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Chopper Says: Los malos de la película

La reciente salida de Call of Duty Ghosts lleva a Chopper a reflexionar sobre la mirada que los medios dan a los videojuegos.
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Por: Jeremias Curci

Estamos cerca de terminar un año bastante movido y tambien una generacion de consolas. Y haciendo un racconto de los sucesos con los que me quedo este año, sin lugar a dudas que tengo que mencionar esta suerte de reafirmacion de una especie de “corriente de analisis” sobre lo que para mi es un fenomeno artistico/cultural/social que implica tanto el desarrollo y lanzamiento de un videojuego, como tambien el acto de jugarlo. Este tipo de analisis escarba la superficie de los juegos en busca de otras significaciones, de otra dialectica, de otro tipo de profundidad que va mucho mas alla de reparar en cuestiones tecnicas, jugables, esteticas o de guion. Ahonda tambien en lo que nos pasa a los jugadores mientras jugamos; como reaccionamos a ciertos estimulos.

Gracias a esta busqueda del reconocimiento del lenguaje propio y autentico del videojuego es que han llegado una buena cantidad de debates enardecidos entre la comunidad con temas bien actuales que tocan de cerca a la sociedad en la que vivimos, particularmente en temas espinosos como la violencia de genero; la misoginia dentro de los juegos mismos como tambien en la industria que la rodea; o bien la objetivacion de la mujer.

Sin embargo, hay otro tanto de cuestiones igual de atendibles que parecen ocupar un lugar distinto en la agenda, al menos, al ver la repercusion negativa que ha recibido un juego como Call of Duty: Ghosts, en donde las reseñas lo señalan por ser el mas flojo en cuanto a la historia que presenta como tambien a decisiones que van en detrimento del apartado multijugador tan caracteristico de la franquicia. Lo llamativo del caso es que ninguno repara en la forma arquetipica que tiene de retratarnos a nosotros, los sudamericanos, ni tampoco nada sobre el agotado discurso patrioteril que despues de todo, es lo que a la sociedad norteamericana le ha costado cierta fama negativa alrededor del globo (entre otras tantisimas cosas).

Parece que el enemigo imaginario en este conflicto ficticio (los amigos de Europa del Este no figuran, gracias a un desastre nuclear que parece haberlos extinguido) son ni mas ni menos que un conglomerado de naciones petroleras Sudamericanas, defendiendo sus intereses con la misma vehemencia con la que la “gran nacion del norte” defiende los suyos no en un juego, sino en la vida real.
No es el unico caso en el que a los sudamericanos nos pintan como gente algo tonta pero sin lugar a dudas peligrosa: desde los primeros Ghost Recon de esta generacion y su autentico genocidio mexicano, pasando por la peligrosa y ultra corrupta Sao Paulo de Max Payne, o mismo aquel fiasco en tercera persona llamado Army of Two: The Devil’s Cartel.

Supongo que esto no es muy distinto al hecho de que cualquier hombre con barba frondosa y pañuelo automaticamente se convierte en alguien peligroso y de quien sospechar y por lo tanto, considerado amenaza. Al menos, asi es como lo han retratado una cantidad ingente de juegos en primera persona como Medal of Honor: otro que tambien recibio su merecido por mal juego, y no por el mensaje que venia incluido en el.

Asi es que aunque esta corriente de analisis me parece genuina, inspiradora e interesante, creo que todavia tiene mucho tramo por recorrer. Cuando hablamos de temas humanisticos creo que se deberia abarcar un todo, y no solo aquellos temas que pueden ser abordados desde cierta comodidad. Por esto es que de alguna manera, cuando leo textos de gente a quien considero de referencia como Leigh Alexander, Carolyn Petit entre otros, no puedo evitar que asome un leve sentimiento de decepcion.

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