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Analisis | Capullo de otra cosa

ANÁLISIS: Al Otro Lado del Viento (The Other Side of the Wind, Orson Welles, 2018)

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Por: Jessica Blady

Hay cosas, que conviene dejarlas en el pasado.

Tal vez, hay cosas que están destinadas a quedar inconclusas. Entre 1970 y 1976, Orson Welles –recién llegado del exilio- se dedicó a filmar esta sátira hollywoodense protagonizada por John Huston, Bob Random, Peter Bogdanovich, Susan Strasberg y Oja Kodar, entre otros. Un mockumental (falso documental) en blanco y negro que se hace eco de la “muerte” del cine clásico y el surgir de los realizadores avant-garde del Nuevo Hollywood de los años setenta.

La producción atravesó más de una dificultad, entre problemas presupuestarios y legales, dejando la finalización de la obra pendiente por más de cuarenta años. Un error que, después de muchas idas y venidas y buscar financiación, la gente de Netflix, el productor Frank Marshall y el mismo Bogdanovich lograron subsanar, intentando darle forma y terminar el trabajo de este genio maldito.

Esta restauración se llevó a cabo gracias a una campaña de crowdfunding y la subsecuente distribución de la Gran N. Un rompecabezas que incluye más de cien horas de metraje, algunas escenas ya editadas, un guión lleno de anotaciones y comentarios y la particular visión del artista que no podemos separar de la de su protagonista, J.J. "Jake" Hannaford (Huston), un director legendario quien regresa a los Estados Unidos, tras varios años de exilio europeo, para completar un trabajo inconcluso e innovador que, justamente, se titula “The Other Side of the Wind”.

Sí, “Al Otro Lado del Viento” (The Other Side of the Wind, 2018) es la película dentro de la película, dentro de otra película que nos sabe un poco a autobiografía. En la víspera de su 70° cumpleaños, Hannaford invita a un grupo selecto de periodistas, estudiantes, jóvenes cineastas y su entorno de fieles (y vejetes) colaboradores, para proyectar este “work in progress” que acaba de perder a su estrella, John Dale (Robert Random). La velada, que comienza en el estudio y pronto continúa en el rancho del realizador bajo la organización de su amiga Zarah Valeska (Lilli Palmer), es captada por una infinidad de cámaras, la de los mismos asistentes, invitados a colarse en la intimidad de Jake, y compartir un poco de su arte, su sabiduría y, por supuesto, su megalomanía.  

El trasfondo es muy diferente: la producción sufre por falta de financiamiento y pocos creen que se pueda terminar. Ni hablar del desplante de Dale, un joven actor que, supuestamente, fue descubierto y rescatado (literalmente del mar) por el mismísimo Hannaford. Miserias de una industria y un artista que crea y destruye al mismo tiempo.

Acá todo el mérito es para Bogdanovich y todos aquellos que lograron sacar algo en blanco y coherente de una historia que, como la ficcional que se nos presenta, parece avanzar y cobrar sentido apenas sobre la marcha. “Al Otro Lado del Viento” es la muestra definitiva de todas las obsesiones de Welles, pero no de su genio, la representación del hastío y de ese choque entre lo viejo y lo nuevo que, tal vez, no pudo asimilar.

Desde lo formal, la película es más un experimento que una narración “disfrutable”, un conjunto de tomas, diálogos y personajes que pocas veces encuentran un sentido en el conjunto. Como si se tratara de un reality torpe que desnuda los secretos de Hollywood, muchas veces guionado, y otras tantas improvisado.

Los restauradores hacen su mejor esfuerzo por empalmar esas tomas originales con agregados más modernos, pero no pueden hacer nada con sus temas, añejos e incómodos, que piden a gritos un poco de “revisionismo”. Esta historia se gestó durante los setenta y parte de los ochenta, antes de la muerte de Welles en 1985, y destila toda la toxicidad misógina, racista y homofóbica de un ambiente que se dice liberal (y lo es, obviamente, a puertas cerradas), pero se muestra sumamente puritano cuando le conviene.

Choca que Oja Kodar –también guionista- se haga eco de estas “burlas”, pero al fin y al cabo ella es croata, y no descendiente de nativos americanos como la representan en la historia, la mayoría de las veces, apodada “Pocahontas” (el personaje ni tiene nombre) de forma muy despectiva y humillante. Así, la película dentro de la película no es más que una fantasía oscura del realizador (Hannaford/Welles), que pretende poseer a sus protagonistas, en cuerpo y alma.

Se entiende que “Al Otro Lado del Viento” ni haya intentado pasar por las salas. La última película de Orson Welles está destinada a un público elitista y académico, alejado del mainstream, que cree entender las manías de este genio cinematográfico o, en su defecto, las disfruta. Para el resto, es un ejercicio de paciencia infinita, dos horas de metraje poco llevadero que nos pone a prueba como espectadores.   

 

LO MEJOR:

- Que hayan podido completarla.

- Una narración que se siente mucho más moderna que sus temas.

- La mirada mordaz sobre la industria.

 

LO PEOR:

- Su snobismo cinematográfico.

- A pocos le interesan las obsesiones de Welles.