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Editoriales | LA NUBE DE PHIL

CONTRATAPA: ¿Microsoft ya ganó la próxima generación?

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Por: Leo Valle

El anuncio de Project xCloud anticipa un horizonte muy favorable para la próxima Xbox.

Durante la mañana del lunes Microsoft anunció Project xCloud, el servicio de streaming de juegos que ya había insinuado en el final de su presentación durante la E3 de este año. Lo llamativo es que la presentación del proyecto se realizó apenas una semana después del anuncio y días después de la prueba de Project Stream, la alternativa gamer de Google. Cuando dos de las compañías más grandes del mundo presentan productos que apuntan al mismo segmento en tiempos tan reducidos es evidente que hay mucho más de lo que se ve en la superficie y que las condiciones para la llegada del ese prometido futuro están dadas.

Pero, ¿están dadas?

El streaming de juegos no es un invento de Google o Microsoft, queda claro. OnLive y posteriormente Gaikai intentaron convencernos en 2011 que el procesamiento remoto era viable y que podríamos disfrutar de un nutrido catálogo en el televisor o cualquier computadora por apenas un puñado de dólares mensuales. Pero el destino, traicionero como es, quiso que las empresas tuvieran finales muy diferentes: Gaikai fue adquirida por Sony en 2012 para transformar esa tecnología en PlayStation Now y OnLive cerró sus puertas en 2015 y pasó al olvido — aunque su espíritu vivirá por siempre porque ese mismo año Sony hizo leña del árbol caído y se quedó con varias de sus patentes.

Apenas tres años han pasado desde la caída en desgracia de OnLive, pero mucho ha cambiado desde entonces. Prácticamente el único requisito del servicio en su lanzamiento (con la promesa de una resolución de 720p a 60 cuadros por segundo) era una conexión a internet con por lo menos 2MB de bajada (aunque recomendaban 5MB para un funcionamiento sin problemas). Hoy PlayStation Now requiere una conexión mínima de 5MB pero recomienda el doble para su correcto funcionamiento; lo mismo que sucede con GLOUD, el servicio para PC y Mac ya disponible en el país.

Sin embargo lejos se encuentran esos números de los 25MB de conexión que solicitan los servicios de Microsoft y Google anunciados en estas semanas y mucho mayor (y más importante) es la diferencia de infraestructura con la que cuentan ambas empresas. 

PlayStation Now se encuentra disponible en sólo 12 países (nueve europeos, Japón, Estados Unidos y Canadá), porque más allá de la calidad de la conexión, el streaming de juegos precisa de servidores en la región para garantizar la menor latencia posible, que en el servicio de Sony no baja de los 60 milisegundos en condiciones ideales. Según testimonios GLOUD funciona bastante bien. No puedo dar fe porque nunca lo he probado. Sí he intentado suscribirme a PlayStation Now para aprovechar la prueba de siete días disponible, pero Sony limitó el acceso a través del cobro (que requiere una tarjeta de crédito de la misma región de la cuenta) por lo que es imposible comprobar la calidad de un servicio del cual no se habla muy bien ni siquiera en los países en los que se encuentra habilitado de forma oficial. Una verdadera pena, porque la posibilidad de descargar los juegos de PlayStation 4 y PlayStation 2 lo vuelven genuinamente atractivo para regiones un tanto más… pesificadas. Quizá sea cuestión de tiempo.

Es evidente que Sony está ansioso de recibir nuestro dinero, pero la realidad es que no tiene los recursos para ofrecer un servicio a escala global y probablemente el costo de la inversión no justifique la proyección internacional por el momento. 

Project xCloud aprovechará la enorme infraestructura de la red Azure (aquella que iba a encargarse del procesamiento remoto de la Xbox One), que se extiende a lo largo y ancho de 140 países —incluido el nuestro— para llevar el servicio de Microsoft a cada una de las puntas del planeta sin un incremento sustancial en los costos. En su video de presentación la empresa muestra que utiliza los componentes básicos de la Xbox One S para armar bandejas de servidores que alojan varios sistemas, la misma metodología que aplicó Sony con las cientos de miles de PlayStation 3 que alimentan la red de Now. Microsoft busca hacer la diferencia a partir de ciertas modificaciones en el hardware y cambios en el software que podrían limar milisegundos y ofrecer una experiencia prácticamente indistinguible de la original.

