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Analisis | La chiqui rusa

ANÁLISIS: The Romanoffs - Ep.01: The Violet Hour

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Por: Leo Valle

El creador de Mad Men vuelve a la TV después de un par de años y decepciona.

La frase “la nueva serie del creador de Mad Men” debería ser suficiente para despertar el interés incluso de aquellos (entre los que cuales me incluyo) que no fueron testigos de las sexistas y adictas aventuras de Don Draper a la cabeza de aquella mítica agencia de publicidad de la década del sesenta; en particular si cuenta con producción de Amazon, que solo escatima billetes cuando se trata de respetar los derechos laborales de sus empleados.

Matthew Weiner volvió a la televisión con The Romanoffs, una serie de antología que sigue a través de ocho historias diferentes alrededor del mundo las vidas de supuestos descendientes de la dinastía Romanov. En “The Violet Hour”, el primero de los dos episodios estrenados el viernes 12 a través de Amazon Prime Video, el autor muestra que no está dispuesto a guardarse ninguna carta al momento de hablar de los delirios de grandeza de sus personajes ni sus obsesiones con su linaje.

Estamos en una bella París contemporánea en la que Anushka (Marthe Keller), una anciana racista, xenófoba y terca como ella sola pasa sus días en su enorme departamento con su perro como única preocupación. Su ocasional compañía es su sobrino Greg (Aaron Eckhart), un norteamericano radicado en la ciudad que administra un pequeño hotel de pasajeros junto a su ambiciosa novia Sophie (Louis Bourgoin) mientras espera que Anushka estire la pata y le deje todas sus posesiones. Pero como suele suceder en estos casos, una vida de lujo y pocas preocupaciones le han garantizado a la señora una longevidad envidiable, y más allá de algún problema de hipertensión no parece haber funeral en el horizonte —lo que inquieta a Greg, que se muestra compasivo pero interesado, pero mucho más a Sophie, quien literalmente plantea la posibilidad de asesinarla—.

En ese contexto entra en escena Hajar (Inès Melab), una joven musulmana estudiante de enfermería que trabaja en la agencia de cuidadoras que contrató Greg para su tía y la única empleada de la agencia que Anushka aún no ha despedido. La señora, aparentemente rubia por fuera y por dentro, la recibe con un “andate y llevate tus bombas” y da comienzo a una serie de degradaciones y humillaciones a las cuales la joven responde con silencio, paciencia o condescendencia. Todo cambia, sin embargo, cuando ante un desmayo durante un paseo Hajar se vuelve el sostén emocional de Anushka y su distante relación se convierte en un vínculo profundo. 

Sí, se vuelve una novela de Andrea del Boca en un santiamén.

El primer episodio de The Romanoffs dura 84 minutos aproximadamente y sorprende el poco contenido que consigue acomodar Weiner durante su primera hora. El tercer acto ocupa unos magros 15 a 20 minutos en los que da la sensación que los guionistas se percataron que se acababa el tiempo y debían atar los cabos sueltos y cerrar la historia. Hay una conexión entre ambas mujeres, sometidas en su juventud a los caprichos del poder por su condición de “inmigrantes” (uso comillas porque Hajar es francesa pero su hiyab la convierte automáticamente en una extranjera) se pierde rápidamente en medio del cuento de hadas a medio cocinar.

Anushka camina en una delgada línea entre la redención y un desprecio que no termina de entenderse si es de clase, etnia, religión, una mezcla de todo junto; mientras que Greg es compasivo, comprensivo y cariñoso pero muestra un costado manipulador e inescrupuloso que contrasta con sus propias motivaciones y los principios que parece sostener. La influencia del apellido “Romanov” y su historia y las diferencias entre dos generaciones diferentes de descendientes nunca terminar de ser explorado en profundidad y el título de la serie parece ser apenas un capricho. Paradójicamente es Hajar el personaje mejor desarrollado y definido, quizá por ser aquel que vive una vida menos onírica aunque su realidad también esté atada a una herencia y un pasado particular.

El primer episodio de la nueva serie de Matthew Weiner no escatima en valores de producción. La elegancia de la puesta en escena se refleja tanto en la ostentación de la casa Romanov como en el romanticismo y simpleza de un café, una calle o un mercado parisino; pero la excentricidad de la historia y el guión no terminan de dar en la tecla y nos queda lo que parece ser el producto de un pobre Wes Anderson, en el que la exploración de los conflictos familiares, el peso de un apellido y el vacío existencial quedan sumergidos en una fábula de huevos Fabergé.


No es necesario llegar con la expectativa de Mad Men para decepcionarse por el debut de The Romanoffs. El primer episodio se siente como una introducción a la temática que no termina de construir una historia atractiva u original, aún a fuerza de buenas actuaciones y locaciones extravagantes. Quizá todo tenga sentido en algunas semanas, cuando llegue el último episodio titulado “El que cierra todo”, pero por ahora la nueva serie de Weiner es un apresurado cuento de hadas un tanto fuera de época.