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Analisis | Solos en el mundo

ANÁLISIS: I think we are alone now (2018)

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Por: Leo Valle

Peter Dinklage y Elle Fanning sobreviven al apocalipsis ¿y nosotros?

La puerta se abre y la lúgubre figura de Del (Peter Dinklage) ingresa en la vivienda. Recolecta pilas de juguetes, controles remoto y relojes de pared. Limpia la cocina. Junta la basura. Saquea alacenas y portaretratos. Eventualmente encuentra los inevitables cuerpos que procede a envolver en un acolchado y luego en una cortina de baño, sellar con cinta de embalar y cargar en la parte trasera de su camioneta. Marca el frente de la casa y se dirige al improvisado cementerio en las afueras de la ciudad para enterrar los muertos.

Vuelve a la biblioteca. Acomoda el botín. Cena con una copa de vino mirando el atardecer sobre el río Hudson. Mañana el ciclo volverá a repetirse. Las consecuencias del apocalipsis seguirán allí.

La nueva película de la directora Reed Morano, ganadora del Emmy por su trabajo en The Handsmaid’s Tale, es un melancólico ensayo de la soledad, la pérdida, el duelo, y las formas de lidiar con el trauma. Morano alterna planos intimistas con el contraste de los espacios abiertos y las siluetas en construcciones simétricas cuando repasa la cotidianidad de Del, invitándonos a sumarnos al misterio del pueblo y los secretos que guarda. La metodológica rutina del protagonista es representativa de sí mismo y de la situación que le toca vivir. Un trabajador de biblioteca parece ser la persona indicada para realizar un archivo de la población y perpetuarla en la memoria; aunque detrás de esa lucha contra el caos (como él mismo la define) se esconda una manera de evitar lidiar con su propia realidad y dolor.

Esos primeros minutos junto a Del en su día a día son sin dudas los más poderosos de la película. Dinklage transmite en su falsa seguridad y melancolía una represión con la que cualquiera que haya sufrido algún trauma –desde la pérdida de un ser querido hasta una separación y sabe que el proceso de reconstrucción que sucede al duelo es extremadamente frágil– se puede identificar. 

Esa aparente previsibilidad se ve coartada por la llegada de Grace (Elle Fanning), una joven que, mientras Del representa el control, es la cara misma de la anarquía. Enérgica y ruidosa pero no por eso menos nostálgica, Grace se presenta con (literales) fuegos artificiales y le imprime vida y humanidad a la existencia de quien hasta entonces se pensaba el último hombre sobre la Tierra. 

La introducción de Grace trae consigo el conflicto y la clásica dinámica de los opuestos que aunque en un comienzo colisionan terminan complementándose. Del llevó al extremo la alienación que sufrió cuando el resto del mundo seguía con vida recluyéndose a una rutina digna de un automáta, mientras que Grace tomó la libertad absoluta que el apocalipsis le otorgó para reinventarse y escapar de su propio pasado. Por supuesto nada es lo que parece y ambos esconden secretos que eventualmente saldrán a la luz; verdades que deberán compartir, aceptar y enfrentar si es que pretenden convivir (y sobrevivir) en el contexto actual.

La química entre Fanning y Dinklage es buena, pero la forma de presentar su conflicto y (más importante) la celeridad de su resolución, son extrañamente forzadas. Esos cambios de ritmo toman sentido en el tercer acto, cuando una subtrama completamente desconectada del resto de la experiencia hace su presentación y deja al espectador preguntándose porqué el guionista Mike Makowski no se enfocó en la relación entre ambos en lugar de salir a volar a rincones dignos de un Kaufman gasolero.


I think we are alone now es un producto que va de mayor a menor. Durante una hora evoca ciertas sensaciones mientras que el tercer acto se dispara hacia lugares verdaderamente imprevisibles que ni siquiera la buena dirección y fotografía de Morano consiguen salvar. Aún así es interesante como un planteo diferente del apocalipsis, en el que la supervivencia no es tanto física, sino más bien espiritual.

LO MEJOR
+
La primera hora.
+ La dirección y fotografía.

LO PEOR
-
El tercer acto.
- Desaprovechar una buena premisa.