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Analisis | Hay que mirar la letra chica

ANÁLISIS: Homecoming S01E01/02: Mandatory/Pineapple

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Por: Jessica Blady

Nada es lo que parece (o sí) en la nueva serie de Amazon.

Amazon Video sigue juntando porotos y sumando contenido original a su plataforma, esta vez de la mano de “Homecoming”, drama creado por Sam Esmail –el mismo de “Mr. Robot”-, basado en el podcast homónimo de Micah Bloomberg y Eli Horowitz, que viene a sumarse a otros dramas de media hora de duración como la reciente “Sorry for Yor Loss”, un formato cortito, contundente y al pie que sigue revolucionando las formas en que consumimos nuestras series.

En el original, Catherine Keener, David Schwimmer y Oscar Isaac son los protagonistas de este thriller psicológico. Keener es Heidi Bergman, asistente social de una instalación experimental (Homecoming) que ayuda a los soldados a integrarse nuevamente a la comunidad, enfocada en Walter Cruz (Isaac), quien trata de llevar una vida normal y mantener a raya toda su oscuridad interior.

Raro que Esmail no haya repetido el gran casting podcastero, en cambio tenemos a Julia Roberts en el papel de Bergman, terapeuta que trabaja para el grupo Geist y Colin Belfast (Bobby Cannavale), su supervisor que la vuelve bastante loca con sus demandas constantes. A Heidi le interesa el bienestar de sus pacientes y encuentra en Cruz (Stephan James) a uno de los mejores prospectos para este programa, aparentemente “voluntario”.

“Mandatory” –dirigido por Esmail, como el resto de los episodios de esta primera temporada- arranca con el ingreso y el comienzo del programa para Cruz, un joven veterano más que dispuesto a reinsertarse en la sociedad y ser una persona de bien tras pasar por los horrores del campo de batalla. Walter es un “alumno modelo” en contraste con muchos de sus compañeros a los que, de tanto en tanto, se le zafa la cadena y provocan alteraciones al estricto esquema de Geist.

Esto ocurre en abril de 2018, pero la trama nos lleva cuatro años más adelante en el tiempo para descubrir a Heidi en un escenario muy diferente: ahora es camarera y vive con su mamá Ellen (Sissy Spacek), pero su rutina se sacude con la llegada de Thomas Carrasco (Shea Whigham), un burócrata del Departamento de Defensa que está investigando a Homecoming y las acusaciones de algunos de los miembros que pasaron por su programa.

A Carrasco le interesa particularmente Cruz, pero Bergman asegura no recordarlo. Claro que todos pensamos que está mintiendo, aunque la verdad de la historia puede ser muy diferente. Como diría Calvin Candie, con este primer episodio ya teníamos curiosidad, pero ahora “Homecoming” tiene toda nuestra atención.

En apenas media hora, Esmail, Bloomberg y Horowitz tejen un entramado de interrogantes y personajes ambiguos que, junto con una ambientación impecable y una atmósfera bastante tensa y bizarra –vuelvan a ver “Mr. Robot” si les quedan dudas sobre esto- sientan las bases de este thriller dramático, cuya trama se va revelando poco a poco.

Música, sonidos, los planos de cámara más alienantes, todo se conjuga para que “Homecoming” nos atrape con su extrañeza y todas las situaciones que se van derivando. La paranoia de los soldados que no tarda en contagiarse al espectador incapaz, en estos dos primeros episodios, de descubrir si todo lo que se nos presenta en la realidad o una ficción “inventada” por Bergman. El enganche es crucial y el punto fuerte de esta historia, junto con sus protagonistas.

Julia Roberts debuta en la pantalla chica, y a pesar de que nunca fue de las grandes intérpretes del firmamento cinematográfico, le compramos todas sus actitudes: su predisposición y atención hacia los pacientes, su tedio ante un novio insistente (Dermot Mulroney), su desconcierto ante la realidad de Homecoming, y todo las dudas que empieza a experimentar. Lo mismo con James –a quien pronto veremos en “If Beale Street Could Talk”, la nueva película de Barry Jenkins-, un personaje que sabe ocultar muy bien su oscuridad, en contraste con sus compañeros.

En estos dos primeros capítulo (“Mandatory” y “Pineapple”), “Homecoming” nos enseña el juego, pero no nos muestra las cartas. Construye una trama atrapante con un gran misterio, y suma una puesta en escena (sobre todo la fotografía) tan inquietante como seductora que nos invita ¿de forma voluntaria? a seguir indagando de qué se trata.