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Analisis | Sonría, lo estamos filmando

ANÁLISIS: Do Not Feed the Monkeys

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Por: Maximiliano Baldo

Bienvenido al Club de Observación de Primates. Por favor, No Alimente a los Monos.

El Club de Observación de Primates es un extraño y misterioso grupo que permite a sus miembros acceder a cámaras—o “jaulas”, como las llaman ellos—desde las que se podrá observar el comportamiento de toda clase de monos. El hecho de que estos primates vistan ropas y hablen nuestro mismo idioma no debe causar sorpresa en nosotros, el nuevo miembro de esta inusual entidad. Tan inusual como las características de jugabilidad que Do not Feed the Monkeys, el nuevo juego de Fictiorama Studios (Dead Synchronicity: Tomorrow Comes Today) tiene para ofrecernos.

Viviendo el día a día en nuestro más que modesto apartamento, nuestra nueva membrecía en esta asociación tan particular nos pondrá al control de algunas “jaulas” para observar desde la comodidad de nuestra PC. Las reglas del club son muy sencillas: se nos permite apreciar las jaulas suministradas con nuestra aplicación MonkeyVision 2.1 y se nos pide no desinstalar el programa, o nuestros lazos con el club se romperán para siempre. Además, se nos requiere que cumplamos con una cuota de jaulas dentro de un tiempo límite a fin de ascender de categoría; caso contrario seremos expulsados del Club. Y desde luego, la regla principal del grupo: No Alimente a los Monos.

Todo esto quiere decir que, básicamente, hemos instalado un software que accede a cámaras hackeadas para espiar a la gente en sus actividades diarias. Comenzaremos con cuatro cámaras ya activadas y podremos adquirir nuevas “jaulas” por un módico precio desde la pestaña de compras del software MonkeyVision. Las cámaras en sí son elegidas al azar de una gran colección, de manera que cada partida ofrecerá nuevas historias para descubrir.

Se aprecia una gran inmersión en este mundo reducido; no tanto por el arte pixelart en sí—que cumple lo justo y necesario—sino por el diseño de su universo. El periódico de cada mañana nos da un pantallazo de la situación actual del mundo, al igual que algunas personas que vendrán a golpear a nuestra puerta con el transcurso de los días. Más aún nos sentiremos atraídos por el audio del juego, destacando los ruidos y melodías de otros apartamentos que se filtran a través de las paredes. Esos sonidos apagados dan una sensación bastante inusual en un videojuego y ayudan mucho a crear la ambientación ideal para espiar con nuestras cámaras.

Para no perdernos de nada de lo que ocurre al otro lado de nuestros ojos electrónicos, el software anunciará cuando ocurra algo en alguna jaula, tanto con un leve pitido como también con una alerta visual. Podremos seleccionar una cámara en particular para apreciar mejor lo que ocurre en ella, permitiéndonos además seleccionar algunos objetos diversos del escenario, así como también palabras clave en los diálogos entre los monos presentes en escena. Todos estos elementos de interés van a parar a nuestra libreta de notas, desde la que iremos formando una idea general de lo que creemos que ocurre en la jaula actual.

Cada elemento anotado en la libreta puede ser analizado en el Buscador de nuestra PC, tanto palabras individuales como combinaciones de dos términos. Esto suele suministrar información adicional sobre los temas indagados, además de proveer nuevas pistas para darle más contexto a lo que estamos viendo. Por supuesto, todo esto es únicamente con fines investigativos, ¿verdad? A veces el Club nos enviará solicitudes de información respecto a algún elemento de alguna de las jaulas a nuestro control, momento en el que podremos responder con la data obtenida de ver, escuchar e investigar los eventos que toman lugar.

Responder correctamente a las peticiones del Club equivale a una bonificación en efectivo, muy bienvenida para adquirir nuevas jaulas, pagarle la renta a la fastidiosa casera y llenar nuestro refrigerador con comida. También podremos obtener dinero de algunos trabajitos temporales destacados en la puerta de nuestro hogar, aunque estos requieren que nos ausentemos por algunas horas, perdiendo la oportunidad de seguir observando a nuestros monos. Es entonces que empezamos a notar que nosotros tenemos necesidades propias; no sólo pagar la renta a tiempo, sino además mantenernos despiertos y bien alimentados.

Un viaje al supermercado nos pide una hora de nuestras vidas, pero también nos da las opciones alimenticias más saludables. También podemos ordenar comida a domicilio, que en general llena más la barriga pero también hace daño a nuestra salud. Un balance dietario es indispensable para mantener nuestra energía a buen nivel. Por otro lado, cuando nuestra visión se vuelve borrosa quizá sea hora de echar unas horas de sueñito en nuestra cama; aunque eso implica perder tiempo de observación. Una buena taza de café ayuda a prevenir el sueño, pero también causa leves daños a nuestro cuerpo. Aquí es donde el juego muestra su costado de supervivencia, pues debemos mantener un ojo en nuestros niveles de hambre, sueño y salud para permanecer activos.

