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Analisis | Netflix and jumpscare

ANÁLISIS: The Haunting of Hill House - Temp. 01 (SPOILERS)

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Por: Leo Valle

Tiene bastantes problemas y un final flojo pero aún así la serie de Netflix queda bien parada.

Mike Flanagan lo hizo de nuevo. Construyó un universo interesante, desarrolló un misterio atractivo a lo largo de nueve irregulares pero atrapantes episodios y finalmente echó todo por la borda en el final. De manual es el pibe.

Como es costumbre por estos pagos en este análisis de la temporada de The Haunting of Hill House vamos a hablar con spoilers del desarrollo y los eventos de la serie, así que las almas sensibles que no la hayan terminado aún continúen leyendo bajo su propio riesgo.

El enigmático primer episodio de la producción de Netflix, como ya establecimos en el análisis del viernes, plantea una estructura narrativa que alterna entre el pasado y el presente sin demasiado respeto por la obra de Shirley Jackson más allá de algunas referencias y citas a la novela. Flanagan nos propone una historia alejada de la premisa original y enfocada en el drama familiar de los Crain y las diferentes maneras de lidiar con las secuelas de los evento vividos durante un fatídico verano en la fantasmagórica casa.

Como dejaba ver el debut, los valores de producción son realmente impecables y la dirección de Flanagan es funcional con pasajes excelentes. El guión tiene altos y bajos pero los actores (grandes y chicos) mantienen la calidad e incluso Robert Longstreet y Annabeth Gish, como los Dudley, destacan a pesar de sus pocos minutos en pantalla. Por desgracia todo el paquete está a merced de los vicios del director, que apela a los lugares comunes y la sobreexposición y abusa de los jumpscares aún cuando maneja bien la creación de climas. 

Tenete fe Flanagan, que vos podés. El tipo alto del bombín y el nene en silla de ruedas me fruncieron el upite mucho más que esos sobresaltos ocasionales con gritito y efecto de sonido acorde.

Los primeros cinco episodios nos muestran los eventos a través de los ojos de Steve, Shirley, Theodora, Luke y la pobre Nell, cuya muerte en la misma escalera que fue testigo de los últimos momentos de su madre 20 años atrás nos confirma que en el universo del Hill House el tiempo no es lineal y en realidad era ella misma la mujer del cuello torcido que la (se) atormentaba por las noches cuando niña — o quizá intentaba advertirse a sí misma de lo que iba a ocurrir.

Durante esta primera mitad no todos los episodios son igual de entretenidos, no todas las historias son igual de interesantes y no todos los Crain están bien construidos como personajes o en función de la serie. La sensibilidad de Theo ofrece un vistazo a la herencia del lado femenino de la familia y explica su imposibilidad para generar vínculos duraderos, la negación y los dilemas propios de Steven le dan profundidad y realismo al personaje, y los eventos que llevaron a Shirley a volcarse por su carrera como dueña de una funeraria dan cuenta de su compasión y su costado más frío y distante. Luke, por su parte, es una piedra que no termina de funcionar en el pasado como el gemelo adorable que no hace nada o en el presente como el adicto buscando redención y se limita a su lugar de vehículo para unir a los hermanos en un rechazo colectivo constante. De hecho ninguno de sus dos arcos argumentales está bien resuelto, y en el caso Abigail, la hija de los Dudley, está tan mal desarrollado que recién cuando la vemos tomar el fatídico té nos percatamos que no era un fantasma.

Por fortuna el final del gran quinto episodio energiza la serie, senta las bases para la segunda mitad y nos prepara para el que sin dudas es el mejor capítulo de los diez, “Two Storms”.

A través de una serie de planos secuencia, “Two Storms” no lleva a recorrer dos momentos trascendentales de la vida de los Crain, cruzados ambos por una feroz tormenta. En el pasado con los primeros indicios para Hugh (el “racional” de la familia) de que algo anda mal con su esposa y con la casa, y en el presente con el primer reencuentro en años de la familia completa. No es tan evidente o enfocado como los anteriores, pero es el episodio que explora un poco más en profundidad a Hugh, su rol en la estructura familiar y su vínculo con sus hijos y su esposa (en vida y no tanto). Es un episodio bisagra porque no solo expone a todos los personajes a la presencia sobrenatural sino también porque es el empieza a definir ciertas grietas en las relaciones.

Es imposible no pensar en voz alta sobre el final del episodio: “Bueno Hugh, aceptá que la casa está embrujada. Se rompieron todos los vidrios del segundo piso, tu esposa deambula por los pasillos murmurando incoherencias y Nell desapareció sólo para volver a aparecer en el mismo lugar alegando que ella siempre los veía pero ustedes no a ella. Ponela en ArgenProp, agarrá lo que te den y sacá a los pibes de ahí”. Sin embargo la serie esquiva ese lugar común dándole a cada uno de los personajes nuevos conflictos en los que enfocarse y explicando que, en gran parte, permanecían en ese lugar por necesidad más que por elección.

