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Analisis | Rolling with my homies

ANÁLISIS: Cruise (2018)

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Por: Leo Valle

Tags: Cruise
La Dama y el Vagabundo meets Rápido y Furioso.

Robert Siegel, el guionista de grandes joyas como The Wrestler (2008) o The Founder (2016), vuelve a ponerse detrás de cámara después de su debut con Big Fan (2009) para contar una historia que ya hemos visto hasta el hartazgo: el joven de clase trabajadora con poco porvenir que se enamora de la chica “bien” y fantasea con un futuro mejor. Es “La dama y el vagabundo” pero con mucha gomina y las remeras con las mangas cortadas propias del año 1987.

Los primeros quince minutos de Cruise nos ofrecen un vistazo de la vida de Gio Fortunato (Spencer Boldman), un veinteañero italoamericano con más facha y carisma en la uña de su dedo meñique que todos nosotros juntos. Una mezcla entre James Dean y el Danny de John Travolta en Grease (1978), Gio recorre la avenida principal junto a sus amigos Chris (Lucas Salvagno) y Tony (Noah Robbins) montado en su pequeño gran orgullo, un Buick Gran National que es la envidia del camino y el campeón invicto de la escena under de picadas ilegales. 

Por supuesto Gio es un casanova y una gran figura por las noches, pero cuando el sol asoma por el este y el carruaje se convierte en calabaza, Gio vuelve a su insoportable trabajo en una ferretería, a tolerar las reprimendas de su familia y a robar estéreos de autos junto a Chris. El pibe Fortunato vive un día a la vez y la vida es buena, pero todos sabemos que esos tiempos dorados no duran para siempre.

Sin embargo su vida da un vuelco cuando en una de esas tantas noches de recorrida se cruza con Francesca (Emily Ratajkowski), una chica que esconde mucho más de lo que dice y no parece sucumbir ante los encantos de Gio —lo que por supuesto lo hace desearla todavía más—. Pero después de una noche de pasión la máscara se cae y resulta que Francesca era en realidad Jessica Weinberg, una chica judía de la zona de alta sociedad de Long Island que, aburrida durante el receso de verano en su casa, salió a buscar un poco de emoción.

¿Podrán estos dos jóvenes de orígenes tan diferentes encontrar el amor? La respuesta no los sorprenderá.

Como no podía ser de otra manera, Jessica es lo más copado del mundo. Sabe de Star Wars, de béisbol y su búsqueda constante de adrenalina y su deseo de sacar la chica rebelde que hay en ella la hace apreciar sin juzgar el lado más oscuro y criminal de Gio. Picadas, robos de estéreos... todo es una buena excusa para encontrarse una y otra vez, aunque por supuesto, detrás de esos pectorales perfectos (y perfectamente depilados) late un corazón y Gio se termina enamorando de Jessica. 

¿Podrá la chica bien que asiste a una de las mejores universidades del país y ya tiene los próximos diez años de su vida planeada dejar de lado sus prejuicios y entregarse a la voluntad de su corazón? “Pero Leo —me dirán— para ella seguro esto es un amor de verano. Una aventura. Un escape a la vida que conoce en un compañía de un rebelde sin causa. No hay chance que vaya a arriesgar todos sus planes por él.”

Bueno, tengo malas noticias chiquis.

Cruise no es necesariamente mala. Aunque tiene clichés como para seis películas (desde el padre tano gritón que cena en musculosa blanca hasta una fiesta descontrolada con la verdadera estrella de la década del ochenta, la fulera) Siegel hace un buen trabajo con la construcción de la época y utiliza la década como un escenario y no como un bombardeo de referencias. No puedo dar fe porque era un púber en aquellos tiempos y no vivía en Nueva York, pero intuyo que la representación fantástica de carteles de neón, tribus urbanas y cafeterías abiertas las 24 horas es bastante acertada. De alguna manera, Cruise es una de John Hughes para un público más adulto con la misma premisa de la pareja que debe enfrentar sus miedos y salir de su zona de confort: él para empezar a hacer planes y ella para deshacerlos un poco y vivir en el proceso.

A Boldman y Ratajkowski se los ve cómodos en pantalla. La película no pide de ellos más que buena química, ser bellos y tirar alguna miradita sexy y beso apasionado cada tanto, y cumplen con creces. Bien por Emily que sigue sumando tiempo en pantalla y se la nota cada vez más firme —y voy a seguir defendiendo We are your friends (2015), donde también aporta sensualidad con un toque de actuación, toda la vida—.


Cruise es una de esas películas que pasan debajo del radar por una razón. El guión es simple y predecible, las actuaciones son correctas y no hay elementos que llamen verdaderamente la atención más allá del buen trabajo de fotografía y la representación de la época. No se la recomendaría a nadie, pero que no me sorprendería que alguien la vea y la disfrute. Al fin y al cabo, un cuento de hadas esperanzador nunca viene mal.

LO MEJOR
+ La representación de la época.
+ Los chicos son muy lindos.

LO PEOR
Una historia contada (mejor) mil veces.
El tercer acto sacado de la galera.