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Analisis | Galopando en Círculos

ANÁLISIS: Bojack Horseman Temporada 5

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Por: Ignacio Esains

La aclamada comedia animada de Netflix regresa luego de su mejor temporada con doce nuevos episodios tan divertidos como redundantes.

Este análisis tiene ligeros spoilers relacionados con la estructura narrativa de la temporada. Si no te importa, seguí adelante, pero por ahí es mejor que lo leas cuando ya la hayas visto.

En uno de los primeros capítulos de la nueva temporada de Bojack Horseman nuestro protagonista (para variar) mete las cuatro patas y, enfrentando el enésimo sermón de su manager (no su agente), exige: “¡esta vez quisiera ser juzgado solamente por mis intenciones!”. Una frase que podría ser el slogan de esta quinta temporada, la más floja de la serie y aún así mejor que el 95% de las comedias televisivas (animadas o con gente) de la última década.

Después de la desgarradora, negrísima tercera temporada que terminó con la muerte de Sarah-Lynn, la cuarta equilibró la historia de Bojack con un toque de ligereza, explorando el lazo entre el protagonista y Hollyhock, una hija que (en un efectivo giro telenovelesco) resultó ser su hermana. Esta cercanía obligó a Bojack a fortalecer sus vínculos más cercanos, haciendo las paces con Princess Carolyn, su amigo/parásito Todd, y Diane, que en medio de su divorcio de Mr. Peanutbutter necesitaba más que nunca a su mejor amigo. Si la cuarta temporada es la mejor es porque desarrolló y enriqueció al resto del elenco, dando momentos individuales a cada uno de los personajes secundarios y dándonos puntos de vista que no tenían que ver directamente con Bojack.

Por eso resulta frustrante que la serie eche por la borda desde el primer capítulo toda esta dinámica interpersonal. Estamos acostumbrados a que Bojack no aprenda nada, pero en esta quinta temporada su cinismo se contagia, y los personajes son islas que deben aprender a lidiar con su propia soledad, rechazando una y otra vez las necesidades del otro. El aislamiento, la falta de comunicación y la fragilidad de las relaciones personales siempre han sido parte de los temas que la serie trata, pero en esta ocasión la manera en la que parejas y amigos se traicionan una y otra vez parece forzada. La gran lección que Bojack nunca aprende es a responsabilizarse de sus actos, pero el universo de la serie, arbitrario y caprichoso, parece estar fuera del control de todos los personajes. Lo que les pasa, en especial en los capítulos finales, nunca parece una consecuencia directa de sus acciones, sino puros caprichos del destino.

En uno de los mil gags brillantes de esta temporada, el pretencioso creador de la pésima serie que Bojack protagoniza dice que ver cada episodio como un capítulo de una novela. Esa arrogancia típica de showrunner, sin embargo, es apropiada para esta serie, de notable elegancia narrativa gracias a una estructura más literaria que televisiva. Parte de este estilo novelístico dicta que debe haber contrapuntos entre las distintas historias, exploraciones de una misma idea. Pero esa obsesión minuciosa con ecos y repeticiones le juega en contra a la quinta temporada, que reitera el arco dramático de las anteriores con tanta devoción que se ven más que nunca los hilos de los autores.

La reiteración es tan evidente que hace que resalten los aspectos menos agradables del modelo de una típica temporada de la serie. Cada una gira alrededor de la necesidad de Bojack de descubrir un aspecto de sí mismo, usando personajes femeninos casi como espejo de su depresión y autodesprecio. Invariablemente, Bojack rompe el corazón de una mujer en el capítulo 11 (a veces de forma irreparable), y de alguna forma se redime en el 12. Diane en la primera, Charlotte (y Wanda) en la segunda, Sarah-Lynn en la tercera, Hollyhock y su madre Beatrice en la cuarta. En esta ocasión ese ingrato papel le toca a Gina Cazador (Stephanie Beatriz de Brooklyn Nine-Nine, perfecta en este rol), la co-estrella de la nueva serie que Bojack protagoniza.

Gina es una actriz profesional, desencantada con su profesión y acostumbrada a pasar desapercibida. Rasgos interesantes (tiene un poco de la Pamela Adlon de “Better Things”) pero el personaje nunca se desarrolla del todo y su personalidad no la salva de una inevitable caída. Se involucra con Bojack sabiendo que se va a arrepentir, ignora todas las señales, termina arrepentida, pasa algo horrible en el capítulo 11 y el caballito malo se redime en el 12.

¿Pero por qué debería ser de otra manera? Tiene sentido, dentro de todo, que la serie repita patrones. Son los círculos autodestructivos de un adicto que sufre de una depresión sin tratar y que se niega a pedir ayuda o a tomar responsabilidad de sus actos. Esta quinta temporada se ve atravesada por el movimiento #MeToo, y se pregunta una y otra vez, casi rompiendo la cuarta pared, por qué Bojack nunca sufre las consecuencias de lo que hace.

Diane siempre ha siendo la voz de la conciencia de la serie, y no es casualidad que esta sea su mejor temporada. El genial segundo capítulo explora su angustia post-divorcio alejándola un poco de los hombres que la han definido en la serie, y en los primeros 9 o 10 capítulos su rol es esencial: hace las preguntas que el protagonista no quiere escuchar y argumenta con fuerza las dudas que estos antihéroes televisivos nos provocan.

El problema con Diane está cuando se acerca el cierre y las preguntas dan lugar a respuestas, monólogos difusos sobre el bien y el mal, la independencia y la amistad que parecen tener poco que ver con el personaje, la situación que está viviendo, y su propio compromiso social. Como todo en esta quinta temporada, la estructura está por sobre los personajes, que deben ajustarse a un “mensaje” que termina resultando superficial luego de la trascendencia de finales de temporada anteriores.

