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EL FICHÍN DE MI VIDA: Adventures of Lolo 3

Megawacky Max comparte uno de los juegos que definieron su ser. Y no, no es Dwarf Fortress.
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Por: Maximiliano Baldo

Estoy seguro que todos los que me conocen esperaban que el fichin de mi vida fuese Dwarf Fortress. Admiro muchisimo a ese juego, pero no me ha llegado a marcar tanto como muchos otros titulos si lo hicieron. No estamos hablando de “mi juego favorito” sino de “el juego que marco algo en mi existencia”, y para ese apartado tengo una lista muy especifica de titulos. Por ejemplo, Adventures of Lolo III, para la vieja y querida NES (o “La Family”, como la conocimos todos).

La franquicia Lolo se basa alrededor de unas criaturitas de diseño extremadamente simple; infantil, incluso; cuya mision en cada juego es ir superando los acertijos de logica, muy inspirados en el clasico Sokoban, pero con añadidos propios en forma de una variedad de enemigos que, gracias a sus comportamientos especificos, volvian cada nuevo nivel en desafios cada vez mas grandes, pero tambien, cada vez mas satisfactorios de resolver. Y tambien habia otra novedad: Lolo ya no estaba solo, pues ahora Lala, su compañera, podia tomar su lugar como protagonista en cualquier momento. Eso no afectaba en lo mas minimo a la jugabilidad, pero si tenia importancia en un punto avanzado del juego, que no voy a revelar.

Pero tambien viene muy a mi caso en particular, porque yo tampoco estaba solo al jugar este juego. Yo tambien tenia un compañero.

Mi padre tenia su propio gusto con los fichines. Le encantaba el Lode Runner, otro clasico de aquella epoca, y disfrutaba de aquellos viejos fichines de carrera que hacian lo que podian con sus 8-bits de poder. Ni hablar de su adiccion a Dr.Mario, que a veces lo dejaba despierto hasta bien entrada la noche. Si bien yo tambien compartia cierto cariño por Lode Runner, realmente no teniamos ningun fichin en comun. Excepto Lolo 3. Fue mi padre el que me inculco ese amor por los desafios de ingenio; le encantaba hacerme pensar; y por eso Lolo 3 fue algo tan magico para los dos, ya que mi padre, en aquellos dias, era mucho mas ingenioso que yo… pero su habilidad para el simple (pero eficiente) pad de Family (de NES, okay) no era lo suficientemente desarrollado para algunos de los momentos del juego en los que velocidad y precision eran clave; algo que a mi me salia muchisimo mejor.

Él tenia el ingenio. Yo tenia la habilidad. Los dos teniamos Adventures of Lolo 3.

Ya no recuerdo ni en que año ocurrio. Solo se que yo concurria a la escuela primaria y que, al regresar a casa, casi siempre podia contar con mi padre, ya enfrascado en el juego, meditando la solucion de algun nivel particularmente dificil. Nos sentabamos uno al lado del otro y analizabamos el diseño del nivel, la posicion de los enemigos, las posibles rutas a seguir. Nivel a nivel ibamos recorriendo una historia simplista, pero suficiente. Cada vez que creiamos acercarnos al final de la aventura, algo le ocurria a los personajes y un nuevo conjunto de niveles emergia ante nosotros; mas dificiles, mas desafiantes.

Pero no fueron rivales para la perseverancia, para ese ingenio agudo que el poseia, para mi preciso control del pad (la velocidad era pieza clave en muchos niveles). Asi, juntos, padre e hijo, cooperamos haste llegar al esperado final. Ya ni recuerdo que es lo que mostraba aquella ultima pantalla… solo se que llegamos a ella. El camino es, muchas veces, mas importante que el destino al que conduce.

Muchos juegos han pasado desde entonces, pero nunca olvidare a Lolo, a Lala, y a todos esos niveles que pasamos juntos. Que nadie venga a decirme que los videojuegos no pueden, tambien, unir a la familia.

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