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Analisis | Al tope de la cadena alimenticia

ANÁLISIS: El Depredador (The Predator, 2018)

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Por: Jessica Blady

El extraterrestre cazador está de regreso, sin Arnie, pero con más humor. Ponele.

Los ochenta siguen siendo la influencia más potente a la hora del “rescate emotivo” y las remakes/secuelas/reboots/precuelas que llegan a la pantalla grande por estos días. Sin dudas, “Depredador” (Predator, 1987) reúne varios de los requisitos del cine de aquella época, cargado de violencia, súper acción, testosterona, héroes imposibles y un poquito de misoginia.

Muchos de estos elementos quedaron atrás y ya no tienen cabida en la coyuntura del siglo XXI, de ahí que Shane Black –responsable de “Iron Man 3” (2013), “Dos Tipos Peligrosos” (2016) y los guiones de “Arma Mortal”- haya decidido revisitar este antro de nostalgia ochentera (ligada a su propia juventud y los comienzos de su carrera) para darle una vuelta de tuerca e impregnarle su estilo tan particular que mezcla la acción desbordada con la comedia.

El mismo Black formó parte del elenco de la película original protagonizada por Arnold Schwarzenegger (siempre te recordaremos querido Rick Hawkins), así que no nos equivocamos al afirmar que es un cierre de ciclo para el realizador. Claro que ya no se trata de enaltecer la figura del militar todopoderoso y enfrentarlo con el alienígena de las rastas, pero lo que intenta también se queda por el camino.

Shane vuelve a hacer dupla con el guionista Fred Dekker, amigo y colaborador desde siempre, para traernos una nueva aventura del extraterrestre que caza por deporte, presentando un argumento y personajes remozados, pero conectando con la información que ya teníamos de las entregas anteriores. Hay guiños por aquí y por allá, pero el director trata de hacer lo suyo sin repetir las fórmulas del pasado y sumar su aporte a este universo cada vez más extenso.

Arrancamos con el francotirador Quinn McKenna (Boyd Holbrook) que, junto a su grupo de militares, intentan rescatar a un grupo de rehenes en medio de alguna “selva” latinoamericana. No muy lejos de ahí, se estrella una nave extraterrestre, cuyo ocupante pronto va a hacer contacto con este grupo comando. Ya se imaginarán que los humanos salen perdiendo y tras ver cómo despedaza a todo su equipo, McKenna logra incapacitar a esta amenaza, tomar algunas pruebas de lo que acaba de pasar y escapar de la escena ante la llegada de Will Traeger (Sterling K. Brown), agente del gobierno y director del proyecto “Stargazer” que se apodera del bicho y persigue al militar para borrar toda huella.

Al pobre Quinn lo quieren hacer pasar por loquito tras presenciar la muerte de sus hombres. Después de capturarlo y hacerle los exámenes psicológicos correspondientes, lo meten en un autobús junto a los “loonies” - Williams (Trevante Rhodes), Coyle (Keegan-Michael Key), Baxley (Thomas Jane), Nettles (Augusto Aguilera) y Lynch (Alfie Allen)-, un grupo de ex militares que padecen diferentes trastornos post traumáticos, pertenecientes al mismo grupo de terapia que van de camino a sus celdas acolchadas.

Pero McKenna logró esconder ciertas pruebas (equipos extraterrestres) y no tuvo mejor/peor idea que enviarlas a su casa, mejor dicho ex casa, donde vive su ex esposa Emily (Yvonne Strahovski) y su pequeño hijo Rory (Jacob Tremblay), un nene con trastornos del espectro autista que cree que los cachivaches alienígenas son un nuevo videojuego.

Mientras Rory activa las alertas y se convierte en el blanco de los Yautja, a Traeger se le da por experimentar con su presa y necesita de los servicios de la doctora Casey Bracket (Olivia Munn), bióloga experta en evolución, mucho más fascinada que asustada por su primer encuentro extraterrestre. Claro que las cosas se desmadran en el secretísimo laboratorio de Stargazer, y la pobre chica pronto se ve corriendo para salvar su vida, al mismo tiempo que cruza caminos con Quinn y los loonies.

Ahora, y aunque no lo quieran, van a tener que hacer equipo para salvar al pequeño McKenna, e intentar averiguar que traman los bichitos venidos del espacio, que cayeron con varias sorpresas a cuestas.   

Black y Dekker no revolucionan ninguna estructura narrativa, pero experimentan bastante con los arquetipos protagonistas dando vuelta la tortilla. Holbrook es el único que vendría a encajar en la “fórmula” de héroe de acción, pero le toca lidiar con un conjunto (sus nuevos soldados) que sigue sus propias reglas. Hasta ahí todo bien, y hasta el tipo de humor semi bizarro funciona, pero pronto se vuelve repetitivo y forzado, y lo vertiginoso del relato no permite el desarrollo de ninguno de estos personajes, lo que hace imposible terminar de empatizar con ellos o relacionarnos con su causa.

Al final, son sólo un mero adorno narrativo, un recurso más de la trama: el comic relief, en este caso particular. Lo mismo ocurre con el personaje de Tremblay, cuya intervención es tan predecible como inverosímil, pero hey, estamos rodeados de extraterrestres cazadores con “perritos” incluidos, así que todo se vale en la guerra, el amor, y las historias de ciencia ficción.

Igual, los realizadores logran romper con los estereotipos, aunque terminan cayendo en varios lugares comunes. La que sale ganando en Olivia Munn y un personaje que, suponemos, haría lo que verdaderamente hace en estas situaciones: asustarse cuando es necesario, fascinarse porque es parte del trabajo de toda su vida, y hacer lo necesario (sin parecerse a Rambo) en nombre de la supervivencia.

No podemos negar que “El Depredador” (The Predator, 2018) es divertida y cumple con el objetivo de entretener. Es tontona a más no poder y derrocha acción y violencia, pero no aporta nada nuevo, ni al género ni al universo que arrancó con la película de John McTiernan. Una lástima, porque Black suele encontrar el equilibrio y regalarnos grandes historias que, acá, queda opacada con los efectos especiales (a veces correctos y otras demasiado berretas), y el eterno juego del gato y el ratón entre el depredador y aquellos que tratan de detenerlo.  

Igual, se siente la química y la camaradería que trata de transmitir. La imperfección de estos “soldados”, a diferencia del profesionalismo de las entregas anteriores, sumando diversidad y algunos personajes más realistas. Lamentablemente, la intensión se queda por el camino y sólo rescatamos una trama un tanto retorcida y extraña (con guiño incluido, pensando en el futuro de la franquicia), y resoluciones muy de manual y agarradas de los pelos. En realidad no importa tanto, ya que “El Depredador”, sus incursiones terrestres y ese peinado tan copado, siguen siendo uno de los mejores placeres culposos.     

 

LO MEJOR:

- Que intenta romper con los estereotipos anteriores.

- Olivia Munn, te queremos en todo.

- Que cumple con el mínimo objetivo d entretener.

 

LO PEOR:

- La acción desenfrenada no deja lugar al desarrollo de personajes.

- Mucho ex machina dando vueltas.