Dado que el gaming será su única función, los chips de Xbox One S utilizados para el servicio han sido modificados para mejorar tiempo de acceso al framebuffer (el fragmento de memoria resevada a contener los píxels o líneas de píxels antes de ser enviados a la pantalla) y los testimonios de los ingenieros y programadores dejan entender que el sistema utilizará el nuevo códec HEVC (aka h.265, el sucesor del popular h.264) que duplica la eficiencia del actual permitiendo mínima pérdida de calidad y procesamiento en tiempo récord. Esos dos cambios, sumados a la disponibilidad de servidores en cada región podrían ser suficientes para reducir los 60 milisegundos de latencia de PlayStation Now a unos casi imperceptibles 30. 

El video presentación la prueba interna de Project xCloud utiliza conexiones de 10MB porque apunta al espectro móvil y a la compatibilidad con redes 4G y las próximas conexiones 5G. Probablemente en estos dispositivos la resolución no supere los 720p, dado que el tamaño de la pantalla ayuda a esconder las imperfecciones del downgrade como sucede con Nintendo Switch. En el ámbito “casero”, sin embargo, la empresa está apuntando al FullHD y (considerando que que el salto de 720p a 1080p implica el procesamiento de más del doble de pixels) es entonces donde entraría en juego el piso de 25MB de bajada. El equipo de Xbox ya ha hecho magia en el pasado tanto con la retrocompatibilidad como con la maravilla de hardware que es la Xbox One X. No sorprendería que le encuentren la vuelta para aprovechar las condiciones lo mejor posible y lanzar un producto a la altura de las expectativas.

Sin embargo el aspecto técnico es apenas uno de los factores a considerar. La verdadera fortaleza de cualquier servicio (sea de juego, video o música) radica en el catálogo disponible. Microsoft se encuentra en una posición única porque además de sacarle varios enteros a Sony en lo que al alcance de la red refiere tiene gran parte del camino allanado en materia de software —en particular respecto de sus competidores inmediatos, Google y Amazon—.

GamePass, combinando productos de distribuidores externos, el abultado catálogo de Xbox 360 y títulos first party desde el día de lanzamiento, no solo es una opción conveniente hoy en día sino también un anticipo de lo que vendrá. Es verdad que el número de exclusividades de Xbox es magro, pero la próxima generación de consolas podría volver a inclinar la balanza en favor de Microsoft si el plan que están llevando adelante rinde frutos. Durante la misma E3 en la que Phil Spencer insinuó Project xCloud también anunció la incorporación de cinco estudios independientes a su cartera (y esta semana nos enteramos de las intenciones de adquirir a los desarrolladores de Pillars of Eternity, Obsidian Entertainment). Es probable que, como ya hemos marcado en el pasado, los resultados de estas incorporaciones no se vean sino hasta 2020 por lo menos, una proyección que no es esperanzadora para Xbox One pero sin lugar a dudas anticipa una primera gran etapa para su sucesora. 

Si la llegada de nuevo hardware, el debut de la versión definitiva del servicio de streaming y la presencia de exclusividades de peso convergen en una misma ventana de lanzamiento, Microsoft tendrá entre manos una oferta difícil de rechazar.

En junio Spencer también anticipó que están trabajando en dos dispositivos diferentes: una sucesora convencional de Xbox One X y otra máquina apuntada únicamente al streaming de juegos. Esta última es la que más llama la atención, porque viendo el video presentación de Project xCloud, en el cual varios ejecutivos y empleados disfrutan de Halo, Forza y Gears of War en tabletas y celulares, habrá que considerar la posibilidad de que Microsoft esté trabajando no solo en una “streaming box” similar a un Apple TV, sino también en una alternativa portátil en la línea de Nintendo Switch —sin dudas la mejor forma de consumir este contenido sobre la marcha—. La experiencia que Microsoft ha acumulado con el desarrollo de la línea Surface debería ser más que suficiente para lanzar una tableta con controles o por lo menos un dispositivo que tome algunas notas de la primera Nvidia Shield. 

