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Chopper Says: Backtracking

Chopper recuerda en este editorial su primer contacto con los videojuegos, entre otras cosas.
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Por: Jeremias Curci

Ordenando algunos documentos encontre algunos escritos viejos que quisiera revivir para compartir con ustedes, lectores. Este en particular data del año pasado, dias despues de cumplir mis treinta años, en los que recuerdo los dos primeros juegos que jugue en mi vida. Espero lo disfruten.

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Hace un par de meses cumpli treinta años. Estoy bastante lejos de ser un anciano aunque tengo que hacerme cargo de cierto achaque; el asunto es que metiendome un poco en el papel de esa gente que siente crisis por factores etareos, senti la irrefrenable necesidad de que este “Milestone” signifique algo, que tenga algun sentido. Entonces me puse a pensar en todo lo que me rodea y que hace a mi vida cotidiana, en como llegue hasta donde estoy ahora.

Mientras lo hacia, estaba sentado en el sofa de la “redaccion” que monte en mi casa y pude verlo con mucha claridad. Ahi estaba, proyectando una extensa sombra contra el poster de LA Noire: mi joystick. Conozco muy poca gente por fuera de mis pares que hayan dedicado tanto tiempo y devocion a algo especifico, sean videojuegos o lo que venga. ¿Cuanto es tanto tiempo?


Miro hacia abajo y veo mis manos. Son pequeñas, mas de lo habitual. Un poco mas alla puedo ver un par de cordones desatados y mis medias desalineadas. Mientras trato de volver en mi, noto que mi atuendo es de color blanco, algo manchado y desvencijado: es mi delantal, con todo y sus dos botones en falta habituales. Estoy en un patio con un monton de chicos corriendo y mi espalda, apoyada en una columna. Desde luego que alguien como yo, miraba todo de costado y un poco desde lejos. Y estaba ella. Aunque hacia cuatro años que yo estaba ahi metido, nunca habia conectado particularmente con nadie. Ella era una recien llegada, victima de la crueldad infantil tan habitual en el ambiente escolar primario. El punto es que supongo que por eso mismo conectamos: en esto de ser un tanto marginados sea por lo que sea. Hablamos.
Una cosa llevo a la otra y al poco tiempo eramos buenos confidentes. Conoci a su hermana. A su madre. Y un buen dia me invito a su casa: era una especie de cita.

Su habitacion contaba con toda la parafernalia que cualquier chica de su edad debia llevar por definicion. Muñecas, posters, pequeños ponys. Una colcha blanca con motivo de Frutillitas.
El silencio fue un poco incomodo al principio, sentados uno al lado del otro. Por la ventana entraba un haz de luz perfecto que pegaba en un rincon de la acogedora habitacion y generaba un brillo poco habitual, producto de lo que nos termino de unir de manera tacita: una computadora.
Por mas memoria que trato de hacer, la verdad es imposible determinar con exactitud que modelo era el que llevaba el trasto en cuestion. El hecho de contar con una disketera de 5 ¼ y un monitor ambar me hace pensar que probablemente se haya tratado de una XT 86, con poco y nada de memoria RAM. Sutileza era lo que le faltaba al diseño. En retrospectiva, era un aparato bastante grotesco de ver –ni hablemos de tenerlo puesto en un escritorio-, pero a su vez, dicha fealdad le daba cierto encanto.
Mi amiga alzo sus pequeñas manitas cortando los rayos del sol, el brillo en sus uñas encandilaba. Poca idea tenia yo de que lo que seguiria a continuacion iba a cambiar por completo mi vida: haciendo foco con la vista, pude ver entre sus finos y largos dedos un  diskete etiquetado a mano con la leyenda: Sokoban.

Lo que estaba por suceder era algo inusitado. Con una precision endiablada mi amiga tipeo sokoban en el prompt de DOS y la maravilla echo a correr. Bueno, correr es un decir. La verdad es que Sokoban se tomo su tiempo para culminar la carga de los datos, al punto de que pensamos que la cosa no iba a funcionar, sensacion profundizada por el destartalado chirrido del vaiven de la unidad de disco. Finalmente, ahi estaba. Una vista cenital bastante humilde, con unos graficos amarillentos igualmente de humildes pero no por eso menos fascinantes. Ante mis ojos, se erigia un mundo virtual y encantador en el cual podia demostrar mi destreza valiendome unicamente de las teclas de cursor. Los puzzles de cada nivel eran eternos y estuvimos dias incontables tratando de llegar lo mas lejos posible.

La cosa con el tiempo se puso seria.

Un dia casi al terminar las clases, me dijo que era urgente que nos encontremos en su casa. Tenia algo importante que decirme. Por un momento, tuve algo de miedo. Las siete cuadras que separaban su casa de la mia deben haber sido algunas de las mas largas que recuerde, incluso siendo pequeño.
Llegue con un estado de nervios importante, de esos que le aplican a uno un torniquete abdominal.

El silencio era el mayor protagonista de la escena, por robo. Ella se acerco a la computadora.
El pase de magia se repitio, solo que esta vez habia una diferencia: el disco que manipulaba tenia otra etiqueta: decia POP.
“Esto, esto es importante” decia, a la hora que tipeaba “Prince”.
No supe hasta despues de muchisimo tiempo quien era ese tal “Jordan Mechner Presents”, lo cierto es que POP era ni mas ni menos que Prince of Persia. Esto era muchisimo mejor que Sokoban en todos los sentidos posibles: teniamos una historia, un objetivo. ¡Los movimientos! Este tal tipo Presents si que la tenia clara, pensaba mi inquieta cabeza de tan temprana edad. Las sesiones de juego se hicieron eternas explorando las mazmorras y combatiendo a los guardias para salvar a esa mujer en aprietos. Oficialmente y por primera vez, me ponia la ropa de un heroe.

¿Como olvidarlo? Sokoban y Prince of Persia son los dos primeros juegos que jugue en mi vida, los que me hicieron desarrollar un profundo amor por los mundos virtuales, aquellas historias colosales en las que yo era (y sigo siendo) el protagonista, entre chocolatadas y galletitas. Desde ahi en adelante jugue a todo cuanto pude en todas las plataformas y versiones posibles. No estaba dispuesto a dejar de jugar jamas.
¿Mi amiga? Me gustaba con locura pero aun siendo muy chico, era perfectamente conciente del hecho de que ni ella ni yo necesitabamos mas problemas en el ambito escolar, si es que la cosa trascendia. Era todo un pequeño caballero. O tal vez algo cobarde; esto de ser un heroe se me daba mejor con un par de teclas adelante.

La temporada escolar siguio su curso con suma normalidad y nuestros caminos se separaron. No volvi a saber de ella, pero recuerdo todo con una gran sonrisa.
El mundo es un pañuelo y uno nunca sabe. Por las dudas, si estas leyendo: estoy eternamente agradecido y quiero que sepas que no; no te recuerdo por haberte dado mi primer beso ni por haber sido mi primera novia. Te recuerdo y te agradezco por haberme dado a tan temprana edad una de las cosas mas importantes para mi: el amor incondicional y verdadero por los videojuegos.

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