Análisis

ANÁLISIS | Neon City Riders es una exasperante aventura de exploración

Exploramos los recovecos de una ciudad en decadencia para descubrir que la suma de cosas buenas puede no ser suficiente cuando la irritación del jugador es parte del diseño de sus desafíos

Las calles de Neon City son recorridas por una colorida variedad de transeúntes. Al menos en el centro de la ciudad hay un poco de paz, aunque la infraestructura de la misma ha venido en declive desde la rebelión de los androides años atrás. Ahora, grandes áreas de la urbe han pasado al poder de pandillas de considerable tamaño, cada una liderada por una figura emblemática que aplica sus respectivas filosofías y creencias sobre aquellos que siguen sus pasos. Pero las cosas no tienen que ser así. Alguien debe poner fin a las pandillas y volver a unir la Ciudad de Neón. Tal vez alguien como Rick; un vigilante que, oculto bajo el anonimato de una máscara, sale a hacer justicia por cuenta propia.

Lo anterior es una buena introducción para lo que termina siendo una conflictiva mezcla de diseño y gameplay. Usualmente me gusta indagar en los aspectos generales de un videojuego antes de empezar a emitir una opinión más personal al respecto, pero aquí siento la necesidad de poner las cartas sobre la mesa desde el vamos: no puedo decir que Neon City Riders me haya gustado, pese a que pude apreciar todo el empeño y dedicación que los chicos de Mecha Studios le han dado a su bebé digital. En la maraña de decisiones de diseño que entorpecen el producto final puedo ver el núcleo de una buena idea que, por desgracia, no llega a brillar tanto como merece hacerlo, y en esta reseña quiero hacer un repaso de sus aciertos y tropiezos, así que comencemos a desenredar este espécimen.

Neon City Riders promete acción y exploración a lo largo y ancho de la titular Neon City, una ciudad con tintes de distopia futurista: sus calles están colmadas de basura; gran parte de su superficie ha sido tomada por las grandes pandillas; y la discriminación de razas no ayuda a la situación. Nuestro camino a la unificación de esta metrópolis venida a menos requiere dar con los líderes de cada pandilla y derrotarlos; algo particularmente difícil de lograr si sólo contamos con un pedazo de tubería que blandimos como arma.

¿Qué ocultan los desagües de la ciudad?

Por fortuna también tenemos una serie de habilidades especiales que nos ayudarán a movernos con celeridad, combatir con eficiencia y lidiar con algunos obstáculos del terreno, tal como la sección de tutorial al inicio de la aventura nos enseña. Desgraciadamente, una fuerza desconocida da cuenta de nosotros al final de este capítulo introductorio y nos despoja de nuestras preciadas habilidades, dejándonos a nuestra suerte en el inicio de la aventura considerada en sí misma. Es un doloroso despertar que nos deja desorientados y solos a nuestra suerte.

Podremos recorrer la ciudad a nuestras anchas. El juego se jacta de permitirle al jugador vagar por el mapa a gusto, incentivando la exploración. Varios pasajes estarán bloqueados, requiriendo de cierto poder u objeto para abrir una nueva entrada y darnos acceso a nuevas zonas. Navegar la ciudad puede ser un poco confuso en un principio, aún con la ayuda de un mapa al que podemos acceder al presionar un botón: si bien este mapa nos muestra en qué sector nos encontramos, no especifica nuestra posición exacta dentro de dicha área.

No es posible dejar marcadores personalizados para recordar sitios de interés o lugares a explorar más adelante; solamente podemos colorear toda el área con un puñado de tonalidades; y sólo podemos hacerlo en el área actual, debiendo pasar a otra área si deseamos colorear esa zona. La mejor función del mapa es la de permitir viaje rápido a cualquier punto de transporte que hayamos descubierto, y que a la larga nos ahorrará muchas idas y vueltas; pero en términos generales el sistema de mapa cumple lo justo y necesario.

El mapa no muestra objetivos, como los rehenes de cierta misión

En nuestro periplo hallaremos una cuantiosa cantidad de NPCs con los que podremos charlar. Es necesario hablar con todos, pues algunos son relevantes a tramas y subtramas, dándonos misiones o mencionando la necesidad de tal o cual ítem que, de tenerlo en nuestro inventario, podrá ser intercambiado por otro objeto o nos dará acceso a otras áreas. Hay una pantalla en el menú dedicada a seguir nuestro avance en cada misión, y es buena idea verificarla de vez en cuando para tener una idea de a dónde deseamos ir a continuación.

En su esencia, Neon City Riders es una experiencia sencilla pero interesante: cada área principal consta de su propia colección de enemigos, peligros, mecánicas y puzles; y resolver sus múltiples misiones nos terminará haciendo viajar de un punto al otro de la ciudad, expandiendo sus límites poco a poco a medida que nos acercamos a los escondites de los temibles líderes de cada facción. Si eso fuera todo, Neon City Riders terminaría siendo un muy decente juego para pasar un momento de genuino entretenimiento… pero no lo es. Hay problemas en la ciudad y no son necesariamente las pandillas que la dominan, sino el apartado audiovisual, el diseño de sus desafíos, y todo el sistema de combate.