Por supuesto tampoco podemos descartar que en este utópico futuro de amistad y convivencia cross platform que han iniciado Microsoft y Nintendo el servicio de Xbox esté disponible en la Switch. Ubisoft, SEGA y Capcom ya están probando el procesamiento remoto en la consola (por ahora únicamente en Japón) y según los discursos de las dos compañías lo que importa es poner juegos en la mayor cantidad de gente posible. ¿Qué mejor manera de hacerlo que poniendo un servicio prácticamente sin barrera de entrada en la consola más popular del mercado? 

Me hace un poco de ruido la parte marketinera y naif del discurso. “La gente que no ha jugado Gears of War no lo ha hecho porque no tuvo una consola pero se muere por jugarlo en celulares”, dicen un ejecutivo, mostrándose súper entusiasmado, cuando es claro que intencionalidad y disponibilidad son dos cosas diferentes. La Wii puede haber acercado el gaming a una masa crítica mucho mayor, pero fue a través de la facilidad de acceso y uso y aún así no le hizo bien a la industria, le hizo bien a Nintendo. En una sociedad conectada en la que hay 200 millones de consolas dando vueltas por el mundo que se renuevan cada década lo más probable es que el público al que apunta este servicio no haya jugado cierto juego porque no quiere, no porque no puede. Y mucho menos va a querer si lo hacés jugar Halo, Gears o State of Decay con controles táctiles.

Las fichas empiezan a acomodarse y el plan a largo plazo que se gestó con el nombramiento de Phil Spencer como cabeza de Xbox a comienzos de 2014, cuando criticó las decisiones de sus predecesores y aseguró que volvería a enfocarse en los juegos, empieza a tomar forma. En aquel entonces el daño de Kinect, de una consola más cara e inferior técnicamente que la de la competencia, de los misterios del DRM y el procesamiento remoto y del agónico catálogo de exclusividades ya estaba hecho; pero el los años siguientes la mano sanadora de Spencer empezó a verse con el anuncio de la retrocompatibilidad con Xbox 360 (un laburo de ingeniería tremendo), el desarrollo de la mejorada Xbox One S, las conferencias plagadas de juegos, el lanzamiento de Xbox One X, el anuncio de Game Pass y la posterior llegada de los first party al servicio el día de su lanzamiento. No resulta difícil trazar una línea que una todos esos eventos como parte de un plan mayor de recuperación de confianza y reafirmación de la marca como el lugar ideal para jugar.

Todavía queda ver cómo manejará la empresa los múltiples servicios que ofrece. Xbox Live Gold, Game Pass y este Project xCloud representan una ensalada que parece estar destinada a fusionarse en el futuro y entonces habrá que considerar la posibilidad de que los juegos first party como Halo 6 debuten en Game Pass y xCloud al unísono. ¿A la empresa le más interesa vender los servicios o vender las consolas?

Muy lejos estamos sin embargo de la desaparición de las consolas tradicionales. El gaming en 4K, la disponibilidad de lanzamiento y las limitaciones propias de la infraestructura de cada mercado mantendrán encendida esa enorme caja bajo nuestros televisores por una década por lo menos. Aún así, mirando un poco hacia adentro y anticipando un dólar a 60 pesos para el año que viene, el futuro que plantea Microsoft sin dudas es más atractivo que el de la competencia, en particular por la importante presencia de la empresa en la región que nos garantiza precios tercermundistas pesificados —como los mágicos 139 pesos mensuales de GamePass—. Ni el más fanático de Kratos puede darse el lujo de desoír la llamada de Xbox en unos años, en particular si Sony continúa apoyándose en sus exclusividades para justificar el letargo de su accionar.

Si la cosa sigue así todo parece indicar que en 2020 la fórmula será “Spencer al gobierno, Xbox al poder”