ANÁLISIS | 11-11: Memories Retold
Análisis

ANÁLISIS | 11-11: Memories Retold

Las buenas intenciones no logran llevar esta aventura al Cuadro de Honor, pero la honestidad de su historia resuena en un medio al que le ha sabido faltar tacto.

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Por: Tomás García

Los recuerdos. Ese dulce néctar del que simplemente no podemos tener suficiente. Con el tiempo  nuestro cerebro de simio los vuelve difusos: viejos aromas se transforman en vagas sensaciones, la malla rosa de la tia Polola se vuelve púrpura con pintitas y los juegos de antaño a la distancia parecen poemas en clave cubista. Pero el más reciente título de Bandai Namco Games no trata sobre este tema, aunque intenta hacerlo un eje central. En verdad, 11-11 Memories Retold, trata sobre la humanidad dentro de situaciones inhumanas.
Digixart Entertainment, la desarrolladora francesa a cargo del proyecto, cultiva el lema ‘Meaningful Videogames’ (Videojuegos Significativos). Una propuesta audaz en tiempos de selfies que los lleva a incorporar la ayuda de la famosa casa de animación, Aardman Animations (Wallace and Gromit). Y aunque no siempre lo logra, Memories Retold rescata una parte de la guerra que no solemos ver en videojuegos. 
Ya sea pasado, presente o futuro, la guerra siempre ha sido un tema central en este medio. Pero este juego de tosco título, forma parte de una nueva tendencia, que lejos de glorificar la guerra busca mostrar sus horrores a través de los ojos de quienes más la sufren: los débiles, los civiles, los inocentes que nada tienen para ganar y todo para perder.

La paradoja de una estética tan atractiva es que embellece la brutalidad de la guerra

La trama, que transcurre a lo largo de dos años de la Primera Guerra Mundial, nos presenta a dos individuos de cada bando que nada tienen que hacer en dicho conflicto, pero que por diversas razones terminan cruzándose en la más curiosa de las circunstancias. Esta honesta mirada a una de las páginas más triste de la humanidad tiene sus momentos, pero a cada paso positivo que da la historia, carece de una fundación mecánica que lo sostenga.
Su lanzamiento coincide con el Centenario del fin de la guerra, y hace referencia al Día del Recuerdo en Gran Bretaña, el 11 de noviembre, en que se conmemoran los sacrificios de las fuerzas armadas y civiles en tiempos de guerra. Los civiles en esta historia son Harry, un joven fotógrafo canadiense interpretado por Elijah Wood, y Kurt, un ingeniero eléctrico alemán. Memories Retold hace un noble esfuerzo entrelazando estas historias en pequeños segmentos, pero a excepción de un puñado de recuerdos, la mayoría de las secuencias no terminan siendo memorables.
Mientras seguimos los pasos de Harry, quien se une a la guerra para impresionar al amor de su vida, y Kurt, que se lanza al frente de batalla en búsqueda de la unidad perdida de su hijo, vamos a visitar lugares y momentos de la Primera Guerra Mundial. Y no necesariamente los más gloriosos. Aprovechando su premisa relativamente original, Memories Retold se concentra en el factor humano de la guerra, más que en el fuego y la sangre. La trama hace nobles intentos de ser atrapante, pero al final las secuencias mejor logradas son aquellas donde los soldados están descansando o haciendo nada. Hay cierta sobriedad en el diálogo que es refrescante de ver en este medio.

Las actuaciones son verdaderamente magistrales

Desde que vimos en acción 11-11 Memories Retold por primera vez, su dirección artística llamó la atención. Cómo cada personaje cuenta su propia historia en la forma de recuerdos, las imágenes se hacen y se deshacen casi sin aviso frente a nuestros ojos, y en un momento podemos estar viajando por el océano y al otro arrastrando nuestros pies por los viñedos franceses. A través de filtros sobre el motor gráfico, estos recuerdos se forman de la nada con el aspecto de los cuadros impresionistas de la época. En algunos casos, sobre todo cuando la acción está quieta, el efecto es bastante impresionante, pero la mayoría de las veces simplemente la acción se ve estática, carente de dinamismo.

