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ANÁLISIS: Outlander S04E01: America the Beautiful

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Por: Jessica Blady

Tags: outlander
Que ese cachondeo no se corte.

A falta de “Game of Thrones”, siempre tenemos un poquito de la épica fantástica de “Outlander” a mano. Claro que la serie creada por Ronald D. Moore –basada en las exitosas novelas de Diana Gabaldon- es un tanto más diferente, pero uno se conforma, y compensa, con el puchero de géneros de este drama histórico de la cadena Starz que arranca su cuarta temporada al otro lado del charco, en el Nuevo Mundo (Estados Unidos), donde Claire (Caitriona Balfe) y Jamie (Sam Heughan) fueron a parar tras el naufragio, y donde decidieron quedarse para hacer rancho definitivamente.

Esta nueva entrega toma letra de la cuarta aventura de los Fraser –“Tambores de Otoño” (Drums of Autumn, 1996)- y adelanta uno de los villanos más temidos de la saga: Stephen Bonnet (Ed Speleers), un pirata y contrabandista encantador… hasta que deja de serlo.

La llegada a América es un poco tumultuosa, pero Carolina del Norte parece ser el lugar donde, finalmente, van a poder asentarse y disfrutar de su reencuentro tras veinte años de separación. No parece haber peligros, ni persecuciones a la vista, mucho menos algo que amenace esta relación que trasciende el tiempo y el espacio. El problema es que estamos ubicados antes de la Guerra de Independencia, y a pesar de ser buena gente, siguen siendo de las islas británicas, y aquellos que se convertirán en enemigos de la joven nación. La historia, bien conocida por Claire, los vuelve a colocar del lado incorrecto, y a la pareja no le va a quedar otra que sopesar el futuro para atravesar este presente.

A diferencia del título, “America the Beautiful”, queda claro de entrada que esta tierra es más hostil de lo que parece. A Jamie y compañía les toca atestiguar el ajusticiamiento de su camarada Gavin Hayes (James Allenby-Kirk), quien no puede escapar de la horca bajo las precarias leyes de esta nueva nación. Y acá no van a terminar los dramas. El joven Ian (John Bell) sigue lidiando con sus traumas y las malas vivencias junto a Geillis Duncan (Lotte Verbeek), experiencias que le causan vergüenza admitir, pero nada que su tío no pueda comprender. “Outlander” nunca se refrenó a la hora de tratar ciertos temas, y en la era del #MeeToo lo seguirá haciendo, más si sabemos lo que se vienen, sin soilers, pero guiño para los que leyeron las novelas.

Durante el entierro clandestino de Gavin, Jamie y Claire se cruzan con Bonnet, quien logró escapar de la ejecución en medio de un motín. Tras asegurarles que es un buen tipo, les pide ayuda para evadir a los soldados que siguen tras sus pasos, un error del cual los Fraser se van a arrepentir, más temprano que tarde.

Pero esta es la naturaleza de los protagonistas, siempre brindando auxilio al que más lo necesita sin medir mucho las consecuencias. A veces, esas buenas acciones rindieron sus frutos y otras tantas, bueno, les salió el tiro por la culata. Pero no vamos a revelar nada más al respecto.

Por ahora, la pareja de inmigrantes debe tomar decisiones para el futuro: jurar lealtad a los ingleses que les ofrecen tierras y protección a cambio de lealtad y resistir cuando llegue la guerra, o negarse a colaborar con estos viejos enemigos (no olvidemos Culloden y el destino de los highlanders) y probar suerte por su cuenta, pensando que esta es la tierra de la libertad y que, en el futuro, acogerá a su hija Brianna (Sophie Skelton).

Lo primero es visitar a la tía Jocasta (Maria Doyle Kennedy), una MacKenzie con temperamento. La travesía rumbo a su plantación los va a volver a cruzar a Bonnet, y va a marcar gran parte de su destino en este Nuevo mundo.  

“America the Beautiful” tiene todos los condimentos de la serie de Moore, pero muchos se sienten forzados y la trama tarda un poquito en poner primera. Entendemos que el romance y el cachondeo entre estos dos no pueden faltar (bueno, son indispensables), pero muchas veces se convierten en obstáculos para una narración que necesita profundizar en otras cuestiones y seguir avanzando.

Por suerte, la introducción de Bonnet hace que todo este drama y los riesgos en esta nueva tierra sean más palpables; y esa última secuencia (con temita musical incluido) logra que volvamos a sufrir por estos personajes que, entendemos, no van a tener ni un minuto de paz. Los problemas y los conflictos se seguirán atravesando en su camino y los Fraser los tendrán que esquivar, no sólo pensando en su presente y bienestar, sino en ese futuro de Brianna que no pueden modificar.