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Analisis | Volver a empezar

ANÁLISIS: La Tierra de Hábitos Constantes (The Land of Steady Habits, 2018)

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Por: Jessica Blady

Netflix se sigue llenando de películas festivaleras con cero chances de pasar por los cines.

Nicole Holofcener tiene una más que amplia experiencia como realizadora televisiva (“Parks and Recreation”, “Six Feet Under”, “Orange Is the New Black”), pero de vez en cuando se da el gustito de la pantalla grande con historias, aparentemente, siempre enfocadas en personajes que buscan (o necesitan) un cambio radical en su rutina, o simplemente que alguien les de la chance de mejorar y remendar los errores del pasado. “Una Segunda Oportunidad” (Enough Said, 2013) –de las últimas películas de James Gandolfini- venía por ese lado, al igual que “La Tierra de Hábitos Constantes” (The Land of Steady Habits, 2018), una dramedia un tanto más ácida, basada en la novela homónima de Ted Thompson.

Tras pasar por el Festival Internacional de Cine de Toronto, el film de Holofcener llegó a Netflix sin escalas, formando parte de esta nueva “modalidad” que les permite a los realizadores sacrificar el estreno en salas cinematográficas para tener una llegada de público más grande, a través del sistema de streaminig.

Pero esta no es la discusión que nos compete ahora mismo, sino la historia de Anders Hill (Ben Mendelsohn), hombre que decidió abandonarlo todo (sus buenos ingresos, su trabajo como financista, su matrimonio) porque ya no disfrutaba de los placeres de la vida. Ahora retirado, se dedica a decorar su nuevo departamento de los suburbios de Connecticut, pasando los días de tienda en tienda, durmiendo ocasionalmente con mujeres, descuidando a su hijo Preston (Thomas Mann) y extrañando a su ex esposa Helene (Edie Falco), que no perdió el tiempo a la hora de rehacer su vida.

Muy al estilo del perro del hortelano, Anders ansiaba “libertad” y, obviamente, ahora no sabe qué hacer con ella. En su búsqueda, se cruza con el joven Charlie (Charlie Tahan), hijo adolescente y adicto de una pareja amiga, cuya interacción no va a resultar para nada positiva, y cada una de sus acciones van a repercutir en las personas que lo rodean.

Anders es un insatisfecho, y así nos lo muestra Holofcener desde la primera escena. Un hombre que no sabe lidiar con sus propias inseguridades, ni su propia familia, pero tampoco les permite seguir adelante.

Una cosa es su ex esposa, una gran Edie Falco (bah, siempre está genial), que ya no le aguanta los caprichos, pero en el medio está su hijo de 27 años, incapaz de madurar, sentar cabeza, conseguir un trabajo y abandonar la casa materna, en gran parte, debido a la nula influencia y atención por parte del padre. Anders parece relacionarse mucho mejor con Charlie que con Preston, porque ve en él la liberación y la intransigencia que tanto anhela, pero va a necesitar ese buen sacudón para acomodar sus prioridades y empezar a encausar este nuevo estilo de vida.

Holofcener nos presenta una galería de personajes bastante imperfectos, tal vez demasiado como para lograr cierta empatía. Anders no llega a ser completamente desagradable, sino más bien patético; al menos un rango un tanto diferente al maloso que nos viene entregando Mendelsohn en la mayoría de sus películas.   

“The Land of Steady Habits” es un drama cotidiano que se entrelaza con algunas situaciones bizarras y exageraciones por parte de algunos de sus personajes. En ningún momento intenta juzgar las acciones de sus protagonistas, pero sí contempla la autoreflexión que llega después de la tragedia.   

A Mendelsohn se lo siente forzado y eso influye en el conjunto, bastante por debajo de otras historias de Holofcener. La película no llega a conmover cómo debería, más bien deja un sabor agridulce, al menos hasta su desenlace donde, al parecer, se empiezan a alinear los planetas para este conjunto de individuos.     

LO MEJOR:

- Edie Falco siempre suma.

- El patetismo de Mendelsohn, hasta ahí nomás.

- Los personajes funcionan, la historia no tanto.

 

LO PEOR:

- El conjunto tiene gusto a poco.

- La tragedia como punto de inflexión ya es un tropo demasiado trillado.