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Analisis | Better Call Kim

ANÁLISIS: Better Call Saul S04E08: Coushatta (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Ésta Kim, sí se puede ver. Bah, siempre la pudimos ver.

Estamos a dos capítulos del final y ya podemos afirmar que esta es una de las mejores temporadas de “Better Call Saul”, o de cualquier otra serie de lo que va de este 2018. La historia de Jimmy McGill se empecina en moverse a su propio ritmo (para algunos demasiado lento, no para nosotros, obvio), pero es así como cada pequeño detalle se acomoda, como cada actitud encuentra justificación y como vamos a llegar a ese Saul Goodman que conocimos en “Breaking Bad”.

James está definido por sus relaciones: primero con su hermano Chuck, y después con Kim, brújula moral que parece estar presente cuando los problemas se empiezan a salir de control. ¿O no? Si miramos a la distancia, Wexler siempre jugó un papel crucial en muchos de esos “problemas” y, aunque nos guste pensar que lo hacía/hace por su propio bien y el de McGill, no nos deberíamos sorprender al descubrir lo mucho que lo disfruta.

La adrenalina de jugar al borde de la legalidad (bah, no tan al borde y bastante salpicada de transgresiones), la sensación de hacer algo por afuera de las reglas que siempre siguió a rajatabla, y la necesidad de escapar de la propia monotonía y estabilidad que construyó a su alrededor es lo que verdaderamente parece darle sentido a su mundo. Podríamos culpar a James de su “mala influencia”, pero no estaríamos siendo justos con el abogado caído en desgracia, ahora convencido de su infracción y de que debe enmendar las cosas con su compañera.

¿Y si no hay nada que enmendar? Kim nunca fue una víctima y desde la pantalla siempre nos dejaron bien en claro que ella es la dueña de sus actos y de cada una de sus decisiones. Ya sea personificando a “Giselle” para embaucar a un engreído hombre de negocios y disfrutar de una copita de Zafiro Añejo, o respaldar a Jimmy tras el sabotaje a los expedientes de Mesa Verde. Wexler siempre tuvo ese changüí para decir la verdad y anteponer su moral intachable, pero decidió no hacerlo y ahí está la clave de “Coushatta” y el éxito ante la condena de Huell Babineaux.

Jimmy tenía sus planes (seguramente agilizar la fuga de su guardaespaldas tras atacar a un oficial de policía sin saberlo), pero fue Kim la que ideó la artimaña de las cartas para convertir al reo es una Madre Teresa para los habitantes de Coushatta, Luisiana, su ciudad natal.

Se requirió de mucho papel, sobres, lapiceras, “voluntarios” y que Jimmy se haga un viajecito hasta este pintoresco lugar en mitad de la nada para llevar a cabo la primera parte del plan. Después, el ingenio de McGill (y el apoyo de su equipo de filmación) y la labia legal de Kim hicieron el resto, con la ayuda de un par de empleados de Schweikart & Cokley y un juez un tanto racista que no quería ver como su juzgado se convertía en un circo mediático.

A la fiscal Suzanne Ericsen no le queda otra que dar marcha atrás y aceptar las condiciones de Wexler, un triunfo a medias para Jimmy que cree estar abusando de la confianza y la moral de su compañera, cuando en realidad le está mostrando su verdadera naturaleza.  

Ahora se abre todo un abanico de posibilidades para estos dos, al tiempo que McGill sigue buscando una nueva oficina para volver a empezar con su práctica cuando se decida finalmente su caso. ¿Seguirá Kim trabajando para Mesa Vede, o terminaremos descubriendo que todo los que sabe Saul, lo aprendió de una gran maestra? Tomen, se lo dejamos para que mediten.     

Como en los episodios anteriores, esta relación se convirtió en el verdadero centro de la historia, dejando las otras tramas en un segundo plano, pero sin perder la continuidad ni la importancia de sus pequeños avances. “Coushatta” nos trae de regreso a Nacho que, tras haberse recuperado de las heridas, vuelve a los negocios de Salamanca, un tanto manteniendo las apariencias, y otro poco tratando de buscar la salida para él y su padre, por si alguien sospecha que, en realidad, ahora es un soldado de Fring.    

Mientras Varga busca un escape, su presente se vuelve a complicar cuando Lalo (Tony Dalton) viene a supervisar los negocios en nombre de la “familia”. Un hecho anecdótico para un personaje que, por momentos, también resulta anecdótico, pero confiamos en que Vince Gilligan y Peter Gould tangan algo más guardado bajo la manga. No es que ser el responsable de la incapacidad de Hector sea poca cosa, pero en este conjunto de personajes tan trascendentes, el Nacho nos sabe a poco.     

En el otro extremo de los problemas, tenemos a Mike y al equipo de construcción alemán que sigue sufriendo los efectos de meses alejados del hogar y el constante aislamiento. Ahora le tocó al bueno de Werner Ziegler que, tras unas copitas de más, casi deschaba todos los planes del laboratorio secreto de Fring. Ya no tenemos dudas de que estos muchachos tienen los días contados y una vez que coloquen la última capa de cemento se van a ir a dormir con los peces porque sabemos que a Gus no le gustan los cabos sueltos. Podemos equivocarnos pero, al fin y al cabo, estamos en Albuquerque.

Ocho capítulos adentro y aunque no hay “misterios” que resolver, no podemos dejar de imaginar todos los escenarios posibles por los que pueden atravesar estos personajes hasta llegar a ese punto donde se cruzaron con Walter White y compañía.