Esa necesidad de repetir y remixar formatos de episodios pasados termina siendo sofocante. Por primera vez la serie se torna aburrida. El capítulo 5 viaja entre el pasado y el presente en una variante mucho menos efectiva de los flashbacks de la familia materna de Bojack en “The Old Sugarman Place” de la temporada anterior. El cuarto detiene la historia para tocar el tema social del momento, algo innecesario cuando toda la temporada lo trata directamente, y que en cualquier caso, habían hecho con mayor ingenio capítulos anteriores dedicados al aborto o a la violencia con armas. Hasta el conmovedor “Ruthie”, narrado por la hija que Princess Carolyn nunca tendrá, tiene su versión deslucida en esta temporada con una conversación de personajes periféricos que termina en un brutal cambio de perspectiva.

Tampoco falta el capítulo experimental, modelado en base al episodio submarino de la tercera temporada y el del monólogo interno de la cuarta, y que sin duda es el punto más alto de esta tanda. Son 30 minutos de un unipersonal fascinante, revelador, que desnuda la manipulación de la narrativa televisiva… pero que tiene el efecto secundario de hacer que la catarsis final de Bojack en el cierre de temporada pierda toda relevancia. En su monólogo, nuestro protagonista habla de los personajes fallidos que intentan resolver todo con un gran gesto, y, sin spoilear ¿no es un poco lo que está pasando en ese final?

Los mejores momentos de la quinta temporada están en la primera mitad. El primer capítulo es una parodia ácida y precisa de los antihéroes, riéndose no solo del mismo Bojack sino de los mil clones de Drapers y Whites (te odio, Ray Donovan). El segundo, dedicado a Diane, comprime una película entera en 25 minutos, mientras que el tercero tiene quizás la mejor secuencia cómica extendida de Todd, superando hasta a los payasos dentistas de la temporada anterior. También vale la pena destacar el regreso de Hollyhock cerca del final, en el único episodio que logra equilibrar con éxito la mezcla de odio, pena y afecto que Bojack nos hacía sentir en años anteriores.

No es un equilibrio fácil de mantener. Toda la serie toca de cerca los recientes abusos por parte de hombres poderosos en Hollywood, y el cuarto episodio (aún con sus fallas) tiene el acierto de centrarse en los famosos que después de su caída en desgracia pudieron “volver”, usando como punto de referencia una amalgama de Robert Downey Jr. y Mel Gibson, figuras a las que la comunidad artística parece haber perdonado. No está hablando de los irredimibles como Weinstein o Spacey, y cuando al final de la temporada Bojack hace algo de lo que parece no haber vuelta atrás, la situación (y la salvación) es similar a la de un reciente “perdonado”: Quentin Tarantino.

Si el tema de la quinta es #MeToo, Diane es más que la conciencia de la serie. Es el punto de vista de la audiencia, y los momentos más valientes de la temporada giran alrededor de su propia dificultad a la hora de aceptar el afecto que siente por Bojack. A pesar de que el último capítulo trate de cerrar todo con un moñito, queda la sensación de que las respuestas simples que Diane le da a Bojack tienen como único propósito tranquilizarlo y apuntarlo en la dirección correcta. Los últimos segundos de la temporada están llenos de misterio. La certeza deja camino a dudas, a una frustración muy parecida a la del espectador. ¿Hasta cuando lo mismo? ¿Cuándo hay que decir basta?

Porque a pesar de mi impaciencia con esta temporada, no me olvido que estamos hablando de Bojack Horseman, una serie que en sus primeros seis capítulos parecía desafiarte a que dejes de verla, antes de dar un giro brusco que ponía en perspectiva el escapismo de la primera mitad de esa temporada original.

Sin la angustia existencial de la tercera ni la esperanza aterradora de la cuarta, la quinta de Bojack parece reforzar la visión desesperante de esos primeros capítulos: todos estamos solos, nos vamos solos, no se puede (ni se debe) depender de nadie y cualquier conexión emocional es temporal y frágil. Por eso los personajes tratan de encontrar un sentido a través de lo que ven y leen. Bojack espera de su vida la predictibilidad de su sitcom noventera. Diane sabe cuán artificiales son las listas que escribe para su sitio, y aún así necesita creer en 10 pasos que la lleven a una sensación de haber logrado algo. Princess Carolyn sabe como termina la historia de Amelia Earhart, y aún así prefiere quedarse con la versión del cine clásico, tomando una decisión de vida que tendrá consecuencias años después del momento mágico en el que ruedan los créditos. Por eso el golpe más duro de la temporada para Gina no está en ese capítulo 11, sino en el momento en que su mundo privado de musical de Broadway choca contra la realidad.

La riqueza temática de la serie es tan profunda como la de obras maestras de la tele Mad Men o The Sopranos. Por eso dudo mucho que un equipo creativo tan propenso a la autorreferencia como el de Bojack Horseman no esté al tanto de los problemas narrativos de esta temporada. Los últimos segundos del capítulo final, desoladores pero necesarios, parecen indicar que el resto del elenco ya no está interesado en formar parte del ciclo de autodestrucción de nuestro caballo favorito.

O no. El rayo de esperanza del cierre de temporada podría ser otro falso comienzo, ya que como dice Bojack en su monólogo, si los personajes de televisión cambian, se termina el programa. Pero si en algo Bojack Horseman (la serie) nunca nos ha fallado es en demostrar que Bojack Horseman (el personaje) suele estar equivocado.

LO MEJOR

  • Los gags visuales y verbales siguen siendo magníficos
  • Will Arnett, mejor que nunca
  • Los capítulos 1, 2, 3, y 6

LO PEOR

  • Los capítulos 7, 8, y el final
  • Pickles y Gina no son Hollyhock
  • Se siente repetitiva y forzada