Lo primero que uno nota es el estilo gráfico; un colorido mundo pixelart que, pese a gozar de algunos diseños muy lindos (particularmente en algunos acercamientos a los personajes y antagonistas), sufre de una saturación de contenido. Sencillamente muchas pantallas muestran tal cantidad de cosas que suele ser difícil detectar a simple vista algunos elementos de mayor importancia, incluyendo pasajes, escaleras y hasta suelos que se puedan pisar. Sumen a esto la decisión de agregar múltiples efectos de distorsión y luces brillantes, y tenemos un juego que llega a hacer daño a los ojos. Hay una opción en el menú que permite reducir y hasta desactivar estos efectos, pero incluso los que quedan son bastante notorios. Aquellos jugadores propensos a luces brillantes y efectos de distorsión no van a pasarla muy bien en este apartado. La música tampoco ayuda. La mayoría de las tonadas se sientes repetitivas e irritantes.

No es todo ciudad; también hay bosques y otros sitios de interés

El combate es demasiado básico. Nuestro protagonista sólo cuenta con un simple golpe para despachar a enemigos que vienen preparados con gracias y poderes propios. No es tan malo cuando atacan de a uno o dos, pero el juego tiene la manía de encerrar a Rick, el protagonista, en habitaciones donde es atacado por múltiples enemigos a la vez; y usualmente la combinación de poderes entre enemigos pueden resultar en combates estresantes. Debo decir que los combates contra los jefes y sub-jefes resultan mucho más sencillos que encarar cuatro o cinco enemigos comunes a la vez; quizá porque los jefes/sub-jefes suelen estar solos y poseen patrones de movimiento fáciles de memorizar.

Debo admitir que el combate mejora mucho a medida que recuperamos las habilidades perdidas de Rick. La posibilidad de realizar una barrida ya es una fabulosa ventaja para evadir ataques y ganar distancia; y el poder de desviar disparos enemigos para usarlos a nuestro favor es un poco difícil de tomarle la mano, pero resulta extremadamente satisfactorio cuando sale bien. Pero para llegar a ese punto hay que superar esa larga primera etapa sin poderes, y se siente particularmente frustrante por el hecho de haber podido experimentar con los mismos durante el Tutorial, antes de que la narrativa del juego nos los quitara. Tengo la certeza de que, si no hubiera tenido que analizar el juego para escribir esta reseña, si lo hubiese jugado por cuenta propia, es muy probable que lo hubiese abandonado antes de recuperar mi primer poder; no sólo por la frustración del combate con elementos mínimos… sino por la gran frustración del diseño general del juego.

Y aquí llegamos a la verdadera espina bajo la uña: Neon City Riders tiene uno de los diseños de niveles y puzles más irritantes que he tenido la desgracia de experimentar en un videojuego. Una vez más, estos problemas disminuyen un poco a medida que obtenemos los poderes perdidos, pero incluso con ellos muchos de estos desafíos de escenario son sencillamente irritantes. Muchas zonas poseen obstáculos que nos matan de un solo golpe, que a veces se adornan con efectos del terreno (pisos movedizos, baldosas que se desquebrajan, caídas al vacío y todo eso) que hacen de la navegación un ejercicio de prueba y error que llega a sentirse innecesario en sus diseños caprichosos. Algunos de estos peligros aparecen muy de golpe en pantalla, de modo que a veces hay que memorizar el terreno porque el juego no nos da tiempo de reaccionar; y hay un par de áreas que nos fuerzan a usar comandos invertidos, que son las verdaderas pruebas de paciencia y perseverancia.

Los jefes y sub-jefes son bastante simpáticos e interesantes

Son estas idiosincrasias de diseño las que poco a poco fueron erosionando el aprecio que tenía por todas las pequeñas cosas que Neon City Riders sí hacía bien; y en última instancia fue el bucle de morir reiteradas veces en instancias que parecían haber sido diseñadas con genuino sadismo lo que terminó de agotar mi paciencia para con el juego. Por todo lo dicho no puedo recomendar Neon City Riders, pero no quiero dejar de alentar a aquellos que gusten de juegos extremadamente desafiantes a que le den una oportunidad. Tal vez yo no era el público indicado para esta experiencia, y sinceramente confío en que hay un nicho para lo que Mecha Studio nos ofrece. Pero yo definitivamente no soy parte de ese nicho de neón cyberpunk distopico-futurista.

NEON CITY RIDERS

12/03/2020 (PC, Switch, Xbox, PS4)
6.0

Exploré las calles de Neon City Riders durante poco más de 8 horas, habiendo ganado acceso a todas sus mayores áreas y habiendo derrotado sólo a uno de los Líderes de pandillas. También sólo obtuve tres de los cuatro poderes principales perdidos; y el principal motivo de haber dejado de jugar fue la total exasperación que me causó un área particular del juego, en la que debía guiar un misil a lo largo de un complejo corredor colmado de trampas, las cuales debía ir resolviendo al vuelo… con los controles invertidos. Mi paciencia tiene un límite y este juego lo superó con considerable violencia.

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