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Analisis | Tu dios es más sádico que el mío

ANÁLISIS: Apostle (Gareth Evans, 2018)

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Por: Florencia Orsetti

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Gareth Evans forjó su nombre dentro del cine de género con The Raid (2011), un film de acción cruda con coreografías de artes marciales estupendas. Además, la película tenía claros elementos de terror, una muestra de que a Evans se le da muy bien esto de combinar géneros. Con Apostle (2018) lo consigue de manera envidiable. Protagonizada por Dan Stevens (Legion), el film comienza como un thriller pausado y termina en un ensayo de acción rimbombante y sádica.

Thomas (Dan Stevens) es un misionero retirado que llega a una isla galesa, aislada de la civilización, para buscar a su hermana. Sabe que la joven fue secuestrada por una secta que reina en el lugar, cuyo líder es el profeta Malcom (Michael Sheen), quien recibe en la isla a decenas de personas desechadas por la sociedad, como expresidiarios o mendigos.

Apostle (2018) es una película larga y quizás ese sea su único pecado. Evans, quien además de dirigir está en el guion, se toma su tiempo para la transición de tonos. La película poco a poco se va convirtiendo en un ensayo de terror visceral. Evans introduce pequeñas dosis de oscuridad y violencia hasta que, en el acto final, se le cae el cascarón por completo a la secta.

No es una película para estómagos sensibles. Evans es un director muy cuidado con la violencia. Apostle (2018) tiene mucho del imaginario de sectas, es decir, sacrificios, torturas y rituales, y está lejos de ser una muestra burda de sangre y vísceras. Al contrario, nos pone muy nerviosos con los juegos de cámaras, que no enfocan en primer plano la violencia, sino que juegan con nuestra imaginación. El sonido es vital en las escenas de tortura, es la pista clave de la atrocidad que no se ve.

Cinematográficamente está muy bien cuidada. La estética del film nos recuerda a la película de culto The Wicker Man (1973) o a la reciente The Witch (2016). La película aprovecha el primer acto no solo para presentar personajes y plantar la semilla del misterio, también nos da un panorama de las costumbres de esa época, de la Gran Bretaña de 1905. Apostle (2018) responde también a una gran recreación de época, con vestuario y ambiente históricamente fieles.

Apostle (2018) escapa de varios lugares comunes del género, no solo en lo sobrenatural y en la forma en que encara las sectas asesinas, también en cómo elige enfocar su crítica social. Hay una lectura oscura de los horrores a los que nos puede llevar la fe ciega y el conservadurismo. Nuestro protagonista es un hombre de fe, pero no por eso acata las reglas del culto de Malcom. La primera hora, aunque puede hacerse lenta por momentos, logra construir perfectamente un marco costumbrista y folclórico que pone a la historia en un plano más terrenal. El sufrimiento de los personajes nos llega porque refleja injusticias que todavía vivimos en las sociedades modernas, aunque en la película aparecen desde un ángulo más extremo.

Volviendo al tema de la mezcla de géneros, la película también coquetea con el terror sobrenatural. Termina siendo un soplón de aire fresco en el género, sin fantasmas ni posesiones. En su lugar, apuesta por un terror más folclórico, casi lovecraftiano.

No es una película que vaya por el factor susto. Hay escenas colocadas especialmente para asustar, pero no van hacia el sobresalto. Apostle (2018) prefiere ir acumulando tensión para estallar repentinamente en el último acto. Es una película que nos ahoga hasta que nos libera en un frenesí de violencia.

Evans no prepara coreografías de artes marciales, pero eso no quiere decir que no haya luchas. No hay técnica detrás de cada golpe, sino que seremos testigos de enfrentamientos quasi-medievales de lo más brutales. Vuelan hachazos y cuchillazos; no faltan los puñetazos. Es una violencia sin piedad, de la que nadie se salva, porque aunque Thomas termine siendo el héroe del asunto, no sale ileso para nada. Los últimos 45 minutos del film los sufrimos y los disfrutamos por igual, con la euforia que trasmiten las buenas películas de acción con la violencia más cruda.


Apostle puede ser lenta en su primera mitad, pero la paciencia otorga sus frutos. Es una película con mucha personalidad, que nos seduce con su fachada de thriller, nos intriga con sus elementos sobrenaturales y nos divierta como pocas con su salvajismo y su acción sumamente cuidada. No sería una locura pensar que en unos años la recordaremos como un clásico de culto de los modernos.

LO MEJOR:

- Es un soplón de aire fresco gracias a la mezcla de subgéneros

- Evans la tiene atada para las escenas de acción

- El tratamiento de la violencia y las críticas sociales

LO PEOR:

- Tiene varios problemas de ritmo