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ANÁLISIS: Game of Thrones S07E02 (SPOILERS)

Daenerys llegó a Poniente. Los Caminantes Blancos llegaron al Muro… ¿cómo van a estirar estas dos últimas temporadas? Este capítulo responde esa pregunta con contundencia.
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Por: Ignacio Esains

Durante seis temporadas, Daenerys Targaryen preparó su plan para la reconquista de Poniente. Reclutó a un ejército (o mejor dicho, a más de uno, entre Inmaculados, Dothrakis, y mercenarios), crío a tres temibles dragones, sumó a sus filas a una colección fieles consejeros, y finalmente consiguió la flota que necesitaba para zarpar camino a Desembarco del Rey.

Los Lannister, en cambio, perdieron (literalmente) el Norte, rompieron su alianza con Martells y Tyrells, y acaban de enterrar a su tercer Rey en menos de una década. Es imposible que Dany no sepa esto, entonces… ¿por qué tomarse su tiempo? Esa es la gran pregunta de esta temporada - no “¿cómo va a terminar?” sino “¿para qué necesitan 13 horas?”. Los obstáculos que separaban a Daenerys de Poniente siempre fueron artificiales, y si esto era irritante cuando su historia era secundaria a la Guerra de los Cinco Reyes, que esas vueltas se repitan sería insoportable.

La primera escena busca apaciguar estas dudas. Dany está tan impaciente como nosotros, Varys le comunica que, efectivamente, los “leones” están cojeando de una pata, pero Tyrion nos tira un balde de agua fría: “conquistar Westeros sería fácil, pero nadie quiere ser la Reina de las Cenizas”... ¿es tan así? ¿habría que llegar hasta ese punto?  Tyrion estuvo ahí en la batalla de Aguasnegras, y sabe que (si no hubiera sido por el fuego valyrio y la llegada en el último momento de Tywin con los Tyrell) en una noche Stannis hubiera sido Rey. Y no de las cenizas.

Toda esta escena, aparte de estar cargada de exposición literal, sufre del mismo problema de las de Sansa y Jon, o Cersei y Jaime del capítulo anterior: no nos transmite los estados emocionales de los personajes, y parece torpe, hasta descuidada en la caracterización. Que Varys se refiera a Aerys como “El Rey Loco” frente a su propia hija es un acto de arrogancia que tiene poco que ver con el manipulador brillante que conocemos desde la primera temporada. Lo mismo pasa con el interrogatorio de Daenerys… si tuviera alguna sospecha de que Varys la va a traicionar ¿no se lo hubiese quitado de encima mucho antes?

Pero la defensa de Varys, por poco que se ajuste al personaje, es un gran monólogo. La expresión de Conleth Hill al final, casi sorprendido de su propia valentía, sirve para recordar las diferencias entre las novelas y la serie, este elenco perfecto y los climas que logran, aún cuando la coherencia de lo que se cuenta esté en duda. Los personajes son irreconocibles, pero la tensión de la escena es efectiva.

Melisandre ha logrado llegar a Rocadragón (recordemos que aquí vivió durante años junto a Stannis), y da sentido a uno de los elementos colgados de la temporada anterior (la sacerdotisa que colaboró con Dany en Meereen). Con la ayuda de Missandei, aclaramos que la profecía del “Azor Ahai” (el “Príncipe que fue Prometido”) puede referirse a un príncipe… o a una princesa. Melisandre nos sirve para conectar una línea con la otra, nombrando a Jon Snow (¿no debería Tyrion saber ya que se declaró “Rey en el Norte”? ¿o al menos que fue comandante de la Guardia de la Noche?) - y aquí está la vuelta interesante. Daenerys considera a Jon una amenaza de inmediato, y si va a encontrarse con él va a ser para que le declare su lealtad como reina.

Y de inmediato estamos con Sansa y Jon, leyendo en Invernalia la carta en que Dany exige justamente eso… una buena señal de que Benioff y Weiss no piensan perder tiempo. Son menos de tres minutos, en los que la información se intercambia a toda velocidad: Jon sabe que Tyrion es confiable, que su carta extiende una mano y a la vez amenaza, y que aunque sería peligroso reunirse con esta aspirante al Trono, los dragones de Daenerys serían invaluables en la lucha contra los Caminantes Blancos.

