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ANÁLISIS: The Post: Los Oscuros Secretos del Pentágono

Steven Spielberg dirige a Meryl Streep y Tom Hanks en una historia de época, pero muy, muy actual.

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Por: Jessica Blady

Steven Spielberg demostró hace rato (tres, cuatro décadas atrás) que tiene la capacidad de incursionar en cualquier tipo de género e historia, y salir muy bien parado. Admitamos, puede hacer lo que se le da la gana sin perder calidad, y de paso, arrancarnos algunas lágrimas y sonrisas. En estos últimos años se concentró en relatos basados en hechos reales que, a pesar de estar ambientados en épocas muy diferentes, siempre encuentran la forma de conectarse con el clima político y social más actual.

Pensemos en “Lincoln” (2012), “Puente de Espías” (Bridge of Spies, 215) y ahora “The Post: Los Oscuros Secretos del Pentágono” (The Post, 2018), un drama que habla, principalmente, sobre la libertad de prensa y el destape de un escándalo político; pero también de tiempos de cambio donde una mujer, sí, una mujer, se convirtió en el epicentro de una de las decisiones editoriales más importantes en los Estados Unidos.  

Kay Graham (Meryl Streep) terminó heredando la pequeña compañía familiar, The Washington Post, adquirida por su padre Eugene Meyer en 1933, quien elevó la reputación del periódico más importante de la capital estadounidense. Tras su muerte, pasó a manos de su yerno Philip L. Graham, que se suicidó en 1963 pasándole el testigo, de forma un tanto forzosa, a su esposa.

Katharine es una mujer de otro tiempo, la típica ama de casa de sociedad que se ocupa de los aperitivos mientras los hombres “hablan de negocios”. Así la criaron, y así, en las sombras, permaneció por muchos años, un poco de adorno en las reuniones de la junta directiva, aunque tenga la palabra definitiva a la hora de tomar las decisiones.

Estamos en 1971 y es un punto de quiebre para el Post, a punto de entrar a cotizar en la bolsa de valores, dejando de ser esa pequeña empresa local y familiar, y mucho más una institución periodística, teniendo al The New York Times como su más grande rival a la hora de las primicias. Pero en plena guerra de Vietnam, con Nixon ocupando la oficina oval, el diario de la Gran Manzana echa mano a un informe top secret del gobierno que pone en evidencia que la guerra ya estaba perdida desde el principio, y sólo forma parte de un larguísimo “complot” que se viene gestando desde la década del cuarenta, y ya atravesó unos cuantos gobiernos.    

El escándalo político estalla en la primera plana, dejando un poco en evidencia al periódico de la capital, más preocupado por asuntos sociales y por mantener las buenas relaciones con varios miembros del gabinete, muchos de ellos implicados en estos “Pentagon Papers”, además de ser íntimos amigos de Graham.

Así es como se produce el primer quiebre de la mano del editor Benjamin Bradlee (Tom Hanks) y su equipo, quien decide dejar las buenas formas de lado y ponerse definitivamente del lado de la prensa libre y los lectores que tienen derecho a saber la verdad. La intransigencia de Bradlee choca constantemente con la diplomacia de Graham y el resto de la junta directiva, que no ven con buenos ojos que su periódico termine en las mismas circunstancias que el Times, “censurado” y enfrentando acciones judiciales por parte de la Corte Suprema.  

Spielberg se centra mucho más en estas pequeñas/grandes decisiones que en el escándalo político en sí, demostrando la importancia de la separación de poderes y un aparato periodístico que debe mantenerse objetivo ante cualquier acontecimiento allá por 1971, claro, pero también en 2018.  

El acento está puesto en la tímida figura de Katharine –de ahí la vigésimo primera nominación al Oscar para Streep-, a quien pocos ven con respeto y más allá de esa “señora de sociedad”. Graham se va ganando su lugar en un mundo marcado por los hombres, y donde las pocas mujeres que se ven en la redacción apenas forman parte de la sección de “Estilo”.

El guión de Liz Hannah y Josh Singer no es nada tímido a la hora de resaltar estas diferencias, de mostrarnos la “evolución de Kay”, o las presiones por parte de Bradlee, un periodista con la mente muchísimo más abierta. Así, Graham –la primera mujer editora dentro de una publicación americana de semejante magnitud- se convierte en el mejor ejemplo para aquellos tiempos de feminismo aletargado, y para estos tiempos, donde las voces femeninas no dejan de escucharse, sobre todo aquellas que reclaman igualdad, diversidad y buenos tratos en los puestos de trabajo.    

Spielberg sabe que este es el mejor momento para contar esta historia y volverla relevante, más allá de que el fiasco de Vietnam, y lo que seguiría con Watergate, quedó un tanto en el pasado, aunque sigue siendo una mancha imborrable en cuanto a escándalos políticos y “transparencia”.

Lo mejor de “The Post: Los Oscuros Secretos del Pentágono” llega con la decisión de Bradlee de sumarse al tren de la noticia, intentar echar mano a temido informe y abrir las puertas del Infierno desde la primera plana del diario. En esas últimas horas, antes de encender la imprenta, es donde la narración alcanza su pico más alto, concentrando toda la tensión, y la atención, en la decisión de Kay y las repercusiones que vendrán por parte del gobierno.  

El director opta por un estilo realista, casi documental, totalmente despojado de glamour y artificio, muy en la vena de clásicos como “Todos los Hombres del Presidente” (All the President's Men, 1976), o la más reciente y oscarizada “En Primera Plana” (Spotlight, 2015). Spielberg se rodea de un gran elenco que se complementa a la perfección, aunque haya nombres desaprovechados como Sarah Paulson, Alison Brie y Carrie Coon. Pero lo que más brilla es su guión, directo y conciso a la hora del mensaje que nos quiere dar, aunque destile un poquito de utopía en estos tiempos tan cínicos.   

LO MEJOR:

- Su elenco en conjunto.

- Todos sus mensajes, más actuales y relevantes que nunca.

- En manos de Spielberg todo resulta interesante.

LO PEOR:

- Tantas grandes actrices un poco desaprovechadas.  

- Que el periodismo fue perdiendo esa ética del pasado. 

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