“Two Storms” marca el inicio de la resolución del misterio que las primeras cinco horas plantearon. ¿Qué pasó en la casa? ¿Qué hay en el cuarto rojo? ¿Qué o quiénes son los Dudley? Los indicios y las respuestas van llegando lentamente, algunas de manera más inteligente que otras, pero están; el problema es que el guión se preocupa por masticar muchísimo algunos elementos de la trama y dejar cabos que parecen más importantes para la comprensión de la lógica del propio universo sin cerrar. El trabajador del reloj, el concepto del tiempo no lineal, la sensibilidad de Theo, la culpa de Shirley por su infidelidad, todo es martillado una y otra vez hasta que el director considera que no está dejando a nadie atrás.

Lo mismo sucede con la gran revelación de la serie: el cuarto rojo. Flanagan hace un gran trabajo repasando dos situaciones que ya habíamos visto (Theo en el cuarto de baile y Shirley y Nell probando la llave maestra) pero editadas en continuado para que nosotros mismos llenemos los espacios. De inmediato pensamos en la casa del árbol que nadie identifica, en el cuarto de lectura que Liv menciona pero nadie reconoce y el resto de los momentos en los que alguno de los chicos ha estado solo en una habitación que no volvemos a ver y, en un segundo, las inevitables conexiones aparecen, el funcionamiento de la casa empieza a tener sentido y como espectadores celebramos haber escuchado con atención esa particular línea de diálogo.

Por desgracia ese sentimiento del Sherlock del conurbano dura poco porque minutos después confirmamos que Nell, además de dedicarse a aterrorizar a sus hermanos, volvió de la tumba con el poder de la exposición fantasmal y nos clava con un monólogo de varios minutos en el que se dedica a explicar nuevamente cosas que ya sabemos en caso de que alguno no las haya entendido. La estructura laberíntica de la narrativa termina jugándole en contra porque les impone a los guionistas la obligación de atender al espectador menos atento aún a riesgo de perder a los que sí se involucraron con la trama.

Es una subestimación que contrasta con la inteligencia y elegancia de la ejecución de Sharp Objects, una serie con una estructura similar que es demandante y desgastante por igual, pero que recompensa ese compromiso con metáforas y segundas lecturas extraordinarias. The Haunting of Hill House se siente como un producto propio de un servicio de streaming, estructurado para ser consumido en bloques de varios episodios que no resisten un análisis más profundo. Cuando Nell empezó a hablar del corazón y el estómago de la casa por un momento pensé que iba a mirar a cámara y preguntarme directamente si había entendido o necesitaba repertir una tercera vez que el cuarto rojo los digirió uno a uno.

Por eso es irónico que aún con todo su poder de exposición fantasmal ni siquiera la joven pueda explicarnos algunas cosas que quedan colgadas, como si la casa actúa como un ente o son cada una de las presencias que la habitan los que toman las decisiones, porqué es posible decidir qué versión de uno mismo va a tomar la forma fantasmal, cómo sobrevive Luke a una inyección de veneno para ratas vencido, porqué personajes que no fueron consumidos por la casa siguen presentes después de muertos o de dónde salió ese ejército de espectros del final si supuestamente esa casa la construyeron los Hill y allí han vivido solo dos parejas y sus hijos.

Más de uno reconocerá en The Haunting of Hill House elementos de “Murder House”, la primera temporada de American Horror Story, otra serie que en mi opinión tampoco consiguió cerrar de forma satisfactoria su historia. Sin embargo, Ryan Murphy por lo menos se animó a mostrarnos que con esas almas malditas no se puede negociar y que la soledad que representan esas grandes construcciones y su necesidad de consumir todo lo que las ocupe no conoce de excusas; Flanagan, por su parte, nos regala un final hollywoodense en el que de alguna manera todos consiguen lo que quieren después de un abrazo, una confesión o una vasectomía revertida, desentendiendose en algunos casos (como el de Theo) de la lógica de su propia construcción o planteando escenarios inviables como la extraña herencia que recibe Steve.


La serie escrita y dirigida por Mike Flanagan estaba para más, lo que no significa que sea un mal producto. El último episodio es flojo y sus metáforas tienen la sutileza de un martillazo en la sien, pero la construcción y el desarrollo del misterio es interesante y el elenco ayuda a sobrellevar los momentos más flojos de un guión que por alguna razón insiste en citar la obra original. The Haunting of Hill House tiene los valores de producción del streaming, las obviedades de la televisión y los jumpscares de la de esas películas de terror flojas de papeles que salen directo a video; y aún así, sin mirarle demasiado los hilos, es muy disfrutable.

LO MEJOR
+
Buen manejo de la tensión.
+ El episodio 06 es clave.
+ Buenas actuaciones en general.

LO PEOR
El último episodio hace agua.
Exceso de jumpscares.
La subestimación del espectador.