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Analisis | Había una vez…

ANÁLISIS: Tell Me a Story S01E01: Chapter 1: Hope

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Por: Jessica Blady

Cuentos que no son cuento... Bah, que no son nada.

Kevin Williamson se hizo popular a mediados de la década del noventa tras pergeñar, junto a Wes Craven, “Scream: Vigila Quién Llama” (Scream, 1996), sus secuelas y una parva de historias de terror adolescente. El salto a la TV fue inevitable, y después de varios hits como “Dawson's Creek” (1998–2003) y “The Vampire Diaries” (2009–2017), vuelve al terreno del thriller psicológico de la mano de “Tell Me a Story”, drama de CBS All Access -nos sigue invadiendo el streaming-, basado en el mexicano “Érase una Vez”, creado por Marcos Osorio Vidal.

La premisa general del show, como la original, es tomar algunos de los clásicos cuentos de hadas y reimaginarlos en un contexto más oscuro (si eso es posible, teniendo en cuenta lo oscuro que ya son estos cuentos de hadas) y actual. La historia nos lleva a la ciudad de Nueva York donde un conjunto de personajes irán cruzando caminos mientras escapan de sus propias sin saber que se están metiendo en otras, aún más complicadas.

Esta primera temporada de diez episodios, que insinúa momentos de “Los Tres Cerditos”, “Caperucita Roja” y “Hansel y Gretel”, en realidad, nos cuenta las vicisitudes de Jordan Evans (James Wolk) y Beth (Spencer Grammer), una parejita que todavía no formalizó, mucho menos se planteó el hecho de tener hijos, debido a la violencia y el mundo caótico que se desprende de la política de Donald Trump.

Por otro lado, tenemos a Kayla Sherman (Danielle Campbell), adolescente complicada que acaba de mudarse desde la ciudad de Los Ángeles junto a su papá (Sam Jaeger), quien tras la muerte de su esposa, consiguió nuevo trabajo como chef en el restaurante de un coqueto hotel que regenta su amigo Jordan. La idea es comenzar de nuevo y que la chica se reconecte con su abuela Collen (Kim Cattrall), pero la disciplina no es lo suyo, y a la primera oportunidad Kayla se escapa de joda por la noche neoyorquina, con drogas y sexo random incluido.  

En tercer lugar, tenemos a Gabe (Davi Santos) y Hannah (Dania Ramirez), dos hermanos que vuelven a reunirse bajo circunstancias extremas y muy particulares. En el medio, hay traumas individuales, vidas licenciosas, muertes accidentales y un robo que cambiará el curso de todas estas historias.  

“Chapter 1: Hope”, dirigido por Liz Friedlander, nos presenta a cada uno de estos protagonistas que, de alguna manera u otra, empiezan a cruzarse en los diferentes escenarios de la Gran Manzana. La esperanza de la que habla el título, es un primer incentivo que impulsa a los personajes, pero las circunstancias cambian de la noche a la mañana, transformando sus destinos en un túnel bastante más oscuro.

El guión de Kevin Williamson se concentra demasiado en el ámbito político (la realidad ya es intolerable como para tener que fumarla en la ficción, aunque la intención de hablar de la violencia a días de una nueva masacre en USA, cumple con su cometido), en el sexo y el abuso de sustancias como si fuera la única escapatoria para esta cruel realidad. Sus personajes son muy poco empáticos, y de ahí que no tengamos mucho interés por descubrir lo que les va a pasar. Recién al final del episodio se empiezan a acomodar las tramas, todas demasiado retorcidas y sin ningún atisbo de esa misma esperanza que, desde el vamos, nunca parece haber existido.

El abanico de personajes es amplio: Williamson se hace eco de la representación y cubre todas las bases, pero en seguida cae en varios estereotipos, sobre todo cuando se trata de la comunidad LGTB. Su “Caperucita” es una menor de edad que se mete en la cama con el primer adulto que se le cruza (Billy Magnussen), un adulto que, en ningún momento, amaga a preguntarle la edad a esta “nena” que ni terminó la secundaria.

Se entiende que “Tell Me a Story” busca provocar desde sus temas, pero en ningún momento lo logra. Más bien se pone tediosa y se olvida, justamente, de contarnos (de cualquier manera) esos cuentos de hadas reversionados. En esta primera entrega apenas hay un indicio de esas fábulas, y pasan más por ciertos guiños iconográficos que por una disección consciente de esas clásicas historias con moraleja.

Dale Kevin, vos sabés muy bien cómo jugar con los convencionalismos y los lugares comunes de un género, y darlos vuelta para crear una trama interesante. No es el caso de “Tell Me a Story” que cae por su propio peso y atraviesa intrascendente un panorama demasiado plagado de buenas historias como para dedicarle nuestro tiempo esperando a que pase algo. Eso sí, los títulos de apertura son divinísimos.