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Aguafuertes: Capítulo 63

V.Dylan nos ofrece una nueva crónica de lo cotidiano, recordando un suceso en apariencia mínimo, acaecido durante la última E3.

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Capitulo 63: El mejor amigo del perro

El pasado mes de junio sera recordado por este cronista por dos grandes motivos. En primer lugar, cumpli mis 30 años de edad, cifra simbolica que implica una necesaria (aunque aun postergada) maduracion. En segundo termino, tuve la posibilidad de viajar a Los Angeles, donde logre hacer realidad uno de los sueños de mi niñez: asistir a la E3. Casualmente, ambos sucesos confluyeron simultaneamente un caluroso miercoles.

He escrito muchas paginas sobre el viaje, la experiencia y –por supuesto- los juegos. Sin embargo, hurgando en mi memoria puedo encontrar pequeños extractos cotidianos que, increiblemente, se sienten tan nitidos como los recuerdos en apariencia mas trascendentes.

Los sucesos que narrare a continuacion son absolutamente minimos, quizas irrelevantes, pero tienen el poder para emocionar a alguien que por momentos siente haber perdido su fe en el genero humano.

El departamento de Joshua –lugar al que llame hogar durante ocho dias- esta convenientemente ubicado en pleno centro de Los Angeles. La vida alli no difiere mucho de la rutina porteña. Embotellamientos cronicos, gente apurada y edificaciones gigantescas dan forma a una urbe superficialmente fria que es capaz de sepultar los sueños de cualquier turista. La verdadera esencia de la ciudad debe ser buscada en otro lado, muy lejos del Downtown.

El edificio que nos albergo tenia una irresistible ambientacion retro, con pasillos interminables y un ascensor enorme y oscuro que hubiese generado mas de un suspiro en los amantes de la arquitectura. Muchas veces, nos cruzabamos con nuestros circunstanciales vecinos, quienes dificilmente nos ofrecian mas que un saludo de compromiso.

Uno de ellos, tan anonimo como el resto, era un hombre de aproximadamente 35 años. Varias veces al dia salia a la calle con un atuendo casi deportivo que dejaba traslucir sus inocentes aspiraciones de hipster. Nada en el hubiese llamado demasiado la atencion de no ser por su compañia: un perro de edad avanzada que apenas podia caminar. El muchacho, con infinita bondad y paciencia, se quedaba junto a su amigo, esperandolo y siguiendo el ritmo que sus cansadas extremidades podian soportar. Cada pocos metros, detenian su marcha y el hombre masajeaba el lomo del animal, dandole fuerzas para seguir un poco mas. Esta escena se repitio durante toda nuestra estadia y tenia lugar a cualquier horario.

Mi ingles oxidado y el respeto a la intimidad que mascota y amo compartian a diario impidieron que me acerque a hablar con el, simplemente para felicitarlo. Entre tanta crueldad absurda y tanto ensimismamiento innecesario, aquel joven decidio seguir acompañando a su amigo mas fiel en el ultimo tramo de su vida.

Cada vez que los veia sentia orgullo. Es facil ser querido por un perro; lo verdaderamente dificil es ser digno de tanta incondicionalidad. Y este hombre lo era. Mientras mas los cruzaba, mas queria regresar a mi Buenos Aires. Aqui no solo me esperaban el cafe en pocillo, el futbol de los domingos y mi bella novia; tambien Maga, mi perra, aguardaba pacientemente mi aparicion. Ella festejo mi vuelta como nadie. Y yo, cansado tras las horas de vuelo y el molesto cambio horario, decidi dejar el agotamiento de lado para dar un paseo con ella.

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