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Analisis | Con barro en el parabrisas

ANÁLISIS: V-Rally 4 (PS4, PC, Xbox One)

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Por: Sebastián Cigarreta

La clásica saga de conducción hace su regreso 16 años después de su última entrega. ¿Estará a la altura de su leyenda?

V-Rally es una franquicia que acompañó a los fanáticos del rally durante la infancia del género, compitiendo contra el gigante de Codemasters y codeándose en algún momento con la licencia de Need for Speed. A lo largo de los tres títulos que duró su reinado original fue cambiando de desarrolladores, editores y hasta de enfoque. El último título de la saga fue publicado en 2002 y recibido con gusto, tanto por la crítica como por sus fanáticos. Sin embargo pasarían 16 años hasta que volviéramos a ver una continuación, esta vez a cargo de Kylotonn y editado por Big Ben Interactive.

Lo primero que tenemos que saber, antes de sumergirnos en el análisis, es que V-Rally 4 cuenta con un presupuesto humilde y con eso han hecho lo mejor posible. De ninguna manera es una excusa, pero sí una condición a tener en cuenta a la hora de hilar fino en cuestiones meramente estéticas. Kylotonn es un estudio con experiencia en juegos de rally, de hecho son los responsables de la saga World Rally Championship (WRC) y desde el primer contacto con el título vamos a notar que hay buenas ideas detrás de este revival.

V-Rally 4 nos recibe con un extenso tutorial en el que deberemos ir completando pequeños objetivos mientras una narradora nos explica los motivos y pormenores de la cuestión. Una vez superado nos liberarán a un mapa de eventos en el que podremos seleccionar la competición a seguir. El modo carrera nos propone manejar un equipo de rally y todo, desde comprar el vehículo adecuado para cada competencia, reclutar nuevos miembros para el equipo (ingenieros, mecánicos, managers) hasta pagar los sueldos, absolutamente todo depende de nosotros.



La rutina incluye evaluar nuevos autos, probarlos y comprarlos. Luego, tras cada evento completado y según nuestro desempeño, iremos desbloqueando la posibilidad de mejorar cada parte del coche. Esta forma de progresión prioriza la constancia y la adaptación por encima del coleccionar la mayor cantidad posible de autos. El staff que tengamos trabajando para nosotros impactará también en la forma de subir de nivel del vehículo, en el costo de las reparaciones tras cada etapa completada y en la velocidad para realizarlas. De este balance depende la efectividad del equipo para mantener la salud del coche, el tiempo que contaremos para iniciar la próxima etapa del evento y finalmente el rendimiento general.

El dinero es una parte vital de la experiencia, ya que es nuestro principal objetivo. Del premio en metálico saldrán los sueldos del equipo al final de cada semana, pero también las autopartes, los nuevos vehículos que sacamos del concesionario y la admisión a mejores eventos. Acá entra a jugar el mánager que hayamos contratado, cada uno se especializa en un tipo de evento diferente facilitandonos el acceso y mejorando las recompensas obtenidas. Una vez que hayamos completado una parte mínima de la carrera se abrirá la pestaña de competición online. En este modo deberemos establecer el mejor récord en el evento seleccionado, cada uno tiene un tiempo de vigencia y según nuestra clasificación en la tabla de posiciones recibiremos un premio acorde. Lo interesante de esto es que al ser por tiempo limitado nunca estaremos intentando superar el mejor tiempo del mundo, sino de aquellos que hayan participado recientemente, mejorando exponencialmente nuestras chances de ganar.



Pero más allá del modo campaña, que realmente nos mantendrá ocupados y divertidos la mayor parte del tiempo, lo que termina de definir la experiencia es la conducción en sí. Y en este aspecto es cuando las aguas se dividen, porque aquellos que estén esperando una propuesta de simulación quedarán realmente decepcionados al igual que los que esperen un arcade sencillo. V-Rally 4 intenta navegar por el medio, sin comprometerse definitivamente con un tipo de conducción, lo que puede terminar por alejarlo de la mayor parte de la audiencia.