En Desembarco del Rey, Cersei se dirige a los pocos nobles que quedan tratando de convencerlos de la brutalidad de Daenerys, invocando cada vez que puede la imagen del Rey Loco. Frente a la pregunta (lógica) de Randyll Tarly (padre de Sam) sobre qué se piensa hacer contra los dragones, Cersei da la palabra al alquimista Qyburn, quien asegura estar trabajando en una solución. Nadie le discute a la reina ni a su gente. El problema de la eficiencia narrativa de escenas como esta es que no se entiende mucho su propósito ¿dudan los nobles del liderazgo de Cersei? ¿es convincente el plan de Qyburn? Tarly confiesa a Jaime que vino al encuentro solamente porque sabe lo que hace Cersei contra los que la desafían… ¿por qué la desafió entonces frente a toda su corte? Y lo hace una vez más, cuando Jaime busca su colaboración y Randyll le recuerda que no son traidores, “ni cortamos las gargantas de nuestros enemigos en una boda”. Una vez más la escena termina simplemente con la propuesta de Jaime y sin reacción de su interlocutor, haciendo imposible saber para qué lado se puede inclinar Tarly.

En estas primeras tres secuencias el director Mark Mylod encuentra formas de aislar visualmente a cada uno de estos posibles monarcas (Dany, Jon, Cersei). Los Stark en un balcón distanciados del entrenamiento de sus soldados. Dany controlando la distancia con respecto a Tyrion, Melisandre y Varys. Cersei dirigiéndose a una corte que no llena ni la mitad del salón del Trono de la Fortaleza Roja. Es un tratamiento visual interesante, como sugiriendo la desconexión entre los aspirantes al Trono y su gente, y llevando al máximo el nivel de paranoia.

En la Ciudadela, Sam colabora con el archimaestre en la curación de Jorah Mormont, cuya psoriagrís se ha extendido casi por todo su cuerpo - tanto que en seis meses o menos perderá el uso de sus facultades mentales y solo tiene 24 horas para quedarse en el lazareto de los maestres antes de que se lo envié a las mismas ruinas de Valyria en las que fue infectado. Para peor, el archimaestre implica que Jorah puede usar ese tiempo para terminar con su vida de forma digna.

En los túneles bajo Desembarco del Rey, en una de las mejores escenas del capítulo, Qyburn explica a Cersei su plan. Drogon, cuenta, fue herido en los pozos de pelea de Meereen, por lo que parafraseando a Arnold en Depredador dice: “si pueden ser heridos, se los puede matar”, y muestra una enorme ballesta con la que podrían matar un dragón de un solo tiro. Si se pone justo justo en el lugar que se tiene que poner. Y se queda quietito. Bue, “un plan” no es lo mismo que “un buen plan”.

En Rocadragón los aliados de Dany preparan su plan. Yara Greyjoy y Ellaria Sand insisten en atacar Desembarco del Rey, pero la reina apoya a su Mano, al punto de repetir sus palabras de la escena anterior: "no voy a ser la reina de las cenizas", mientras que Olenna postula que una reina debe ser temida para ser respetada (un conflicto que Dany enfrentó varias veces en Essos). El plan de Tyrion es sitiar la capital, solamente con ejércitos de Poniente (Martells, Tyrells) y nada de “salvajes” que puedan hacer sentir incómodos a sus nobles aliados, algo que parece tener sentido, más aún después de escuchar a Randyll Tarly explicar que no traicionaría a los Tyrell. Mientras tanto, los Inmaculados marcharán a Casterly Rock, casa ancestral de los Lannister. Todos aprueban el plan - aunque nadie pregunta qué estarán haciendo los Dothraki mientras tanto.

Daenerys se queda sola con Olenna, que le advierte que se cuide de su propia Mano… aunque no queda muy claro por qué la Dama quisiera debilitar esa confianza de Dany. Es más: parece que estuviera diciéndole que no le de bola al plan de Tyrion y directamente se mande a incinerar Desembarco del Rey - que es sin duda lo que nuestra atolondrada Khaleesi quisiera hacer.

La primera mitad del capítulo es todavía más fría que la del inicio de temporada. Una serie de avances en la narrativa que no dejan lugar a desarrollo más profundo de personajes ¿Qué diferencia hay, por ejemplo, entre la Dany de este capítulo y la Cersei del anterior? Las dos son frías, calculadoras, carentes de inseguridades y dudas. Hablan igual, se comportan igual con sus consejeros. Dos reinas con un plan en mente que deben ejecutar, sin lugar para las distracciones. Si estas fuesen sus personalidades, nunca hubiéramos tenido una serie - o al menos nunca hubiéramos tenido una serie interesante.

La coherencia narrativa es impecable. Las decisiones estratégicas tienen sentido y los desplazamientos de un punto a otro responden a una sólida lógica interna. Lo que todavía no me cierra es la motivación de cada personaje. Hay viajes internos que venimos siguiendo hace tiempo, y hoy cada uno de ellos (en especial los tres aspirantes al Trono) parecen solamente cumplir una función. Es difícil encontrar las agendas personales de cada uno en esas escenas.

