion mano/ojo, ademas de ser practicamente un juego que requiere reflejos y habilidades fisicas, como si fuese el balero o el yo-yo.

Luego de 15 años jugando, jamas logre rescatar a la novia del personaje o siquiera llegar al octavo nivel. Sin embargo, eso jamas resulto ser un problema. En todo caso, el hecho de jamas haberlo terminado mantiene vivo mi hambre a la hora de jugarlo. Y en definitiva, no me disgustaria dejar esta bola de polvo sin llegar al final, ya que mientras este vivo, Wonder Boy va a ser el Fichin de mi vida.

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