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EL FICHIN DE MI VIDA: Suikoden 3

Aprovechando que estamos en medio de la cuenta regresiva para encontrar el videojuego favorito de los argentinos, los Malditos Nerds vamos a hablar de los que más nos pegaron y por qué.
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Por: Ignacio Esains

Me acuerdo de mis primeros juegos mas que de cualquier otra cosa de mi infancia. Crazybugs y Horace Goes Skiing en la Timex Sinclair 2068, a los 5 años, Deathchase 3D en una noche de lluvia en la playa a los 6, Airborne Ranger a los 9 en mi primera PC. Desde entonces, siento como si nunca hubiera dejado de jugar videojuegos, pero la verdad es un poquito mas complicada.

Todos tenemos baches en nuestra historia fichinera personal, y el mio empezo en 2001, un año horrible para cualquier argentino, o cualquier humano – la sospecha de que no eramos parte del espiral del consumo que habia alimentado mi coleccion gamer de los noventa se confirmo de inmediato en esos dias de septiembre, para afirmarse en diciembre y en el arido 2002. La crisis coincidio (por suerte) con una racha de trabajo estable que encare con la ambicion tipica de un veinteañero, dejando de lado amigos, pareja, y viendo a mi PC envejecer y finalmente fallecer en una de las misiones finales de Grand Theft Auto: Vice City. Compre una “practica” laptop que no podia correr ni el buscaminas y asustado por el inflado precio de PlayStation 2, le dije adios al gaming por un rato.

Tres años despues mi trabajo me habia llevado a otro pais, a una ciudad tropical donde salir a la calle era un suicidio en julio o en enero, y mi falta de amor por la salsa y el merengue me daba mucho tiempo libre durante las tardes y fines de semana. Una billetera dolarizada me permitio acceder a una PS2 nuevita con una pila de juegos (mis primeros “originales” de consola) que casi no toque durante meses, prefiriendo las repeticiones de Seinfeld en el cable a tratar de superar otro tutorial, otro jefe infinito ¿habia perdido el toque? Esto no se sentia como la madurez con la que me amenazaban mis viejos, con dejar atras las preocupaciones infantiles. Se sentia como perder algo, una piedra fundamental de lo que yo era.

Las cosas no iban bien en el trabajo, mi motivacion era nula y las fechas de entrega se estiraban en el tiempo. Un lunes, preparandome para una reunion donde debia presentar un proyecto que no estaba ni empezado, me desperte con la necesidad urgente de escaparme - a Buenos Aires no podia volver, la ciudad donde estaba era un infierno, pero mi PS2 casi nuevita estaba lista para recibirme. Recorri las cajas sin buscar nada en especial, y me encontro Suikoden 3, un juego de rol japones que ya tenia sus añitos, pero que habia elegido por las buenas experiencias que su primera entrega me habia dado en PlayStation 1.

Suikoden 3 no fue el primer RPG de esa generacion que probe... habia jugado de reojo Final Fantasy X años antes, y tecnicamente el titulo de Konami no tiene nada que hacer ante el monstruo de Square, pero lo de Suikoden siempre fue la calidez, amplificada por la estructura narrativa del tercero dividida en capitulos, cada uno protagonizado por un personaje distinto, esperando el inevitable choque entre sus facciones. Combates, minijuegos, secuencias simples de estrategia... Suikoden III existia en la cresta de la ola japonesa, ese lapso entre 1997 y 2003 en que la industria del JPRG competia en busca del mejor sistema de combate, la historia mas epica, los niveles mas extensos, con la imaginacion al poder y la innovacion como bandera.

Pase cuatro o cinco horas escapandome de mi trabajo (celular bajo la almohada, volumen de la tele al mango) en el mundo de Suikoden, y ese DualShock 2 que tanto rechazo me causaba tardo minutos en convertirse en segunda piel. El escapismo que buscaba se logro con creces, y las pocas neuronas que el RPG me dejaban libre ya estaban volviendo a mi ciudad, donde me dedicaria a jugar todo lo que me perdi mientras moria lentamente de inanicion - hasta que un segundo click, mucho mas profundo que el primero, cambio mi perspectiva de inmediato. No me acuerdo que fue exactamente lo que lo provoco (un jefe de final de nivel especialmente bien diseñado, alguna linea ingeniosa de dialogo), pero Suikoden III paso de ser la piedra debajo de la que me escondia a ser una experiencia completa. Empece a admirar y entender cada una de sus partes como no habia hecho antes con otro juego. A maravillarme por el diseño de su mundo y la consistencia de su mitologia. A disfrutar mas alla de la diversion y de la excusa para pasar el tiempo.

Y entonces hice todo lo que cualquier adulto maduro hubiera hecho: llame a mi trabajo con la nariz tapada, invente un virus de esos que solo le dan a los argentinos mentirosos y prometi volver al otro dia con el trabajo terminado. Y volvi, pero sin el trabajo. Le dedique el resto de mi dia a una maraton de Suikoden III, redescubriendo el gaming, no desde la nostalgia o del escapismo, sino de una verdadera curiosidad: un juego es a la vez una maquina compleja y un bastidor donde artistas de distintas especialidades se expresan con una democracia que otros medios, dominados por directores o productores, no manejan. Si algo que vaya a experimentar en mi vida se puede parecer a la madurez, el momento en que me reencontre con el gaming como adulto fue el mas cercano.

Nunca volvi a jugar Suikoden III. Lo termine en poco mas de 10 dias y quedo en aquel pais dentro de una valija que tuve que dejar en el aeropuerto por exceso de peso. Ocho años despues tengo el placer de vivir de esto, escribiendo sobre esos (para robar un termino) “motores emocionales” de los que todavia tengo muchisimo para aprender, pero se que si por cualquier razon me vuelvo a distanciar, cualquier gran juego va a abrir la puerta cuando el momento llegue, como si nada hubiera pasado.