Cuando Olenna daba consejos de vida a Sansa, estaba mitad ayudándola, mitad midiendo si podía ser competencia para su nieta, mientras que la obsecuencia de Varys, aún en sus primeras escenas con Tyrion, era una máscara que ocultaba su desprecio por la nobleza. Y si Cersei daba un discurso, lo usaba para medir la lealtad de los suyos, no para comunicarles información.

En estos dos capítulos cada una de las escenas podría ser una cut-scene de un juego de rol de hace décadas. Un personaje, su texto, un personaje, su texto… escenas que parecen una sinopsis de Wikipedia de sí mismas. Y por otro lado, la información en sí es fascinante. Cada una de las escenas suelta una gota interesante de información, abre posibilidades interesantes a futuro, cuando parecería que todo está decidido y no quedan antagonistas posibles. Los roces entre los aliados de Rocadragón. La ballesta de Qyburn. La posibilidad de Sam enfrentando a su propio padre en guerra. Tyrion comandando un ataque sobre su propia casa ancestral mientras Jaime la defiende. Y por supuesto, las claras indicaciones de que Dany y Jon no tienen ningún interés en una alianza (o una boda).

Varys le dice a la Reina que será leal mientras sea la mejor opción… ¿pero en caso de que se enfrenten Dany y Jon, no tendrá más sentido colaborar con el bastardo populista que con la reina de los dragones? La toma de partidos, la firma de alianzas, las posibles traiciones… ese tipo de intriga palaciega nunca fue realmente parte de una serie en la que las alianzas venían decididas hace siglos, pero si Benioff y Weiss buscan trazar un camino propio, no hay mejor decisión que apuntar a una guerra entre Jon y Dany.

De la escena de amor casto de Missandei y Gusano Gris, una de las peores en la historia de la serie, mejor no hablar. Dentro de todo está bueno que la serie haya evolucionado del uso casi irrisorio del contenido sexual, pero el eliminar sistemáticamente cada una de las historias de amor hace que payasadas como esta parezcan el triple de forzadas. Missandei y Gusano Gris son personajes que han pasado por experiencias traumáticas y todo tipo de abusos. Que de repente puedan alcanzar este nivel de intimidad parece casi irrespetuoso a sus viajes individuales.

Volvemos a la Ciudadela, donde Sam ha descubierto un tratamiento peligroso pero efectivo contra la psoriagrís avanzada y busca aplicarlo en Jorah antes de que termine de escribir su carta de “adiós Khaleesi cruel”. Jorah acepta, y el doloroso resultado es a la vez una tortura visual y un gran paso de comedia. Es un toque brillante juntar a Sam y Jorah, dos personajes que más allá de su amistad y admiración hacia los protagonistas, nunca han tenido roles muy claros. Aún no sabemos cuáles serán sus funciones en esta séptima temporada pero, como el Perro en el inicio de temporada, inyectan al episodio una necesaria dosis de humanidad.

También hay un poquito más de humor negro en la escena de Arya, que se reencuentra Pastel Caliente (claro, alguien le tuvo que enseñar a cocinar las tortas de Frey de la temporada pasada). Pero pronto la conversación con este viejo amigo se va por otro camino, mostrando una Arya más vulnerable que en los últimos episodios, que ya está sintiendo los efectos de no vivir para ser más que un espíritu de venganza… y por supuesto, en ese momento se entera del triunfo de Jon Snow y decide regresar a Invernalia.

(Sí, yo también pensé que es casi imposible que pasando tanto tiempo entre los Frey y los soldados Lannister no se enterara de las últimas novedades en el frente - dejémoslo pasar.)

En Invernalia, Jon Snow recibe el mensaje de Samwell: Rocadragón está construída sobre una reserva de vidriagón, único elemento al que los Caminantes Blancos son vulnerables. Dragones + armas. Jon ya no puede evitar el viaje, y está dispuesto a jurar lealtad a Daenerys con tal de que los apoye en la lucha en el Norte. Sansa (a la que claramente lo que está más allá del Muro ya le importa poco y nada) le recuerda que el abuelo Stark fue quemado vivo por el Rey Loco, y esta vez los señores del Norte parecen estar de acuerdo: con el Sur no se negocia. Pero Jon tampoco negocia, y en una de esas decisiones brillantes que caracterizan a los Stark, elige viajar al Sur y dejar a Sansa en el poder.