Hay opciones de personalización del vehículo, tanto estéticas como orientadas al rendimiento. Además podemos elegir entre sets de opciones rápidas y otras recomendadas para aquellos que no quieran tocar demasiado estos parámetros, pero a la hora de jugar el desafío termina siendo contra uno mismo. Podemos jugar con todas las ayudas y aún así arrasar en la tabla de posiciones, mientras otros jugadores se rompen la cabeza intentando conseguir el mejor rendimiento con resultados adversos. La experiencia no está balanceada en ese sentido, tampoco nos invita a ir removiendo las ayudas paulatinamente ni nos explica bien para qué sirve cada cambio. Entonces terminamos con un montón de opciones que entenderán los más conocedores, pero una jugabilidad demasiado arcadosa que no les resultará atractiva. Y por el otro lado las mismas opciones confundirán a los novatos, mientras que la jugabilidad no llega a ser lo suficientemente simple como para que estos puedan disfrutarlo despreocupadamente.


La conducción se siente bien en una primera impresión y al poco tiempo estaremos batiendo récords. Esto dice dos cosas: por un lado la dificultad es demasiado benévola, por el otro claramente no estamos jugando un simulador. Por más que el juego intenta demostrar profundidad a la hora de los textos y descripciones, la realidad dice lo contrario y pronto estaremos ganando primeros puestos en competiciones en las que chocamos reiteradas veces o hasta perdimos el auto al caer al vacío. Esta tendencia a ser permisivo es la que termina por extinguir la necesidad de cuidarnos en cada curva y, finalmente, la que nos hará perder interés en la competición contra la IA. Por eso es tan importante el modo online, ya que el último bastión del desafío serán siempre los jugadores humanos.

A la hora de la competición tenemos 4 modos que se suman al formato de rally clásico. Un desafío con buggys en el que prescindiremos de pistas, entonces deberemos alcanzar la meta encontrando el camino más corto. Es entretenido y sencillo, pero pronto se vuelve viejo. La física irregular del juego nos deja expuestos a choques inauditos y a colisiones imposibles, especialmente cuando estamos al volante del buggy. Luego tenemos “Hillclimb”, en el que deberemos escalar un terreno sinuoso con vehículos poderosos. Los recorridos son extensos y sinceramente divertidos, pero los autos son pocos al igual que los circuitos. V-Rally Cross es un modo por circuitos en los que competimos por vueltas contra otros vehículos controlados por la IA. El diseño es interesante y llega a divertir bastante, es de los más entretenidos a la hora de descansar de un rally largo. Finalmente el modo Extreme-Khana es el que mezcla disciplinas de derrape (drift) a contrarreloj con vehículos de gran potencia. No inventa nada realmente, pero suma contenido y es una buena forma de hacer dinero cuando estamos cerca del fin de semana y debemos pagar al equipo. Ninguno brilla tanto como el rally clásico, pero debo admitir que “Hillclimb” es de los mejores.



V-Rally 4 se siente bien a pesar de todo, es divertido y cuando entramos “en la zona” respondiendo a los instintos, a nuestros reflejos y a las precisas indicaciones del copiloto, la experiencia brilla. Pero una física irregular, junto con el poco desafío que representa la IA y esa indecisión de no elegir un bando a la hora de la jugabilidad previene que alcance una mejor valoración general. La poca variedad de modos de juego tampoco ayuda y, si bien entiendo el presupuesto humilde del que proviene, no puedo dejar de sentir que podría haberse logrado mucho más.

Al final del día V-Rally 4 es un buen juego de rally, un paso intermedio entre lo arcade y la simulación, que puede llegar a servir para aquellos que quieran iniciarse en el camino de la competición más seria. No es el mejor juego de rally ni busca serlo, cuando brilla es muy bueno pero su lado oscuro lo llama a la mediocridad.


LO MEJOR

  • El modo carrera
  • La competición online
  • Conducción accesible

LO PEOR

  • Apartado técnico modesto
  • Física irregular
  • Pierde en realismo