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Analisis | Justo en el cora… y en los oídos

ANÁLISIS: Game of Thrones Live Concert Experience (Madison Square Garden)

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Por: Jessica Blady

Acá, manijeando la octava temporada.

¿De qué se trata todo esto? Justamente lo que su título predica: el compositor Ramin Djawadi decidió ampliar la experiencia de “Game of Thrones” en la pantalla chica, y llevarla de paseo por los mejores escenarios del mundo con un concierto de dos horas que repasa los mejores momentos musicales de la serie épico-fantástica de HBO.

Lo épico acá es el “Game of Thrones Live Concert Experience” en sí mismo, una montaña rusa emocional para los fans del show, los amantes de la música más clásica y todos los que están en el medio quienes, seguramente, no pueden evitar que se les ponga la piel de gallina cuando empieza a sonar el tema principal, engalanado con la apertura del drama de David Benioff y D. B. Weiss en la pantalla gigante que se destaca en el escenario del imponente Madison Square Garden, de la ciudad de Nueva York.

Ramin –responsable de otras grandes bandas sonoras como la de “Westworld” y “Pacific Rim”, como para nombrar algunas- en el centro de la escena, acompañado por unos 80 artistas locales, entre banda y coros, luces, escenarios en movimiento y pirotecnia, como para que la experiencia sensorial sea completa y no falte nada.   

Desde el comienzo del show, Djawadi promete diversión e incita a la audiencia a que tome partido del espectáculo, esto implica (entre otras cosas) aplaudir o abuchear a los protagonistas que aparecen en pantalla y las escenas que se representan, derramar alguna que otra lágrima por esos personajes caídos, o corear al unísono “The Rains of Castamere” cuando llega el momento triufal de los Lannister. Así, el “Game of Thrones Live” se convierte en una experiencia interactiva y compartida entre miles de fans de la serie, tal vez, no tan familiarizados con la música clásica y viceversa, esos amantes de lo clásico que, de esta manera, se sumergen durante dos actos en un universo de fantasía.

Hay que tener el corazón de piedra para que no se te mueva la estantería durante la interpretación de piezas como “Mhysa”, “Hold the Door” o el tema de la Casa Stark con la violinista Molly Rogers colgada a no sé cuántos metros de altura, simulando estar en la cima de un arciano (¿o es el arciano?), mientras las hojas rojizas caen a su alrededor, seguramente, anunciando la llegada del invierno.

Rogers es una de los tantos artistas itinerantes que acompañan a Djawadi en esta aventura, un espectáculo que ya se presentó durante el año pasado, pero en este 2018 sumó unas cuantas ciudades de Europa, y lo mejor, varias piezas de la séptima temporada de “Game OF Thrones”.

El show va recorriendo cada entrega de esta saga, destacando highlights como la batalla de Blackwater, la sangrienta Boda Roja, “The Red Woman” –el tema de Melisandre-, Daenerys conquistando Yunkai, el Cuervo de Tres Ojos y los Niños del Bosque, el walk of shame de Cersei, la Batalla de los Bastardos, la destrucción del septo de Baelor (fuego valyrio incluido) y, por supuesto, la embestida de los White Walkers y la caída del Muro a expensas del Viserion zombificado (¿?).

Cada momento es especial, a veces más espectacular, a veces más íntimo, como el mismísimo Djawadi interpretando “Needle” -el tema de Arya- con la ayuda de uno de los tantos instrumentos “creados” especialmente para la ocasión. De esto hay mucho a lo largo de las dos horas de concierto, como las intervenciones del compositor sumando anécdotas sobre sus creaciones musicales.

Pero a pesar de los artificios, las luces de colores y los escenarios cambiantes, todo tiene que ver con la música, un lenguaje que no necesita palabras y que conmueve con la pura evocación. Ramin no está solo, tiene su orquesta, un coro increíble, a Rogers y otros grandes colaboradores como la cantante Stevvi Alexander, el encargado de los vientos (y de tocar los instrumentos más extraños) Pedro Eustache, el chelista Cameron Stone, el pianista Michael Sobie y tres percusionistas súper preparados para cualquier batalla: Davey Chegwidden, Alan Mark Lightner y MB Gordy.

Todos tienen su momento para brillar y su aporte resulta indispensable en el conjunto, un evento que nos deja con ganas de mucho más (y que vale cada dólar invertido), más allá del encore y un “In Memoriam” que cierra el show right in the feels.     

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No es común poder ver a los compositores ejecutar sus obras en vivo y estas oportunidades hay que aprovecharlas si existe la mínima chance. La humildad de Djawadi le suma mucho a esta experiencia que va más allá de la del fan o del aficionado a los grandes conciertos, y encuentra un punto medio que deja a todos satisfechos y con ganas de mucho más. Al menos, en mi humilde opinión.

Será la imponencia del Madison Square Garden, las miles de almas coreando el tema principal de la serie, serán los asistentes cosplayeados, será mi pasión por Ramin y sus bellas melodías, la épica que transpira la banda sonora del show o una combinación de todos estos elementos; pero el “Game of Thrones Live Concert Experience” es un espectáculo casi único e imperdible que me arrancó unas cuantas lágrimas, y por el cual volvería a sacrificar un par de sueldos si la oportunidad volviera a presentarse.