Y es perfecto que Jon se entierre de esta manera. No hay personaje con el que los guionistas de la serie se hayan tomado más libertades que con Sansa, y sin embargo se puede trazar una línea recta entre su fascinación con la nobleza del primer capítulo y la idea de que a pesar de que ese mundo tiene poco que ver con el de sus sueños infantiles, es el lugar que ella se merece. Veremos lo que hace con tanto poder la única Stark a la que el poder le gusta.

Jon se prepara para su viaje y Petyr Baelish aprovecha para meter el meñique, recordando al bastardo su pésima relación con Cat Stark… pero Jon demuestra ser invulnerable a la manipulación. Más allá de estar en lo correcto, parece raro que Jon tenga el instinto inmediato de matar a Meñique. Puede ser que me haya perdido algo, pero él no sabe el rol de Baelish en la muerte de Ned, y si hasta Sansa lo ha (aparentemente) perdonado por entregarla a Ramsay Bolton ¿por qué la agresividad tan poco característica de Jon? ¿es porque (equivocadamente) cree que es la influencia de Baelish lo que ha cambiado a Sansa? ¿Por eso es que Jon ni siquiera le reclama a Sansa una segunda desautorización frente a sus hombres? La escena es muy ambigua, Harington no es muy expresivo. Falta algo.

Camino a Invernalia, la reunión que esperamos hace unas 58 temporadas: Arya se vuelve a encontrar con Nymeria, su loba huargo, que parece que ha sobrevivido estos años a dieta de osos y rinocerontes. La puesta en escena es perfecta, y Maisie Williams te rompe el corazón por todo lo que expresa cuando su antigua mascota rechaza su invitación a volver al Norte. Nymeria ya no es Nymeria. Es una criatura salvaje, el espejo de la misma Arya. El tiempo lejos del hogar tuvo consecuencias y la bestia no puede volver a ser la que era antes. La sensación de misterio de esta secuencia cierra perfectamente con la sonrisa de Arya, y su frase "Esa no sos vos". Arya entiende que su mascota nunca fue su mascota, sino un animal salvaje... ¿significa esto que la pequeña asesina volverá a cambiar su curso camino a matar a Cersei?

Que pena que después de esa escena mágica tengamos que encontrarnos con los peores personajes posibles, esas Serpientes de Arena que no solo son insoportables sino que hablan cada una con un acento distinto ¿alguien más se dió cuenta de eso? Una habla inglés como española, otra como turca, otra como rusa. En otro nivel del barco, Ellaria le tira onda a Yara mientras el pobre Theon no sabe dónde esconderse… y Euron llega a arruinar la fiesta. Estos hombres Greyjoy son un bajón.

La batalla es feroz. Las Serpientes de Arena son puro humo. Euron, que ha sido un personaje distinto en cada capítulo que vimos, aquí resulta ser un brillante estratega y un guerrero que no da cuartel, un Terminator indestructible que puede ser un obstáculo digno para nuestros héroes hasta que se empiecen a matar entre ellos por el Trono de Hierro.

Es otra gran batalla de Game of Thrones, algo que quizás no esperábamos en un segundo capítulo. Son pocos minutos en pantalla, pero como pasaba en las primeras temporadas, la serie sabe cómo sugerir caos en el horizonte mientras salta de un personaje a otro en un espacio reducido. Como una versión en miniatura de la Batalla de los Bastardos, pasa de momentos íntimos (el abrazo de Ellaria a su hija, la reacción de Yara cuando se da cuenta de que la batalla es imposible de ganar), a ajustadísimas coreografías de combate y efectos especiales que mezclan lo práctico y lo digital visualmente impactantes (el ariete de Euron aplastando a uno de los hombres de Yara, la bola de fuego volando por sobre la neblina).

Y tiene todo el sentido del mundo que “Hediondo” no pueda defender a su hermana y huya aterrado. Por eso la escena de Arya es un prólogo ideal para este momento. Theon y ella son, a su manera, muertos en vida. Personajes a los que actos innombrables cambiaron de raíz. Las consecuencias de la violencia nunca los van a abandonar. Están rotos, para siempre (o quizás, como Arya sugiere en su última frase, este quiebre sea lo que los define).

Entre las posibilidades narrativas que abre la primera mitad del capítulo y una segunda mitad que logra el espectáculo visual  y la enorme variedad tonal y temática que nos enamoró de Game of Thrones desde el primer momento, “Stormborn” está a la altura de los mejores capítulos de la serie. Todavía tengo muchas dudas sobre la caracterización de los personajes principales, pero el control que demostró esa segunda mitad sobre Arya, Theon, Sansa, y Sam, redobla mi confianza en el equipo creativo.

Sí, aún con esa escena impresentable de Missandei y Gusano Gris.

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