Se trata de un recurso estético que hace una gran primera impresión, sobre todo a la hora de mostrar paisajes y fotogramas. Es más, hasta puede sorprender a cualquier desprevenido que mire un trailer durante la Gamescom, pero a la hora de jugarlo se vuelve bastante tedioso, ya que queda muy en evidencia la falta de vida y detalle en las animaciones, sobre todo en los personajes secundarios. Podrían tal vez haber aprovechado la premisa para jugar con la diversidad o poca fiabilidad de los recuerdos, ya que el tratamiento visual simplemente demuestra la ausencia de vida de los escenarios. Si hubieran trabajado un poco más en este efecto para hacerlo resaltar en momentos puntuales tendría un impacto mucho más certero, pero en el estado que se encuentra ahora rememora más a un juego de PlayStation 1.

De la misma forma que el aspecto estético, la premisa es original, o por lo menos intenta serlo. Como Harry, el fotógrafo, tendremos amplias oportunidades de probar nuestra capacidad fotográfica de Siglo XXI, mientras recorremos los paisajes de la guerra, y tomamos imágenes con fines propagandísticos. En esto consiste la mecánica central de Memories Retold: tomar fotografías de escenarios y personas. Pero por lo general son imágenes estáticas, y no aprovecha ningún legado de otros juegos con mecánicas similares.

Cuando los filtros funcionan, el juego logra momentos conmovedores

A lo largo del juego, los objetivos son bastante claros, aunque un poco tediosos. Está claro que el objetivo principal es experimentar la historia. A veces simplemente tenemos que caminar hasta el lugar correcto, en otras ocasiones empujar algunas cajas o hablar con la persona justa, y en las menos inspiradas, solo toca esperar. Así de simple. Memories Retold no está muy cargado de puzles irrelevantes, una gran noticia para quien solo quiera disfrutar de la historia, pero para quienes venimos a este videojuego por un poquito más, puede que nos quedemos con sabor a poca debido a una jugabilidad que por largos momentos se reduce a caminar del punto a A al B, y empujar alguna caja si bloquea nuestro camino.

No todo lo que respecta a mecánicas es negativo. El juego nos lanza desprevenidamente en momentos en los que la jugabilidad y la historia cuajan sorprendentemente bien, aún cuando la mecánica sea tan simple como correr de lado a lado tocando campanas para evitar una zona minada. Estas escenas, las cuales escasean en las aproximadamente seis horas de duración, tienen propósito y muestran a la perfección las intenciones de los desarrolladores. Es una pena que no hayan podido replicar esta sensación, excepto llegando hacia el final de la aventura.

Como dijimos antes, cada escena es un recuerdo, por lo cual muchas de estas secuencias son extremadamente cortas. Después de lanzarnos entre una mecánica y otra, sin mucha explicación o desarrollo de nuestro objetivo, Memories Retold intenta alcanzar un moment climático mezclando un poquito de tantas mecánicas, que al final del estofado no tiene gusto a nada.

Con tan poquito juego, tal vez el esfuerzo hubiera sido mejor invertido en una película animada que explote por completo el potencial de la dirección artística y lo que pueda ofrecer la historia, que un videojuego que poco tiene de juego. Las mecánicas casi que se reducen a tomar fotografías y empujar cajas, pero definitivamente hay momentos de lucidez en el diseño, donde logran perpetrar un gameplay emotivo, como escribir una carta a la hija de Kurt, intentando cuidar su inocente psiquis de los horrores de la guerra.

A pesar de sus defectos, logra evocar una atmósfera melancólica

El estilo del juego rememora a Valiant Hearts, un proyecto en el que Aardman Animations también metió mano, pero aquel era un esfuerzo que tenía una dirección clara y propósito. Los puzzles eran coherentes con la historia y el estilo, y la historia y el paso de la misma eran soberbios. 11-11 Memories Retold alcanza a tener un puñado de momentos emotivos, pero no termina pudiendo hacer mucho con ellos.

¿Es acaso 11-11 Memories Retold un Videojuego Significativo? No tanto como nuestra querida industria necesitaría. Tiene cierta honestidad que no suele verse en el medio, pero aún así no logra escapar de ciertos clichés, que terminan romantizando un conflicto que deberíamos solo aborrecer. Aún así, desde acá apreciamos el esfuerzo y aporte honesto de los desarrolladores. En sus mejores momentos Memories Retold hace un esfuerzo noble por retratar el lado humano de la guerra. Sin dudas un esfuerzo mucho más encomendable que otros juegos que se basan en el mismo escenario, léase Battlefield 1 por nombrar un ejemplo.

11-11 Memories Retold logra escapar a la fascinación por la guerra que tanto rédito le da a la industria de los videojuegos, y en el proceso logra contar una historia sincera sobre dos individuos en medio de un terrible conflicto mundial. Es una lástima que no haya suficiente videojuego para sostenerlo todo junto.

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