Publicado el

Analisis | Que se doble, pero que no se rompa

ANÁLISIS: Daredevil S03E01: Resurrection

Volver a la home

Por: Jessica Blady

Pensé que se trataba de cieguitos.

Se lo extrañó más que a ningún otro porque dentro del universo televisivo de Marvel/Netflix (¿podemos seguir hablando del MCU?), el Diablo de Hell’s Kitchen es el único que logró mantener la expectativa de los espectadores, y la buena calidad de este rejunte comiquero, más allá de algunos tropiezos argumentales (te estamos mirando a vos Elektra).

Las segundas temporadas de “Jessica Jones”, “Luke Cage” e “Iron Fist” (chau, Danny, ni te queríamos) no aportaron mucho que digamos a este universo, y la espera por esta nueva entrega de “Daredevil” se sintió más que nunca, sobre todo si sopesamos los acontecimientos y el final de “The Defenders” (2017).

Desde ahí arranca “Resurrection”, episodio dirigido por Marc Jobst –asiduo realizador televisivo que ya se paseó por varios superhéroes marvelianos- que ahonda en las consecuencias del último ataque a Nueva York y el futuro de Matt Murdock (Charlie Cox) como su defensor más acérrimo.  

No vamos a tratar de analizar cómo es que el vigilante logró sobrevivir a la explosión y a todo un edificio que se le cayó sobre la cabeza, pero (un hechicero) lo hizo, y ahora nuestro héroe debe lidiar con las secuelas físicas y, sobre todo, las psicológicas de cargar con un cuerpo bastante apachurrado y una voluntad todavía más quebrada.    

Tras escapar de los escombros, Matt sólo puede articular algunas palabras y consigue que un buen samaritano lo lleve hasta la iglesia Clinton y los cuidados del padre Lantom. El sacerdote, confesor de Murdock y de su alter ego vigilante, lo pone en las cuidadosas (y firmes) manos de la hermana Maggie (Joanne Whalley), la misma que supo guiar al pequeño descarriado tras la muerte de su padre, en el mismo orfanato que lo acogió en sus peores momentos. No, no vamos a entrar en detalles comiqueros para aquellos que NO están al tanto.

Si somos sinceros, la religiosa no aprueba del todo la “vida nocturna” del abogado, pero comprende sus motivos y su testarudez, convirtiéndose en su primera (y menos pensada) aliada a la hora de encarar el camino de la recuperación, un camino plagado de piedras enormes. Estos momentos entre Cox y Whalley son de lo mejorcito de un episodio que sabe brillar desde sus escenas más íntimas, sin necesidad de grandes despliegues de súper acción o complicadas peleas de pasillo a través de planos secuencias… que ya vendrán, por supuesto.

Cada intercambio entre los dos suma un poco de sarcasmo y “humor”, pero más que nada nos ayuda a descifrar el dolor y las disyuntivas de Matt; no sólo el físico (no nos olvidemos que es un simple mortal sin poderes sobrehumanos), sino toda su frustración al no poder controlar su cuerpo de la forma que solía hacerlo.

Por ahí viene esto de la “resurrección”, un proceso por el cual ya vimos atravesar a varios héroes de las viñetas, donde la recuperación física choca constantemente con los dilemas morales de volver a calzarse el traje, en este cao, del Hombre Sin Miedo. Imposible salvar a la ciudad de Nueva York, si no se puede “salvar” a sí mismo. Un montón de dudas existenciales, una conexión espiritual que solía ser demasiado fuerte y, ahora, parece haberse resquebrajado, sino roto.  

Matt Murdock, no Daredevil, es el centro y protagonista absoluto de este arranque de temporada. Mientras los meses siguen pasando y él permanece en el anonimato, sus seres queridos (Karen y Foggy) intentan seguir adelante, aunque mantienen las vagas esperanzas de que, en cualquier momento, vuelve a atravesar la puerta de su casa. La confianza siempre fue un factor determinante entre estos amigotes pero, ¿qué va a pasar cuando descubran que Matt está vivo y se anduvo ocultando de ellos? Estas cuestiones personales nunca acabaron de buena manera, y terminaron mellando, incluso, relaciones de hierro como la de Murdock y Nelson.  

Los responsables del show decidieron no guardarse mucho bajo la manga en este regreso, y tras su breve intervención en la segunda temporada, y su ausencia en “The Defenders”, tenemos de vuelta a Wilson Fisk (Vincent D'Onofrio), de los mejores villanos de este  universo televisivo (bah, el mejor, seamos sinceros). Si bien el maloso estuvo fuera de juego y “calmadito” entre las paredes de su celda de Rikers, el inminente peligro por el que puede atravesar su querida Vanessa al ser ligada con sus propios crímenes, lo obliga a actuar y a intentar conseguir un trato con el FBI.

Más precisamente, el agente Rahul 'Ray' Nadeem (Jay Ali), hombre de familia que no logra ascender en sus tareas debido a sus presentes problemas monetarios. El arreglo con Fisk puede cambiar las cosas, para bien o para mal: por un lado, lo puede convertir en un “héroe” entre los suyos si logra sacarle información valiosa a Kingpin, o un blanco susceptible para su influencia más corrupta. Veremos si todavía hay tipos buenos y decentes en las callas de la Gran Manzana, o toda se empieza a pudrir bajo la falta de un justiciero que defienda los intereses de los más débiles y necesitados.

El comienzo de la tercera temporada de “Daredevil” tiene los ingredientes necesarios para elevar la manija y alejarnos de cualquier actividad por un fin de semana maratónico pero, más que nada, para volver a reacomodar este universo superheroico plagado de altos y bajos. Matt Murdock es el héroe que necesitamos, aunque él ya no esté tan seguro y, entre todos sus dilemas, siga llorando por ese amor perdido que supo traicionarlo varias veces (hay que soltar a Elektra, por favor).

Por ahora, no parece que el Diablo de Hell’s Kitchen vaya a hacer acto de presencia por los tejados, pero la aparición de una nueva amenaza, o el resurgimiento de una más vieja y conocida, pueden hacer cambiar de opinión hasta el alma justiciera más conflictuada.