Publicado el

Analisis | MARCAS EN TODOS LADOS

ANÁLISIS: Leave no trace (2018)

Volver a la home

Por: Leo Valle

La directora de Winter's Bone vuelve con otra historia de crecimiento y aceptación.

Una joven y su padre cortan madera, recolectan hongos y encienden una fogata en medio de un enorme y en apariencia impenetrable bosque. Beben agua de lluvia y duermen en carpa. Sobreviven. Cualquiera confundiría la silenciosa y pacífica secuencia inicial con el comienzo de una película ambientada en un apocalípsis zombie. No obstante de inmediato nos damos cuenta que en realidad padre e hija son marginales ocupando terreno público en un Parque Nacional en Oregon.

Leave no trace, la nueva película de la guionista y directora Debra Granik, es un drama coming of age que sigue a Will (Ben Foster) y su hija adolescente Tom (Thomasin Harcourt McKenzie) en medio de un período de cambio y redescubrimiento. El dúo convive en armonía internado en la naturaleza, lejos de la civilización y fuera del sistema, moviéndose con regularidad para escapar de la ley y realizando simulacros de camuflaje para llevar a la práctica en caso que sea necesario. La vida de ermitaños llega a su fin cuando son descubiertos por las autoridades y a partir de entonces su realidad cambia radicalmente.

Granik, adaptando la novela My Abandonment de Peter Rock, combina elementos de sus anteriores dos películas, Winter’s Bone (2010) y Stray Dog (2014). De la primera se lleva el concepto de la adolescente viviendo al margen de la ley y del documental las experiencias de los veteranos de guerra y sus dificultades para reinsertarse en la sociedad. El estrés post traumático de Will le impide adaptarse a una vida “normal” y lo hace arrastrar a Tom a la marginalidad, aislándola e impidiéndole desarrollar habilidades sociales. La ansiedad que le genera en el mundo exterior se manifiesta en una de las visitas al centro de veteranos en el medio de una ruidosa ciudad, donde somos testigos de la alienación del padre y la búsqueda de vínculos (con una mezcla de ingenuidad y fascinación) de la joven. 

El mayor acierto de Granik es ofrecer una mirada dura pero esperanzadora y cálida de la sociedad de la que Will tanto reniega, y no dejar que la crítica al tratamiento de los veteranos y los conflictos que enfrentan aquellos que buscan un estilo de vida alternativa se conviertan en un vómito ideológico y una caza de brujas. Will puede ver el mundo con ojos de ermitaño, sentirse atrapado bajo techo, arrinconado por las preguntas, perseguido por la tecnología, anestesiado por los medicamentos y alegar que está adaptándose solo por “usar su ropa y comer su comida”, pero eso no quita el hecho de que en la oficina de asistencia social además burocracia encuentren comprensión y soporte emocional y que los extraños que conocen en el camino se muestren y actúen bondadosos y desinteresados.

Foster y McKenzie desbordan química y convierten una silenciosa relación en un realista vínculo de amor y dependencia que la directora explota y potencia con una mirada intimista pero no invasiva. Él es uno de los grandes actores de su generación y ella otro gran descubrimiento de Granik —como fue el de Jennifer Lawrence hace casi una década—, y sus intercambios son tan naturales y su conexión tan profunda que no precisan más que un cruce de miradas para transmitir exactamente lo que la guionista quiere decir y conmovernos o rompernos el corazón en el proceso. Son dos increíbles interpretaciones que seguramente estarán entre lo mejor del año.

No quiero entrar en demasiado detalle porque el viaje es parte de la experiencia, pero es fascinante ver la transformación de Tom de aquella chica alerta y seria del comienzo (que era un reflejo de Will) en una joven con inquietudes y la necesidad de vínculos. Leave no trace es en el fondo la historia de crecimiento de la joven y la manera en la que la llegada de la adolescencia afecta su estilo de vida particular y la relación con su padre, que a través del ojo de la directora se convierte en un relato de compasión, cariño, valentía y sacrificio.


Leave no trace es el tipo de película que generalmente vemos a fin de año cuando reciben una nominación al Oscar. Debra Granik vuelve a regalarnos un relato contemplativo y emotivo de crecimiento, dualidad y aceptación que nadie debería dejar pasar.

LO MEJOR
+ Foster y McKenzie son una maravilla juntos.
+ La experiencia sensorial.
+ El planteo y la crítica sin condecendencia.

LO PEOR
Puede ser un poco larga para algunos.
Que probablemente pase desapercibida.