Con todo lo visto podríamos terminar aquí la reseña y decir que Do Not Feed the Monkeys es un juego de supervivencia básico con un elemento de observación opcional, ya que honestamente todo lo que necesitamos hacer para ganar es adquirir nuevas cámaras, mantener nuestras necesidades cubiertas y tener suficiente dinero para pagarle a la casera. Es decir, sólo debemos ir a trabajar y usar ese dinero para comprar comida, cámaras y pagar la renta. ¿Por qué íbamos a molestarnos en ver esos monitores?

Pues porque la curiosidad es una de las mayores tentaciones de la humanidad. Por eso. “No Alimente a los Monos” quiere decir que no debemos inmiscuirnos en sus vidas y actividades, pero el juego se encarga de darnos demasiadas oportunidades como para dejarlas pasar. Nuestras investigaciones pueden resultar en obtener direcciones físicas, nombres personales, números de teléfono y nicks de chats; todos ellos elementos de los que nos podemos aprovechar para intentar hacer contacto.

El software MonkeyVision también cuenta con una función para grabar unos segundos de video. A veces es muy tentador grabar momentos críticos y vendérselos a la estación de TV para que lo publiquen a cambio de dinero fresco… o incluso para chantajear a algunos de los monos a nuestro cuidado. Tras un par de días tendremos acceso a un sistema de compra online que nos permite enviar ciertos productos a cualquier dirección que tengamos a mano, pudiendo afectar los eventos que transcurren en ciertas jaulas específicas. Y cuando nada de eso es suficiente, muchas veces la propia sensación de altruismo se impone sobre todo lo demás, queriendo ayudar a los monos al otro lado de la pantalla.

Pero cuidado, que todas nuestras acciones tienen consecuencias. Varias de las historias que atestiguaremos en nuestras actividades del Club poseen múltiples finales dependiendo de nuestras acciones… o de nuestra total falta de compromiso, pues algunos desenlaces ocurrirán si sólo nos limitamos a mirar. Las jaulas cuyas historias han concluido, para bien o para mal, pasan a estar “cerradas” y ya no podremos interactuar con nada en ellas.

Es notable el enorme factor humano que Fictiorama ha puesto en este concepto: uno realmente no necesita intervenir, pero está en la naturaleza propia la idea de querer meter la cuchara en donde podamos, ya sea enviándole el juguete correcto a un niño que no deja de llorar, dándole una lección a un acosador, o incluso desbaratando un intento de conquista mundial de parte de un ente inesperado. El juego incita a la rejugabilidad; a volver a probar escenarios y ver si podemos resolverlos de otra forma; o a descubrir nuevas historias para desentrañar.

En ese sentido debo decir que el juego se queda un poco corto, sin embargo: además de sólo contar con una única casilla para guardar partidas, las necesidades de nuestro protagonista pueden volver muy caóticas las secuencias finales; principalmente porque tenemos un tiempo límite muy estricto: cada pocos días el Club verificará si cumplimos con el requerimiento de cámaras pedido, pero debido a esto sólo tenemos una cantidad específica de días para hacer todo lo que podamos. Si bien el juego cuenta con un modo especial que mitiga nuestras necesidades y permite mayor tiempo para estudiar a los monos (al precio de desactivar los Logros), una opción adicional para estudiar estas cámaras libremente no hubiera estado de más, al menos como modo desbloqueable al pasar el juego una vez.

Pero esas son quejas menores; casi elogios, si uno se pone a pensar que lo que se está criticando del juego es que no hay suficiente juego a pesar de que hay mucho juego (perdón por la confusión), porque lo que nos deja sobre la mesa es una experiencia inusual, atractiva, original, que apela a nuestra curiosidad innata de humanos (o de monos, ya que estamos), a nuestra empatía hacia los demás o, por qué no, hacia el morbo de estar espiando la intimidad de otros, obteniendo información que podríamos usar a nuestro favor. De nosotros depende qué hacer con la información que se nos da; y uno llega a pensar, pasadas varias horas de juego, si todo esto que estamos haciendo no estará siendo observado, ahora mismo, por otro mono en otra jaula.

¿Qué tan seguros estamos de nuestra propia privacidad? Gracias, Fictiorama; ahora voy a tener que tapar con cinta el lente de mi webcam. Tómenlo como un cumplido.


Do Not Feed the Monkeys es un juego ante todo inesperado, que logra destacarse en un medio colmado de géneros usados y abusados. Es una apuesta al ser humano como especie en general, nuestro comportamiento e interacción social, y hasta las consecuencias de nuestras eventuales decisiones (o de la falta de las mismas). Es un género en sí mismo. La verdad es que queremos ver mucho más de este concepto.

 

 

LO MEJOR:

  • Concepto original.
  • Interesantes mini-historias.
  • Es genuinamente atrapante.
  • Está en español.

LO PEOR:

  • No estaría mal un “Modo Libre” sin restricciones de tiempo.